Volver al gimnasio después de una pausa no es empezar de cero: el cuerpo recuerda lo que entrenó
Un estudio de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign muestra que los músculos y el hígado guardan señales del ejercicio previo, incluso tras semanas de inactividad. Especialistas argentinos explican qué cambia al retomar y por qué la constancia sigue siendo clave.
A Lourdes Pereyra, de 52 años, le brillan los ojos cuando recuerda sus tiempos de correr cinco kilómetros por la costanera chaqueña, antes de que una operación de rodilla la dejara tres meses en reposo. Cuando volvió a calzarse las zapatillas, pensó que iba a penar como la primera vez. Sin embargo, cuenta entre risas, a las dos clases ya estaba respirando mejor y a la semana aguantaba un ritmo que sus amigas que nunca se habían movido no podían seguir. Y no fue pura voluntad: hubo algo más, algo que el cuerpo trae guardado debajo de la piel.
Lo que encontraron los investigadores
Un equipo de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, en Estados Unidos, publicó dos trabajos que ponen nombre y apellido a esa intuición. Los investigadores Diego Hernandez-Saavedra y Yi-Heng Huang estudiaron qué pasa en los músculos y en el hígado antes, durante y después de una pausa en la actividad física. Sus conclusiones son claras: cuando se vuelve a entrenar, las células no arrancan desde el mismo lugar que las de alguien que nunca se movió.
En uno de los estudios, publicado en 2025 en la revista American Journal of Physiology-Cell Physiology, los científicos trabajaron con ratones que entrenaron entre cuatro y ocho semanas, descansaron un tiempo y luego retomaron la actividad. Al compararlos con animales sin experiencia previa, detectaron que los entrenados desarrollaron fibras musculares más grandes y aprovechaban mejor la energía disponible para el esfuerzo. Esa ventaja, además, seguía presente aun durante el período de inactividad, como si el músculo hubiera tomado nota de lo aprendido.
El segundo trabajo, difundido en 2026 en la revista Molecular Metabolism, sumó al hígado a la conversación. Allí identificaron una mayor cantidad de unas enzimas llamadas carboxilesterasas hepáticas en ratones y personas que retomaron el ejercicio después de una pausa. Esas enzimas se ocupan de descomponer las grasas que circulan en la sangre para que el músculo las pueda usar como combustible, lo que mejora la coordinación entre el hígado y los músculos al volver a moverse.
Por qué la memoria no reemplaza la constancia
Los autores aclaran que la idea de memoria celular no es nueva. Las neuronas almacenan información a través de sus conexiones y el sistema inmunitario recuerda a los agentes que ya enfrentó, explican. Lo interesante es que ahora se suma a esa lista el músculo, el hígado, la piel y el tejido adiposo, que también parecen guardar registros de experiencias pasadas. Lo que todavía no se sabe con certeza, dicen, es cuánto dura esa información ni cómo se conserva exactamente dentro de la célula.
Aunque el cuerpo recuerde, la pausa deja huellas concretas. Tras varias semanas sin actividad bajan la capacidad cardiovascular, la fuerza y la respuesta del organismo a la insulina. Por eso, los especialistas insisten con una palabra que en guaraní significa algo así como "seguir andando" y que los médicos porteños suelen repetir como un mantra: la constancia. La memoria celular es una aliada, pero no hace el trabajo sola.
- El entrenamiento previo deja marcas en fibras musculares e hígado que persisten durante semanas o meses de inactividad.
- Al retomar, los músculos con historia generan fibras más grandes y usan mejor la energía disponible.
- El hígado aumenta la producción de enzimas que movilizan grasas hacia el músculo, lo que mejora el combustible durante el esfuerzo.
- La pausa igual reduce capacidad cardiovascular, fuerza y sensibilidad a la insulina, por lo que la regularidad sigue siendo clave.
Lourdes, mientras tanto, ya se anotó otra vez en la carrera de la costanera. Dice que esta vez va a ir por los diez kilómetros, aunque sea caminando. Después de tres meses quieta y de ver cómo su cuerpo respondió apenas volvió, asegura con una sonrisa que empezar de nuevo no es empezar de cero: es empezar con lo que el cuerpo aprendió y guardó para ella, paciente, debajo de la piel.
