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Domingo, 18 de octubre de 2026
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La pastilla que promete años de más y la evidencia que todavía no aparece

Los suplementos que se venden como inversión en longevidad suelen apoyarse en estudios de laboratorio, no en ensayos clínicos con miles de personas. Qué dice hoy la ciencia y qué cosas sí probaron sumar años con buena calidad de vida.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 1 h
La pastilla que promete años de más y la evidencia que todavía no aparece

A María, de 57 años, le empezó a picar la curiosidad en la farmacia del barrio, cada vez que alguien le dejaba en la mano un prospecto de NMN o de resveratrol con la promesa de vivir más y mejor. Como muchos vecinos de mi nombre, con el paso de los años fue armando su propia mesita de pastillas con la idea de ganar tiempo. Lo que nunca tuvo claro, y lo que la ciencia todavía no termina de cerrar, es si esa mesita sirve para algo más que para que la farmacia siga facturando.

Lo que se sabe del NAD+ y por qué se convirtió en negocio

El NAD+ es una coenzima que está en todas las células del cuerpo y que cumple un papel central en el metabolismo energético y en la reparación del ADN. Con el paso de los años sus niveles bajan, y en cultivos celulares y en animales de laboratorio aumentar esa disponibilidad mejoró ciertos parámetros metabólicos. De ahí, y no de ensayos clínicos grandes en personas, nació el negocio de los suplementos con NMN y con nicotinamida ribósido, dos precursores que se comercializan como inversión en longevidad.

Porque los estudios en humanos, hasta hoy, confirman que esos precursores efectivamente elevan los niveles de NAD+ en los análisis de sangre. Lo que no logran demostrar, y acá está la trampa, es que ese aumento en un número se traduzca en menos enfermedades, en mejor funcionamiento del cuerpo o en más años de vida. Subir un valor en un laboratorio no equivale a vivir más, y esa diferencia es la que el marketing suele pisotear con entusiasmo.

Vitaminas y minerales tampoco son la fórmula mágica

La lógica se repite con vitaminas y minerales que arrastran fama de protectores. El ensayo SELECT, con más de 35.000 participantes, concluyó que el selenio no previno el cáncer de próstata y que quienes recibieron vitamina E tuvieron, durante el seguimiento, mayor riesgo de desarrollarlo. El estudio VITAL, que reunió cerca de 25.000 personas, no encontró que la vitamina D ni el omega-3 redujeran el cáncer o los eventos cardiovasculares en quienes no partían de un déficit.

Eso no quiere decir que estos nutrientes sean inútiles, y acá quiero ser cuidadoso porque a veces el péndulo se pasa de rosca. Cuando hay una carencia real, corregirla tiene impacto concreto: las deficiencias de vitamina B12 y de vitamina D son frecuentes en personas grandes y tratarlas mejora la calidad de vida. La diferencia está en medir primero y suplementar después si hay un déficit comprobado, no en tirar cápsulas al cuerpo como quien tira a una patera, porque en ese mar de buenas intenciones a veces se termina naufragando en efectos adversos.

  • Actividad física regular que incluya ejercicios de fuerza, además de caminatas o actividad aeróbica.
  • Alimentación equilibrada, con proteínas suficientes en cada comida y abundancia de verduras, frutas y legumbres.
  • Buen descanso, con horarios estables y pantallas lejos de la cama antes de dormir.
  • No fumar y reducir al máximo el consumo de alcohol.
  • Vínculos sociales activos, porque el aislamiento crónico está asociado con mayor riesgo de deterioro cognitivo y mortalidad prematura.

El truco del mercado: mezclar ciencia básica con promesas clínicas

La investigación médica trabaja en tres escalones que a veces los suplementos mezclan a propósito. Primero, lo que se observa dentro de una célula en el laboratorio. Segundo, lo que pasa en animales de experimentación. Tercero, lo que demuestran los ensayos clínicos en miles de personas durante años. Casi toda la oferta de pastillas antienvejecimiento se apoya con firmeza en los primeros dos y se presenta, con una cara muy simpática, como si ya hubiera pasado el tercero. Un hallazgo real pero acotado se convierte así en una promesa enorme que nadie demostró en la clínica.

A María, como a tantos lectores de mi nombre y de mi edad, le digo lo que le diría a una vecina: antes de sumar otra cápsula a la mesita de la cocina, conviene pedir un análisis de sangre y conversar con el médico de cabecera qué falta y qué sobra. Lo que la ciencia sostiene con evidencia sólida es mucho menos glamoroso que una pastilla futurista, pero mucho más efectivo. Actividad física, alimentación equilibrada, buen sueño, no fumar y vínculos sociales. No viene en blister, pero es lo único que, hasta hoy, demostró de verdad sumar años con calidad. Y aunque parezca poco, para quien ya pasó los cincuenta es una verdadera fortuna.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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