El combustible vuelve a empujar la inflación en Estados Unidos y se siente en las góndolas
El índice de precios al consumidor de septiembre marcó un 3,7% interanual, medio punto arriba de agosto, con la nafta como principal motor y señales de traslado a los alimentos de consumo masivo.
Desde Chicago hasta la última estación de servicio del Medio Oeste, el precio del galón volvió a colarse en la conversación de cada familia. En septiembre, el índice de precios al consumidor de Estados Unidos avanzó un 3,7% respecto del mismo mes del año anterior, un escalón por encima del 3,4% de agosto, y los datos oficiales publicados esta semana confirman que la nafta fue, otra vez, el principal motor de la suba. En la comparación mensual, los precios treparon un 0,6%, contra el 0,4% del mes previo, una aceleración que los analistas no pasaban por alto porque se produce en un contexto internacional signado por el conflicto armado en Irán, activo desde principios de año, que tensiona el suministro global de petróleo y gas.
El surtidor, otra vez en el centro de la escena
La nafta encareció cerca de un 9% entre agosto y septiembre, un salto mensual que se traduce directo en el bolsillo y, también, en los costos logísticos de toda la cadena alimentaria. El precio promedio nacional del galón se ubicó en 4,34 dólares, un nivel levemente superior al del mes anterior, aunque con cierta tendencia a la baja en las últimas semanas que todavía no se reflejó en el índice general. Desde la Redacción de Campo y Ganadería, lo miramos con atención porque, cuando se mueve el diesel en el mundo, el precio del flete en la pampa se mueve también, y eso termina en el mostrador de la carnicería de barrio.
- Nafta: suba cercana al 9% mensual y principal factor de la aceleración.
- Pasajes aéreos: acumulan un alza interanual del 23%, lejos de estabilizarse.
- Ropa: aportó al incremento mensual en varias regiones del país.
- Alimentos y energía: siguen siendo los rubros que más pesan en el gasto de los hogares, según la encuesta oficial de presupuesto familiar.
El efecto no termina en el surtidor. Las empresas que producen y distribuyen alimentos ya absorbieron costos más altos de transporte y logística, y varias gigantes del consumo masivo empezaron a pasarlos a precios. PepsiCo anunció que subirá parte de su catálogo para compensar el encarecimiento del combustible, el aluminio y otros insumos, un movimiento que suele anticipar lo que harán otras firmas en las próximas semanas. Es el clásico recorrido del shock energético: primero la pizarra de la estación de servicio, después la góndola del supermercado.
La subyacente, en 2,6%: la señal que mira la Reserva Federal
La inflación subyacente, que excluye los componentes más volátiles como alimentos frescos y energía, llegó al 2,6% interanual en septiembre, por encima del 2,4% de agosto. En términos mensuales, el indicador avanzó un 0,3%, igual que el mes anterior. Es el dato que miran con lupa en la Reserva Federal, porque refleja dinámicas más estructurales del nivel de precios, más allá de los vaivenes del petróleo. Aun así, conviene ponerlo en perspectiva: la marca actual queda muy lejos del pico de 9,1% que el índice registró en 2022, aunque la tendencia del año fue ascendente y eso es lo que preocupa en los despachos de Washington. El precio del barril de petróleo de Texas se situó cerca de 95,53 dólares en la jornada en que se conoció el informe, con una suba de alrededor del 1,5%, una variable que seguirá condicionando los próximos relevamientos.
