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Holder, entre los 125 kilos y la selfie de Ibiza: las dos trampas del cuerpo que se mira

El exparticipante de Gran Hermano expuso sus dos extremos físicos para advertir que ninguno de los dos era saludable y reclamar atención sobre la salud mental detrás de cada transformación exprés.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · 11 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Hay un chamamé viejo que dice, más o menos, que uno se pasa la vida corriendo detrás de la sombra propia sin alcanzar nunca del todo la propia estampa. Algo de eso atraviesa la historia que Tomás Holder, el Chaqueño digital de esta generación, volvió a poner sobre la mesa esta semana, cuando decidió mostrar dos fotos suyas que durante mucho tiempo guardó por vergüenza o por orgullo mal entendido. Son dos imágenes que parecen de dos personas distintas, y sin embargo son del mismo pibe: el de mayo de 2025, con 125 kilos en la balanza después de siete meses sin pisar un gimnasio, y el de julio de este año, en una playa de Ibiza, con una definición muscular que cosechó halagos en las discotecas de la isla. Holder, lejos de festejar cualquiera de las dos postales, se plantó y dijo lo que muy pocos se animan a decir en voz alta: ninguna de las dos versiones de su cuerpo representa un estado sano.

Los 125 kilos que nacieron del aislamiento

La foto de mayo no es la de un feriado compartido ni la de una joda con amigos. Es, según la reconstruyó él mismo en distintas entrevistas, la foto de un chico que se había encerrado en su casa, que pasaba hasta doce horas por día frente a la PlayStation y que había convertido la comida chatarra en el único consuelo cotidiano. No era un tema de estética, ni de gimnasio, ni de moda: era, como él mismo lo define, un síntoma. "No encontraba rumbo, no encontraba soluciones", reconoció al recordar ese tramo de su vida, que quedó pegado a un presente emocional que lo desbordaba. Por eso, cuando finalmente decidió mostrarla, lo hizo con una intención que va más allá de la anécdota personal.

La postal de Ibiza y el soporte que nadie quiere leer

La segunda foto llegó cinco meses después, en unas vacaciones en Ibiza que muchos usuarios de redes conocieron a través de su propio Instagram. El cuerpo había cambiado de manera radical: marcada definición, abdomen marcado, brazos que en la imagen parecen tallados. Sin embargo, Holder salió a desactivar la euforia con una frase que funcionó como baldazo de agua fría: "Mi cuerpo no es real, ni sano y tiene un soporte químico". Lo que quiso decir es que aquella estética no era el resultado de un estilo de vida sostenible, sino de un proceso estricto de cinco meses con la alimentación milimetrada y, sobre todo, con ayuda de sustancias que no se pueden sostener en el tiempo sin consecuencias.

Lo que se rompe en el medio de la transformación

Porque entre una foto y la otra hay un recorrido que, según contó, lo dejó marcado. Desarrolló culpa cada vez que se sentaba a comer, quedó condicionado por los números de la balanza y convirtió algo tan simple como una hamburguesa en un campo de batalla interior. Comida que antes era gusto pasó a ser conflicto, y el cuerpo, que se supone que es casa, se transformó en un territorio vigilado. Esa es, me parece, la parte más importante del testimonio, la que sobrevive al escándalo del reality y a los likes de turno: la transformación Express suele cobrar un peaje emocional que después nadie quiere mostrar.

“Cuiden su salud y sobre todo su salud mental.”Tomás Holder

A ese cuadro se le suma otro dato que él mismo confirmó: a comienzos de marzo se realizó un implante capilar para corregir las entradas que durante años disimuló con el corte de pelo. Negó retoques en el rostro y atribuyó los cambios en sus facciones a la dieta y a la barba. Cada decisión, aclara, fue personal y meditada, aunque reconoce el costo anímico de exponerse en un mundo que premia los extremos y castiga los puntos medios.

Yo que llevo años escribiendo sobre cuerpos que se suben a un escenario o a una pasarela, les digo una cosa que aprendí en estas páginas: detrás de cada transformación Express siempre hay una historia que la foto no cuenta. Holder, con sus luces y sus sombras, tuvo la honestidad de mostrar las dos puntas del hilo y, sobre todo, de advertir que ninguna de las dos era modelo de nada. Si tenés un amigo o un familiar que está transitando algo parecido, no le mandes esta nota con un "mira lo que dice Holder"; sentate a tomar un mate con él y preguntale cómo está de verdad, que a veces la mejor forma de cuidar la salud mental es dejar de mirarse en la pantalla y volver a mirarse a los ojos.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

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