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Lunes, 12 de octubre de 2026
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Vitis vinifera y vinilo en la montaña: el pueblo mendocino que dejó de ser escala para convertirse en destino

A pocos kilómetros de la capital mendocina, Chacras de Coria reconfiguró su identidad con hoteles boutique, cocina de autor y festivales de música electrónica que reordenan el mapa del vino argentino.

Por Lisandro OjedaAmbiente y conservación · · hace 1 h
Vitis vinifera y vinilo en la montaña: el pueblo mendocino que dejó de ser escala para convertirse en destino

La Vitis vinifera, la vid que sostiene buena parte del relato vitivinícola argentino, convive en Chacras de Coria con otro cultivo menos agrícola y decididamente sonoro: el de la música electrónica, los restaurantes de autor y los hoteles boutique que crecieron al ritmo de un turismo que ya no busca únicamente la bodega para una tarde. A 15 kilómetros del centro de Mendoza, este distrito de Luján de Cuyo dejó de ser una parada de paso y se consolidó como un destino completo, capaz de sostener una estadía de varios días sin grandes traslados y con la cordillera como fondo permanente de las conversaciones.

El crecimiento fue sostenido y verificable: alrededor de 30 hoteles y lodges vitivinícolas se concentran hoy en el distrito, y aproximadamente un tercio de esos establecimientos abrió entre 2023 y 2026, una cifra que describe el pulso de los últimos años y que se completa con cerca de 40 restaurantes, bares y espacios nocturnos, según datos del material difundido por la Secretaría de Turismo de Luján de Cuyo.

¿Qué llegó primero, el hotel o el reconocimiento internacional?

En 2026, dos establecimientos de la zona recibieron Llaves Michelin: Susana Balbo Winemaker's House y Lares de Chacras, una distinción que puso a Chacras en el radar de los visitantes que eligen dónde dormir en función de la guía roja. Otros dos hoteles reconocidos por la misma publicación, Awasi Mendoza y Chozos Resort, también funcionan en parajes del departamento de Luján de Cuyo, lo que confirma que la comarca, y no solo el pueblo, opera como un ecosistema turístico integrado.

Rodolfo Benítez, director de Turismo de Luján de Cuyo, describió que el visitante tradicional tiene entre 30 y 65 años, llega desde Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Brasil, Chile, Estados Unidos y Europa, y permanece habitualmente entre dos y cuatro noches. Sin embargo, advirtió que la diversidad de propuestas habilita estadías más largas sin que el viajero tenga que sumar traslados largos, un argumento que los prestadores usan para diferenciarse de la oferta meramente enológica.

¿Qué se come y qué se bebe cuando se sale de la bodega?

  • Restaurantes de cocina de autor con producto regional: aceite de oliva, carnes, trucha, vegetales y frutos secos.
  • Maridajes con Malbec, vermut y espumantes mendocinos en bares de vinos y cafeterías de especialidad.
  • Daukos, abierto a principios de 2026 dentro del Hotel Boutique La María (calle Darragueira 1551), con 44 cubiertos, una carta de 400 etiquetas y un menú que incluye pulpo, merluza negra, risotto de hongos y sushi de atún rojo.
  • Chirivia, en Potrerillos, un restaurante itinerante de diez pasos y aforo limitado junto al dique, a 57 kilómetros por la ruta nacional 7, operado por los mismos responsables de Daukos.

¿Cuándo se enciende la noche y quién la enciende?

Cada diciembre, el Sunsetstrip que conduce Hernán Cattáneo, uno de los nombres propios de la escena electrónica internacional, reúne a miles de personas desde distintos puntos del país y del exterior, lo que dispara la ocupación hotelera y la demanda gastronómica en toda la zona, según el mismo informe oficial. Ese fenómeno incorporó un visitante más joven, interesado en gastronomía, vida nocturna y deportes outdoor, un perfil que convive con el enoturista clásico y que obliga a repensar la temporada alta en función de dos calendarios que antes parecían ajenos. La pregunta que queda planteada es qué se hace cuando la uva y el bajo electrónico comparten el mismo sunset y la misma calle arbolada: si esa mezcla consolida a Chacras como destino o si, como temen los bodegueros tradicionales, termina por desplazar al visitante que vino a oler, probar y conversar sobre Malbec.

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Lisandro OjedaAmbiente y conservación

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