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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una semana a oscuras y con la heladera vacía: la odisea de una madre y sus tres hijos en la meseta de Neuquén

La policía de Las Coloradas metió el móvil en el barro durante 12 kilómetros para auxiliar a una mujer y a sus chicos de 14, 12 y 10 años que llevaban siete días sin poder salir a comprar comida. El drama expone la fragilidad de las familias crianceras que viven en parajes aislados cuando llueve.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 1 h
Una semana a oscuras y con la heladera vacía: la odisea de una madre y sus tres hijos en la meseta de Neuquén

Vuelvo de cubrir otra nota y me cruzo con Marta, una vecina de 52 años que conozco de toda la vida, y me pregunta si sabía lo de esa mujer allá arriba en la meseta, en Catán Lil. Le digo que estoy en eso. Me mira fijo y me suelta, mientras acomoda la bolsa del súper: Mirá, yo cada vez que escucho una tormenta pienso en los puesteros. Te lo digo de corazón. Esa es la palabra que acá, en el Sur, resume todo: los que viven en los puestos, casi siempre gente de campo,isolados, lejos del pueblo. Cuando te dicen puestero, te están contando una forma de vida donde la lluvia es a la vez bendición y condena.

Lo que pasó la semana pasada en el Paraje La Pileta bien puede contarse como empezó: el miércoles a las cuatro de la tarde sonó el teléfono en la Comisaría 31 de Las Coloradas. La voz del otro lado se cortaba. La información era poca. Una familia necesitaba ayuda y nada más. Los efectivos se movieron primero hasta el Paraje Cortaderas para tratar de entender qué estaba pasando, pero la situación seguía siendo un rompecabezas. Decidieron igual meterse en el barro. Un móvil policial avanzó doce kilómetros por un camino vecinal completamente anegado, entre agua, barro y greda suelta, hasta dar con una mujer y a sus tres hijos de 14, 12 y 10 años. Estaban solos, sin poder salir, hacía siete días.

Siete días sin comida y con chicos esperando

La mujer es la esposa de un productor rural de 82 años. Estaba sola con sus hijos en ese paraje ubicado a unos diez kilómetros de Las Cortaderas, en pleno departamento Catán Lil, Neuquén. Habían pasado una semana entera sin poder proveerse de alimentos. Las lluvias torrenciales de los días previos habían convertido los únicos accesos en una trampa. A ese primer vehículo se sumó un segundo. En total, seis efectivos terminaron confirmando que la urgencia era real y empezaron a coordinarse para resolverla en el momento.

“Personal policial puso a disposición el recurso humano y automotriz para realizar las tareas pertinentes.”Subcomisario Ángel Salazar, jefe de la Comisaría 31 de Las Coloradas

El operativo: sacarla, aprovisionarla, devolverla

El procedimiento fue lo más simple del mundo, y eso es lo que lo hace tan efectivo. La subieron al móvil, la llevaron hasta donde un familiar pudo alcanzarle alimentos y después la regresaron al paraje con las provisiones. Cuando los policías se fueron, los tres chicos tenían la comida en la casa. Punto. Parece poco, pero esos doce kilómetros de greda y agua marcan la frontera entre la rutina y la emergencia para cualquiera que viva disperso por la meseta.

  • El alerta llegó el miércoles a las 16 a la Comisaría 31 de Las Coloradas, con escasa información sobre el lugar exacto.
  • El primer móvil policial transitó 12 kilómetros de camino vecinal anegado para llegar al Paraje La Pileta.
  • La mujer llevaba siete días incomunicada junto a sus tres hijos de 14, 12 y 10 años, esposa de un productor rural de 82 años.
  • Seis efectivos en dos vehículos participaron del operativo de asistencia alimentaria.
  • La familia fue acompañada hasta un punto donde un familiar podía entregarle alimentos y luego regresada al paraje con provisiones.

El trasfondo es lo que más me golpea cuando pienso en esta historia, y creo que a vos también te va a pasar. Estamos en plena época de pariciones, que es como la palabra lo dice, el momento en que nacen las crías en los campos, y los productores ya tienen la cabeza y las manos puestas en el campo. Para las familias crianceras que viven lejos de todo, el aislamiento no es una casualidad ni una mala suerte pasajera: es un riesgo que se activa cada vez que se complica el clima. Lejos quedaron los tiempos en que el puestero podía salir a comprar a Las Coloradas o pedir algo por radio y resolverlo en el día. Hoy, cuando el cielo se pone negro, esos doce kilómetros se vuelven una frontera que puede aislarte una semana entera.

Mientras escribo esto me vuelve la imagen de Marta, acomodando la bolsa del súper en el pasillo de su casa, con esa media sonrisa que ponemos los grandes cuando ya vimos demasiado. Una semana sin comida para una madre con tres chicos es mucho más que un dato policial, y los policías que metieron el móvil en el barro lo entendieron perfecto. Lo que me llevo, y creo que es lo que vos te llevás también, es esta idea simple y al mismo tiempo enorme: que en este país enorme que tenemos, todavía depende de que alguien atienda el teléfono y se anime a entrar en el barro para que una familia pueda volver a tener algo en la mesa.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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