El muchacho que guardó un pedazo de sí mismo en un freezer y ahora apuesta a ser papá
Un joven de 19 años se convirtió en el primer paciente del Reino Unido en recibir un trasplante de su propio tejido testicular, conservado antes de una quimioterapia que podía dejarlo infértil. En ocho meses se sabrá si el experimento funciona. La técnica abre una ventana de esperanza para miles de sobrevivientes de cáncer en edad reproductiva.
A veces uno cree que el futuro lejano se resuelve solo, como si el cuerpo llevara un manual de instrucciones debajo de la piel. Yo lo pienso cada vez que paso por la esquina de mi barrio y veo a Mabel, la vecina de 58 años que vende plantas en la vereda y me dice, mientras me envuelve un gajos en papel de diario, que lo más sabio que hizo en la vida fue no apurarse. Pero hay situaciones en las que el cuerpo necesita que alguien tome una decisión urgente por uno, y esa decisión se guarda en un freezer, en un laboratorio, durante años, hasta que la vida vuelve a llamar a la puerta. Eso le acaba de pasar a un chico de diecinueve años del Reino Unido, y su historia, créanme, merece ser contada con tiempo, porque toca un hilo muy íntimo: la posibilidad de ser padre después de haber esquivado la muerte.
Un reservorio celular contra el reloj biológico
Antes de someterse en 2023 a un trasplante de médula ósea para tratar un trastorno sanguíneo grave, el joven entregó una pequeña muestra de tejido testicular. La quimioterapia de altísimas dosis que necesitaba podía arrasar con la fábrica de espermatozoides de manera irreversible, así que el equipo médico le ofreció algo que todavía suena a ciencia ficción: criopreservar un fragmento de ese tejido para reimplantárselo cuando el tratamiento terminara. La idea es simple y profunda al mismo tiempo, y hasta tiene su palabra en guaraní, que me regaló una médica amiga chaqueña: el teko marandu, el saber estar atentos, porque a veces lo que nos salva es haber previsto lo que todavía no pasó. Tres años después, los análisis confirmaron lo que se temía: no producía espermatozoides. Entonces, en agosto de 2026, los especialistas del NHS Lothian y de la Universidad de Edimburgo decidieron devolverle al cuerpo lo que el cuerpo había guardado.
“Siempre quise tener hijos propios, pero empecé a aceptar que quizá no sería posible. Este procedimiento me dio una esperanza real para el futuro.”El paciente, cuya identidad se mantiene en reserva
Cómo funciona, en criollo, la apuesta científica
- El tejido testicular contiene células madre espermatogoniales, que son como semillas previas a la pubertad: a partir de ellas se fabrican los espermatozoides.
- La hipótesis es que, después de años congeladas, esas semillas puedan reactivarse al volver a su entorno natural dentro del testículo.
- Ocho meses después del trasplante, los médicos extraerán una pequeña porción del tejido reimplantado para verificar si se está produciendo espermatogénesis, el proceso que genera espermatozoides.
- Si aparecen espermatozoides, habrá que comprobar que sirvan para reproducción asistida y, además, que el tejido no contenga células malignas, un requisito clave en pacientes con antecedentes oncológicos.
Rod Mitchell, profesor de endocrinología del desarrollo de la Universidad de Edimburgo y responsable del equipo, fue muy claro al explicar que la técnica todavía debe demostrar que permite obtener espermatozoides y lograr nacimientos de manera segura y repetible. No estamos ante una promesa cerrada, sino ante el primer paso de un camino larguísimo. Algo parecido se intentó antes en Bélgica, donde un hombre de 27 años, cuyo tejido había sido preservado cuando tenía apenas 10, produjo espermatozoides maduros tras reimplantar el material dieciséis años después. Sin embargo, hasta ahora no se comunicó una fecundación ni un nacimiento a partir de ese experimento, lo que muestra que la ciencia avanza, pero con los pies bien plantados en la prudencia.
Y acá, en Argentina, ¿qué lugar ocupa esta conversación?
En nuestro país la Ley 26.862 incorporó al Programa Médico Obligatorio los procedimientos de reproducción asistida y la preservación de gametos o tejidos reproductivos, un marco que en principio contempla este tipo de prácticas, aunque especialistas coinciden en que todavía faltan protocolos específicos y centros con experiencia en criopreservar y reimplantar tejido testicular. Lo que ocurra en Edimburgo en los próximos meses, con esa primera lectura de resultados sobre el muchacho de diecinueve años, va a resonar fuerte en los consultorios de oncología y fertilidad de todo el mundo, y también en el living de Mabel, donde las plantas y las confidencias crecen parejo. Yo, mientras tanto, me quedo pensando que a veces los gestos más chicos, guardar una muestra en silencio, decidir sin saber qué va a pasar, son los que después le devuelven a alguien la chance de mirar a un hijo a los ojos.
