Remediar se quedó con seis medicamentos y dejó sin antibióticos ni jarabes a los dispensarios del barrio
El plan nacional que abastece a los centros de atención primaria pasó de 128 fármacos a apenas seis, todos para el corazón. La medida golpea de lleno a quienes se atienden en el sistema público y obliga a peregrinar hasta los hospitales.
Vivo en un barrio donde el centro de salud de la esquina es, para muchos vecinos, la primera y a veces la única estación antes de cualquier consulta. La semana pasada me crucé con Norma, 57 años, jubilada y diabética desde hace una década, que volvía de controlar su glucemia y me contó algo que me dejó pensando. "Yo venía, retiraba mis pastillas y me iba. Ahora me dicen que ya no las tienen y que vaya al hospital. ¿Pero sabés lo que es ir hasta el hospital con esta rodilla?", me dijo, mientras se acomodaba el bolso con las dos manos. La escena se repite en miles de capillitas, salas y dispensarios del país, porque el programa Remediar, ese que durante más de dos décadas garantizó que el mostrador del centro de salud tuviera un botiquín razonable, quedó reducido a su mínima expresión.
De 128 fármacos a apenas seis
Hasta hace poco, Remediar distribuía 128 productos a dispensarios, centros de salud municipales y comunales de todo el país. La nueva lista, en cambio, apenas alcanza los seis medicamentos, todos vinculados a tratamientos cardiovasculares. Lo que dejó de llegar incluye antibióticos, antiinflamatorios, jarabes pediátricos, vitaminas y medicación para personas con diabetes. Es decir, buena parte de lo que se usa a diario en la consulta del primer nivel, esa en la que se atiende la gente sin obra social ni prepaga, la que solo tiene al Estado como garante.
- Antibióticos de uso frecuente en la atención primaria.
- Antiinflamatorios y analgésicos de consumo habitual.
- Jarabes pediátricos para niños.
- Vitaminas y suplementos.
- Medicación para personas con diabetes.
- Tratamientos para diversas patologías crónicas no cardiovasculares.
En criollo, y para que se entienda: al dispensario del barrio ya no van a llegar ni el jarabe para la tos del nene ni el antitérmico ni la pastilla para la presión que no sea del corazón. Y si uno necesita algo de eso, tendrá que buscársela por su cuenta o peregrinar hasta el hospital más cercano.
La advertencia de Córdoba y el riesgo de colapso
El secretario de Salud de Córdoba, Gustavo Klein, salió a ponerles palabras al problema. Explicó que la poda no es de ahora sino de hace tres años, cuando el programa empezó a recortarse de manera sostenida hasta llegar al escenario actual. Y dejó una advertencia que suena a prognosis: "Seguramente va a haber un colapso respecto a ese tema", dijo, en referencia a lo que puede pasar si toda la demanda que absorbían los centros de atención primaria se vuelca sobre los hospitales provinciales.
“Desde hace tres años esta parte ha sido cercenada y restringida en forma permanente hasta llegar a este momento.”Gustavo Klein, secretario de Salud de Córdoba
Klein aclaró que los hospitales provinciales cuentan con farmacia hospitalaria propia y están operativos. Pero recibir el caudal de consultas que antes resolvían los centros del primer nivel es, a su criterio, un riesgo concreto para su funcionamiento. Por eso la provincia ya gestiona una reunión formal con autoridades sanitarias nacionales para discutir el alcance del recorte. En los últimos encuentros del Consejo Federal de Salud (COFESA), la posición del gobierno nacional fue que el programa debía concentrarse exclusivamente en patologías cardiovasculares.
Para el vecino, la diferencia es pura vida cotidiana
Vuelvo a Norma, mi vecina de toda la vida, para cerrar por donde empecé. Ella me lo dijo con esa claridad que tienen los que no necesitan adornar nada: "Si no me lo dan acá, lo voy a tener que pagar. Y con la jubilación que tengo, a veces me alcanza justo para los medicamentos". Ahí está, en una sola frase, lo que significa el recorte. No es un número ni una planilla, es la diferencia entre retirar la pastilla a tres cuadras de casa o tener que elegir entre el colectivo y el tubo de ibupirinetas. En guaraní decimos "ytekuá", darse maña, arreglárselas con lo que hay. Pero ni la mejor maña del mundo resuelve un mostrador vacío.
