Cliff Booth vuelve a escena: Brad Pitt y Fincher se anotan en la secuela que Tarantino prefirió no filmar
Netflix oficializó la fecha y el título de la nueva entrega, ambientada en 1977, con un elenco de peso y el estreno en salas IMAX antes del desembarco en streaming.
Con el perfume del jazmín entrerriano me llega la noticia y me parece que lo mejor es arrancar como tantas veces nos enseñaron los viejos del litoral: con la letra de un chamamé puesto a todo trapo, esa tonada que dice que "cuando uno no quiere estar solo, tiene que prenderse al canto". Y algo de eso hay en la historia que nos toca contar hoy, porque Cliff Booth vuelve a la pantalla para no quedarse solo en el recuerdo de aquel 2019 en el que un pibe de Oklahoma, un dobles de riesgo y un final de fiesta nos cambiaron la manera de mirar el cine de Tarantino. Desde el portal de noticias les cuento, con la calidez de siempre, qué se viene en esta secuela que ya tiene título, fecha y un director de lujo que no es precisamente el autor original de la historia.
Déjenme situarlos en tiempo y forma para los que se prendieron tarde a la conversación: estamos hablando de "Érase una vez en Hollywood", aquella película que Sony Pictures estrenó en 2019 y que terminó recaudando 377 millones de dólares en todo el mundo, con diez nominaciones al Oscar y dos estatuillas, una de ellas para el propio Brad Pitt como mejor actor de reparto. El personaje de Cliff Booth, ese dobles de acción que se gana la vida estrellando autos por un puñado de dólares y que tiene un pasado turbio que la película va desgranando con paciencia de artesano, se convirtió con los años en una de esas criaturas de la pantalla que el público no quiere soltar. Por eso, cuando se oficializó que la historia tendría continuidad, la expectativa se disparó: Hollywood necesitaba volver a cruzarse con Booth, y Booth necesitaba volver a cruzarse con un Hollywood que ya no es el que conoció.
Un salto a 1977 y un director que sabe mirar sombras
La película llevará por nombre "Las nuevas desventuras de Cliff Booth" y llegará a la plataforma de Netflix el 23 de diciembre, con dos semanas previas en salas IMAX a nivel mundial. Pero lo que más me interesa destacarles, y sépanlo porque es el corazón de esta nota, es el contexto temporal: la acción se ubica en 1977, ocho años después del cierre de la primera entrega. Eso significa que el personaje va a tener que vérselas con un Hollywood que ya no es el del Manson, ni el de Sharon Tate, ni el de la vieja confitería de la calle Hollywood Boulevard. Es un Hollywood que cambió de piel, y ahí es donde David Fincher, el director de "Se7en" y de "Zodiac", sabe moverse como pez en el agua: en los márgenes oscuros, en lo que nadie quiere ver, en las sombras que se mueven cuando la fiesta termina.
Porque acá viene lo que a mí, como viejo lector de cine, más me conmueve: Quentin Tarantino escribió el guion pero le cedió la silla del director a Fincher, y lo hizo con una honestidad que se agradece en estos tiempos de declaraciones grandilocuentes. El propio Tarantino lo explicó con esas palabras que parecen sacadas de una sobremesa entre amigos: "Me encanta este guion, pero estaría repitiendo lo mismo. Simplemente no me entusiasmaba". Y agregó que prefiere reservar su próxima película como director, que planea sea la última, para algo que no sea una continuación. Eso, queridos lectores, es un acto de elegancia poco frecuente: reconocer que la historia merece otro par de ojos, aunque esos ojos sean los de un director tan personal como Fincher.
Elenco de lujo, decía mi abuela cuando miraba las revistas del corazón, y no le faltaba razón. Acompañarán a Pitt en esta aventura nombres como Elizabeth Debicki, esa actriz australiana que ya nos tiene acostumbradas a las miradas largas; Carla Gugino, que sabe moverse entre el drama y el género como quien cambia de canal; Yahya Abdul-Mateen II, que viene de brillar en "The Trial of the Chicago 7" y en la serie de "Watchmen"; Scott Caan, hijo del recordado James Caan; Peter Weller, el eterno RoboCop que ya tiene el cuero curtido en papeles de pocas palabras; y Karren Karagulian, un colaborador habitual de Tarantino. Pitt, además de protagonizar, figura como productor junto a Ceán Chaffin, así que la cosa va en serio y no es un capricho de estrellas.
“No tengo muchos talentos, pero sé que no debo interponerme en el camino de una buena historia.”Cliff Booth, en el adelanto de la Super Bowl
Esa frase, que se escuchó en el breve adelanto que circuló durante la Super Bowl de febrero, me parece que resume el espíritu del personaje y, si me apuran un poco, también el espíritu de este proyecto. Cliff Booth no es un héroe al uso: es un tipo que sabe hacer un par de cosas bien hechas y que tiene la sabiduría de calle suficiente como para no meterse donde no lo llaman. El problema, claro, es que la historia siempre termina llamándolo, y ahí es donde arranca el cine. Veremos cómo se las ingenia Fincher para narrar ese llamado en clave de thriller crepuscular, porque 1977 también fue el año de "Star Wars", de "Saturday Night Fever" y del punk que empezaba a sonar en las radios; un mundo nuevo que le pasaba por encima a los viejos dobles de acción.
Mi recomendación, con el corazón en la mano
Les confieso algo, queridos lectores: cuando supe que Fincher iba a ponerse detrás de la cámara con un libreto de Tarantino, sentí esa cosquilla que me invade cada vez que dos cineastas que admiro se cruzan en un mismo proyecto. No es para sacar conclusiones antes de tiempo, porque todavía no vimos un fotograma entero más allá de ese adelanto de la Super Bowl, pero la combinación me parece de esas que dan ganas de reservar la butaca con tiempo. Mi recomendación, ya que me lo preguntan, es que no se queden esperando a que llegue a la plataforma el 23 de diciembre: si tienen la posibilidad, agárrenle una entrada para las salas IMAX de noviembre y disfruten de esta historia en la pantalla grande, que es como se deben ver las aventuras de Cliff Booth, ese muchacho que aprendió a caer mejor que nadie y que ahora vuelve a escena para recordarnos que, en Hollywood, las segundas partes pueden ser tan buenas como las primeras, sobre todo cuando hay manos capaces de sostenerlas. Les abrazo desde esta mesa de trabajo, con la radio todavía puesta en chamamé y la libreta abierta para la próxima.
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