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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Sopa de coliflor a la antigua: la versión en trozos que se come con cuchara grande

Una preparación simple, con caldo aromatizado con pimentón y ramilletes enteros, que conserva cuerpo y sabor sin necesidad de procesar la verdura ni agregar crema.

Por Tomás GaunaTurismo y esteros · · hace 56 min
Sopa de coliflor a la antigua: la versión en trozos que se come con cuchara grande

Hay un sonido que conozco bien y que aparece apenas despunta el amanecer sobre los esteros: el de la olla que empieza a tomar temperatura mientras la cebolla se va transparentando en el aceite de oliva. Esa imagen, esa pequeña ceremonia de cocina que se repite en miles de casas del país cuando bajan las temperaturas, es la mejor forma de arrancar esta nota, porque hoy me quiero detener en una sopa que suele quedar relegada frente a su versión más pomposa: la crema de coliflor. La propuesta es volver al formato en trozos, esa manera de cocinar la verdura sin procesarla, dejando que cada ramillete conserve su forma y su mordida, y que el caldo, en vez de espesarse con harina o crema, se sostenga solo, con cuerpo y con aroma.

La diferencia clave: ramilletes enteros, no puré

La distinción entre la sopa en trozos y la clásica crema pasa, justamente, por lo que no se le hace a la verdura. En la versión troceada los ramilletes se cocinan enteros o cortados en porciones generosas, de manera tal que cada cucharada que el lector se sirva tenga consistencia propia, con la coliflor mordiendo de verdad y el caldo penetrando la pieza sin diluirla. Es, si se quiere, una sopa de cuchara grande, de las que obligan a apoyar el plato en la mesa y a tomarse su tiempo.

  • Cebolla picada en cubos y ramilletes de coliflor separados, retirando las hojas externas.
  • Dorado de la cebolla en aceite de oliva a fuego medio hasta que quede transparente.
  • Condimento con sal, pimienta y pimentón dulce, tostado unos segundos antes de sumar la coliflor.
  • Rehogado breve de la verdura y agregado de caldo de verduras sin cubrir por completo.
  • Cocción a fuego medio durante aproximadamente 15 minutos, hasta que la coliflor quede tierna pero sin deshacerse.

El procedimiento es lineal y no pide equipamiento especial ni ingredientes difíciles de conseguir, lo que la vuelve una receta tan viable para una comida de martes a la noche como para preparar en cantidad y guardar en la semana. El resultado final es un caldo aromatizado, con cuerpo, sin espesantes ni crema, donde la coliflor aporta fibra y vitamina C, dos aliados clásicos de los meses fríos en el centro y sur del país.

Con qué acompañarla para que sea plato principal

Una sopa así puede quedar flotando sola en el plato o transformarse en una comida redonda, y ahí es donde entra el gusto de cada uno. La opción más directa, y la que más me convence para una noche fresca, son unas rebanadas de pan de masa madre tostadas con ajo y un hilo de aceite de oliva por encima, que se pueden apoyar en el borde del plato e ir cortando a medida que se come. Para sumar proteína, los garbanzos con especias son una alternativa que también aportan un contraste crujiente muy agradable. Y si el lector quiere un toque más elaborado, queda muy bien espolvorear por encima una preparación a base de frutos secos y levadura nutricional, a modo de queso vegetal rallado, que se comercializa en dietéticas y tiendas naturistas y que también puede prepararse en casa procesando nueces o almendras con un poco de sal.

Dónde probar algo parecido en la costa del Paraná

Si alguien está por la zona del Paraná y quiere probar una sopa de verduras con este espíritu, sin pomposidades y con productos del estero, les recomiendo pasar por el restaurante de la familia Olivera en la bajada de pescadores de Puerto Hernandarias: sirven una sopa de coliflor en trozos con caldo de gallina casero y panes regionales que, sin ser idéntica a esta receta, se le parece mucho en la lógica de cocinar la verdura sin esconderla. Para dormir, la hostería La Bonita, también sobre la costanera, tiene habitaciones tranquilas con vista al río y un desayuno que entra de maravillas después de una cena así.

Cierro como empecé, volviendo al amanecer y al sonido de la olla, porque las recetas simples son las que mejor envejecen en la memoria. Anímense a probar esta sopa en trozos, jueguen con los acompañamientos que tengan en la heladera y, si quieren, cuéntenme qué variantes les salen en casa: siempre se aprende algo cuando se comparte lo que se cocina. Los leo.

TG
Tomás GaunaTurismo y esteros

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