Alemania se reinventa al aire libre: siete formas de dormir entre árboles, ríos y playas sin pisar un hotel
Cabañas sobre pilotes, tiendas colgadas en laderas, tiny houses con ruedas, vagones de circo y sillas de playa con ojo de buey. Un recorrido por las propuestas de alojamiento alternativo que el país germano ofrece para la temporada otoñal.
En un otoño europeo que invita a bajar el ritmo y mirar hacia los bosques que cambian de color, Alemania ofrece un catálogo insólito de alojamientos que parecen diseñados para alguien que ya se cansó de la calefacción del hotel y de la moqueta sintética del pasillo. Se trata de siete propuestas distribuidas a lo largo del país, cada una en una región distinta, que combinan naturaleza con niveles variables de confort, y que van de lo decididamente aventurero a lo contemplativo, sin por eso renunciar a una bañera de hidromasaje cuando el cuerpo lo pide.
¿Qué se puede encontrar en el parque de aventuras Tripsdrill?
En el suroeste alemán funciona el parque de aventuras Tripsdrill, donde unas cincuenta cabañas y caravanas de pastor se elevan hasta cinco metros del suelo del bosque, apoyadas sobre pilotes de madera de robinia. La construcción prioriza la ventilación cruzada y la vista permanente hacia el follaje, de modo que dormir allí significa hacerlo suspendido entre copas, con el ruido del viento como única cortina.
¿Y si la opción es colgar la carpa del propio árbol?
En el valle del río Sarre, cada sábado se instalan tiendas de campaña entre los árboles, al borde de laderas pronunciadas que caen hacia el cauce. El meandro del Saar, uno de los paisajes más retratados de esa región, sirve de fondo permanente desde las carpas, especialmente de madrugada, cuando la niebla se pega al agua y el silencio parece algo más que una palabra.
En Baviera aparece una tiny house apodada Hyt, una suerte de cabaña compacta sobre ruedas que se estaciona en el lindero del bosque. El diseño sacrifica metros pero no confort: incluye bañera de hidromasaje y acceso a una posada cercana para quienes necesiten un plato caliente después de la ducha al aire libre.
¿Qué hay del lado más tranquilo del alojamiento alternativo?
A orillas del río Oder, en Brandeburgo, el establecimiento Naturerlebnishof Uferloos ofrece un abanico que va desde parcelas de camping tradicionales hasta vagones de circo reconvertidos y yurtas. El lugar alquila canoas y bicicletas, organiza recorridos nocturnos para observar murciélagos y dispone de una granja con animales para quienes viajen con chicos o, simplemente, necesiten reconectar con lo elemental.
- En Witzenhausen, centro del país, las construcciones forestales de madera y materiales reciclados incluyen una casa de corcho, una casa de troncos en altura y una casa de bolas en los árboles, además de un bar-restaurante y una sauna dentro del bosque.
- En el Parque Nacional de Eifel funciona un Tiny House Village con cabañas para dos o cuatro personas, construidas con materiales naturales, terraza propia y, en algunos casos, sauna o ventanas panorámicas orientadas al cielo nocturno; el predio de 15.000 metros cuadrados está libre de automóviles.
- En el Mar Báltico, entre las localidades de Fehmarn, Travemünde y la bahía de Lübeck, es posible pasar la noche en sillas de playa techadas con ojo de buey, un diseño que protege del rocío y la lluvia y permite dormir con el sonido del mar y el cielo estrellado a la vista.
Siete opciones, siete regiones y una misma invitación: tratar al bosque, al río o al mar como alojamiento y no como paisaje de postal. La pregunta de fondo no es cuál de estas camas improvisadas conviene reservar, sino hasta qué punto el viajero europeo está dispuesto a aceptar que la comodidad también puede ser relativa cuando el verdadero lujo es escuchar, antes que nada, el ruido del entorno.
