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Sábado, 17 de octubre de 2026
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El chequeo que no duele: por qué conviene ir al médico aunque el cuerpo no avise nada

Hay enfermedades que avanzan en silencio durante años. Una recorrida por los estudios que el médico de cabecera puede pedir según la edad, los antecedentes y la etapa de vida, y por qué la consulta preventiva sigue siendo la herramienta más simple para llegar a tiempo.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 56 min
El chequeo que no duele: por qué conviene ir al médico aunque el cuerpo no avise nada

Lo conozco bien a ese momento: uno está preparando el mate, conversa con un vecino en el umbral y dice eso de “estoy perfecto, no me duele nada”. Y entonces va postergando el turno con el médico de cabecera, ese que siempre queda para “después de las fiestas” o “cuando se calme el trabajo”. Hasta que un día, casi de casualidad, se toma la presión en una farmacia y el número que marca el aparato lo deja pensando. Así me lo contaba la semana pasada Marta Aguirre, 52 años, vecina del barrio de Belgrano, mientras esperaba su colectivo: “Mirá, yo me creía una persona sana porque dormía bien y no tenía síntomas. El día que fui a hacerme un chequeo me encontré con la presión alta y unos valores de glucemia que no eran los ideales. Si seguía esperando a sentirme mal, hoy estaría hablando de otra cosa”. Marta resume sin proponérselo algo que los médicosrepiten hasta el cansancio y que, sin embargo, todavía muchos hacemos caso omiso: sentirse bien no siempre significa estar bien, y la consulta preventiva existe justamente para anticiparse a lo que el cuerpo aún noTranslate a anecdote into understanding. La escena es cotidiana, pero el tema es serio.

Qué se hace en una visita de las llamadas “preventivas”

En una consulta de este tipo, el equipo de atención primaria no se limita a “mirarte por arriba”. Lo que hace es un relevamiento completo de cómo está funcionando el organismo en su conjunto: se registran peso y talla para evaluar el estado nutricional, se mide la presión arterial, se controla la frecuencia cardíaca y se auscultan los pulmones. Además se revisan ojos, oídos, piel y mucosas, y se conversa sobre hábitos como alimentación, sueño, consumo de alcohol y actividad física. Con toda esa información reunida, el profesional decide qué estudios complementarios corresponden según la edad, el sexo y los antecedentes de cada paciente.

Los análisis de laboratorio son una parte central de ese chequeo. A través de una muestra de sangre es posible evaluar el funcionamiento renal y hepático, los niveles de glucosa y de colesterol vinculados al riesgo cardiovascular, y descartar anemia o procesos inflamatorios. Un dato importante que no siempre se tiene en cuenta: la indicación de cada análisis no es la misma para todas las personas, sino que se ajusta a lo que surge en la consulta clínica. También se aprovechan estas visitas para revisar el calendario de vacunas, algo clave en adultos que muchas veces dan por hecho que ya tienen todo al día y no es así.

Los antecedentes pesan más de lo que uno imagina

Cuando el médico pregunta “en tu familia hubo alguien con diabetes, con problemas cardíacos, con cáncer”, no lo hace por curiosidad. Los antecedentes familiares son una de las llaves para definir qué tan seguido conviene controlarse y a partir de cuándo empezar. Si en la familia directa hubo enfermedades cardíacas, diabetes o determinados tipos de cáncer, es posible que los controles deban comenzar antes o repetirse con mayor frecuencia. Sobre este punto, Michelle Spencer, enfermera especializada certificada de la Universidad de Utah, señaló que los cuidados preventivos contemplan el historial médico personal, los antecedentes familiares y el estado presente de salud para armar un plan individual, no una receta todos.

  • Entre los 20 y los 30 años, una persona sana y sin antecedentes relevantes puede requerir un chequeo cada uno a tres años.
  • A partir de los 40, las recomendaciones suelen orientarse hacia controles anuales, sobre todo por el inicio de la mediana edad y la acumulación silenciosa de factores de riesgo.
  • Entre los 45 y los 75 años se recomienda incorporar la detección de cáncer colorrectal; la colonoscopia cada diez años es una de las alternativas, pero los antecedentes pueden adelantar el inicio y modificar la frecuencia.
  • Durante el embarazo, las consultas prenatales periódicas permiten detectar a tiempo complicaciones como preeclampsia, diabetes gestacional, alteraciones en el crecimiento fetal u otras situaciones que requieren seguimiento cercano.

Volviendo a Marta y a la mesa servida

Mientras le conversaba, Marta me hacía acordar a la palabra que se usa en algunas zonas del Litoral para nombrar a esa sensación de bienestar engañoso: el guaraní nos presta el término “jevy”, que se traduce aproximadamente como “estar entero”, y que muchas veces usamos para convencernos de que no falta nada por revisar. Marta, “entera”, creía estar perfecta; el turno con la médica, en cambio, le abrió los ojos a tiempo. La escena del umbral se repetirá esta semana en miles de hogares argentinos, con un mate recién cebado y la misma duda de siempre: ¿vale la pena ir al médico si no me duele nada? La respuesta, que es también la conclusión de toda esta nota, sigue siendo la misma: sí, vale la pena. Precisamente porque todavía no duele. A los 40, a los 50, a los 60, en cualquier edad: el chequeo no espera a que el cuerpo se queje. Y es, casi siempre, la diferencia entre llegar a tiempo y lamentarse después.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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