Saltar al contenido
Sábado, 10 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

Cuando faltan dientes, qué pasa con la cabeza: la conexión que muchos adultos mayores descubren demasiado tarde

Una revisión de 14 estudios detectó que perder más de una pieza dental en la vejez se asocia con un riesgo sensiblemente mayor de deterioro cognitivo y demencia. La inflamación de encías, el bruxismo y la boca seca también forman parte del cuadro, según una guía reciente de Harvard.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 1 h
Cuando faltan dientes, qué pasa con la cabeza: la conexión que muchos adultos mayores descubren demasiado tarde

A Marta, mi vecina de 67 años, le sacaron dos muelas el año pasado y pensó que con eso terminaba el asunto. Volvió a su casa con la receta del antibiótico, dejó de masticar del lado izquierdo y casi sin darse cuenta empezó a almorzar sola, sin ganas de juntarse con las amigas del barrio. No es un caso raro, ni mucho menos: lo que le pasó a Marta resume, casi palabra por palabra, lo que viene señalando la literatura científica sobre salud bucal en la adultez mayor, esa zona de la vida donde un diente que se pierde arrastra consigo algo más que una molestia al masticar.

Lo que muestra la revisión publicada en JAMDA

La revista JAMDA difundió en los últimos meses una revisión que reúne 14 estudios sobre adultos mayores y pérdida dental. El dato que más llamó la atención es que quienes habían perdido más de un diente presentaban cerca de un 50 por ciento más de riesgo de deterioro cognitivo y alrededor de un 28 por ciento más de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia, siempre en comparación con personas que conservaban su dentadura. Los propios autores aclaran que estamos frente a una asociación estadística, no a una relación de causa y efecto comprobada, y mencionan que en el medio juegan la inflamación prolongada, los hábitos alimentarios, el acceso a atención odontológica y las enfermedades previas. Aun con esos matices, la magnitud de la diferencia es lo suficientemente llamativa como para que la consulta con el dentista deje de ser un trámite aislado y pase a formar parte del chequeo general.

También aparece con fuerza en los estudios la inflamación de encías, esa que los odontólogos llaman gingivitis y que en la conversación diaria muchísima gente identifica con las encías que sangran al cepillarse. Cuando esa inflamación se vuelve crónica y nadie la trata, puede avanzar hacia los tejidos que sostienen cada pieza y transformarse en periodontitis, que en etapas avanzadas es lo que termina aflojando los dientes hasta que se caen solos. En ese recorrido, distintas investigaciones la vincularon con enfermedades cardiovasculares, con problemas pulmonares, con obstrucciones en los vasos sanguíneos e incluso con accidentes cerebrovasculares. Tampoco en estos casos se pudo establecer una causalidad directa, pero la asociación reiterada es lo que llevó a que las sociedades médicas empezaran a recomendar controles odontológicos periódicos como parte del seguimiento habitual de las personas grandes, al mismo nivel que el control de la presión o del colesterol.

Molestias cotidianas que también envejecen con nosotros

  • Sensibilidad dental: suele aparecer cuando las encías se retraen y dejan expuesta parte de la raíz, o cuando el bruxismo fue desgastando el esmalte con el paso de los años.
  • Bruxismo: el clásico apretar o rechinar los dientes durante la noche; una férula nocturna, calibrada por el profesional, ayuda a distribuir la presión y a distinguir cuándo el origen es odontológico y cuándo requiere otro tipo de evaluación.
  • Boca seca: se produce cuando baja la cantidad de saliva, complica masticar, tragar, hablar e incluso disfrutar los sabores, y aparece como efecto secundario de muchos medicamentos que consumen los adultos mayores, además de estar asociada a diabetes, accidente cerebrovascular, alzhéimer y algunas enfermedades del sistema inmune.

Hay un costado de la pérdida dental que no siempre entra en los papers pero que a mí, como cronista de la vida cotidiana, me parece igual de importante: el silenciamiento social. Personas como Marta, que de pronto evitan una charla en la fila del banco, una foto en un cumpleaños o una sobremesa en el club, porque les incomoda que se note el hueco o porque la dentadura postiza les juega una mala pasada en el momento menos pensado. Ese correrse del mundo, ese empezar a decir que no a los encuentros, termina alimentando el aislamiento, y el aislamiento, en la vejez, es uno de los factores que más pesan sobre la salud mental y sobre la merma de las capacidades cognitivas. Por eso, cada vez que hablo con odontólogos que trabajan con adultos mayores, insisten en lo mismo: no hay que separar la boca del resto del cuerpo, ni la boca de la vida social.

Qué recomienda la guía de Harvard Health Publishing

La guía reciente de Harvard Health Publishing pone el acento en los hábitos diarios, los que se sostienen con disciplina y no requieren grandes inversiones. Cepillarse al menos dos veces por día con pasta fluorada, usar hilo dental o cepillos interdentales para limpiar lo que el cepillo no llega, controlar la dieta reduciendo las bebidas muy azucaradas y los snacks ultraprocesados, dejar el cigarrillo si todavía está al alcance de la mano, y especialmente no saltear las visitas al odontólogo aunque no duela nada. El dolor suele ser la última señal de un problema que venía madurando en silencio, y en los adultos mayores muchas veces directamente no aparece. A esa rutina, los especialistas suman una hidratación constante para aliviar la boca seca y el uso de humectantes o sustitutos salivales cuando el médico lo indica. Ahora bien, la guía también es clara en un punto: hay señales que justifican pedir turno sin esperar, entre ellas el sangrado de encías que se repite, un diente que se mueve, una sensibilidad nueva que aparece de un día para otro o cualquier cambio en la mordida. Cuando aparece alguna de esas señales, la consulta deja de ser preventiva y pasa a ser urgente, porque en la adultez mayor el tiempo corre de otra manera y una encía que se inflama hoy puede ser, mañana, un diente que se pierde y, más adelante, un problema que excede a la boca.

PM
Paola MezaSociedad y vida

Te puede interesar