Whalefall: cuando el estómago de una ballena se vuelve confesionario
Brian Duffield dirige una película que arranca como historia de supervivencia extrema y termina siendo un duelo entre un hijo y la memoria de su padre, con Austin Abrams cargando casi todo el peso de la propuesta.
Les quiero contar de entrada que Whalefall me agarró desprevenido, y eso que vengo siguiendo la carrera de Brian Duffield desde sus tiempos en la pantalla chica. La película arranca donde casi nadie se atreve a poner la cámara: en el estómago de una ballena gigante, con un hombre luchando por respirar, pensar y sobrevivir en un espacio que parece inventado por un artesano del delirio. Esa primera media hora es, a mi criterio, lo más genuinamente arriesgado que va a ofrecer el género de supervivencia en mucho tiempo, y no es una frase hecha para adornar la nota.
Porque acá está el truco, y lo digo con la franqueza del que ya se sentó en la butaca: Whalefall no es una película de aventuras submarinas. Es un dispositivo emocional disfrazado de filme de acción. Austin Abrams, al que muchos recordarán por Resident Evil y por papeles más introspectivos, se queda prácticamente solo dentro del cetáceo, y ese aislamiento le permite a Duffield hacer algo que me parece admirable: transformar la anatomía de un animal marino en un confesionario. El protagonista habla con su padre muerto, reconstruye peleas viejas, se reprocha silencios, y en ese ir y venir entre el flashback y la lucha por salir con vida, la película va armando, casi sin que uno se dé cuenta, un drama familiar con todas las letras.
El recuerdo como motor del suspenso
Lo que me resulta más interesante, y lo subrayo porque pocas veces lo veo tan claro en una propuesta comercial, es que el filme entiende que el suspenso verdadero no nace solo del reloj que corre o del oxígeno que falta. Nace de lo que una persona se dice a sí misma cuando ya no tiene a quién contarle. En ese sentido, Whalefall me trajo de manera directa el eco de Ad Astra, esa película de James Gray con Brad Pitt que muchos subestimaron y que, a la distancia, gana lectores. Si a ustedes les gustó esa frecuencia, donde la aventura era casi un pretexto para que un hijo hablara con la imagen de un padre ausente, van a encontrar acá un pariente cercano. Si en cambio buscan adrenalina sin filtro, el recorrido puede sentirse más lento de lo esperado, y conviene que lo sepan antes de comprar la entrada.
El diseño del interior de la ballena es, a mi entender, uno de los grandes logros del filme. Duffield y su equipo de arte construyeron un espacio que parece vivo, húmedo, opresivo, con luces que parpadean como si el animal mismo estuviera respirando alrededor del protagonista. Los efectos visuales, que crecen sobre todo en el tramo final, están al servicio de la emoción y no al revés, algo que celebro porque en el cine actual es cada vez más raro: la pirotecnia técnica suele comerse al personaje, y acá no pasa. Abrams sostiene la escena con oficio y con una fragilidad que se agradece; su personaje no es un musculoso de manual, es un hijo roto intentando zafar de un lugar del que, en el fondo, tampoco quiere salir del todo.
Mi recomendación, con la honestidad de siempre
Les voy a ser claro, como me gusta serlo en esta sección: recomiendo Whalefall, pero con una advertencia que me parece de orden casi ético. Esta no es la película para ver un domingo a la tarde buscando distraerse. Es una película para ir a verla cuando uno tenga ganas de dejarse interpelar por la relación con los propios padres, con los dichos a tiempo y los muchos más que se callaron. A mí, que ya peino algunas canas y que cargué con las mías propias, me sacudió más de lo que esperaba. A un amigo más joven, en cambio, le resultó un tanto solemne, y hasta un poco repetitiva en sus escapes dentro de la ballena. Las dos lecturas son legítimas, y eso, lejos de ser un defecto, me parece una de las señales de que estamos ante una obra que piensa al espectador como un interlocutor y no como un consumidor pasivo de fuegos artificiales.
“Si te gustó Ad Astra, esta película te va a hablar en un idioma familiar; si solo buscás acción desatada, preparate para un ritmo más introspectivo de lo que el trailer sugiere.”Aníbal Benítez
