Una remera, un guardapolvo y la historia entera: la moda argentina como archivo de sus crisis
El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires abre "Vestir mundos", una muestra que lee la indumentaria nacional desde los años noventa hasta hoy como un documento de época. Restricciones, debates ambientales e identidades regionales conviven en seis núcleos que estarán vigentes hasta julio de 2027.
A mí me gusta empezar por las cosas simples, las que uno tiene delante de los ojos sin prestarles atención. Pienso en el guardapolvo blanco que mi vecina Marta cuelga cada mañana en la percha de la cocina, en la remera con la que mi cuñado va a hacer las compras, en el tapado negro que sobrevive colgado en el placard desde hace quince inviernos. Ropa, dirá cualquiera. Pero el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, junto a la Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino), acaba de abrir "Vestir mundos", una exposición que propone exactamente lo contrario: mirar cada prenda como si fuera un documento de época, un papel firmado por su tiempo.
La muestra abrió el 10 de septiembre y va a quedarse hasta el 1 de julio de 2027, o sea que hay tiempo de sobra para tomarse el colectivo hasta San Telmo y visitarla con calma. La curaduría la firman Franco Chimento y Raúl Flores, y el recorrido se ordena en seis núcleos temáticos alrededor de una idea que a mí, como periodista y como ciudadana, me resulta irresistible: los diseñadores argentinos hicieron de la restricción y de la crisis una materia prima, casi un material de trabajo. Chimento lo resume con una frase que vale la pena guardar: "Son diseños que dialogan con las inquietudes de su tiempo y transforman la carencia o la dificultad en potencia".
De las crisis de los noventa a la moda como trabajo
Los primeros núcleos de la exhibición repasan las respuestas creativas a las crisis socioeconómicas de fines de los años noventa y comienzos de los dos mil, esa época en la que a muchos argentinos les alcanzaba justo para llegar a fin de mes. La firma Trosmanchurba, de Martín Churba y Jessica Trosman, aparece en el recorrido con sus fusiones textiles, sus plásticos quemados a propósito y sus materiales descartados convertidos en piezas de autor, una manera de redefinir qué era ser sofisticado cuando sobraban las privaciones. También está la colección "Pongamos el trabajo de moda para siempre" (2004), hecha junto a la Cooperativa La Juanita, que resignificó el guardapolvo blanco como símbolo de trabajo autogestionado, esa prenda que durante décadas fue casi un uniforme y que acá vuelve a pensarse desde la economía popular.
Sostenibilidad, regiones y nuevos oficios
- El colectivo 12NA, de Mariano Breccia y Mercedes Martínez, desarma y recompone prendas de segunda mano para darles una segunda vida.
- Juliana García Bello trabaja con ropa heredada y manteles donados, como si cada tela llegara cargada de memoria familiar.
- La firma Therapy Recycle and Exorcise, con base en Córdoba y Berlín, lleva el suprarreciclaje a las subculturas nocturnas sin distinción de género ni de temporada.
- MANTO, de Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug, trabaja desde 1996 con hilanderas del norte argentino en lana de oveja y pelo de llama, combinadas con sastrería contemporánea.
- La salteña Roxana Liendro traslada técnicas de orfebrería, como el repujado y el cincelado, sobre textiles andinos como el barracán y el aguayo.
“La muestra propone leer la indumentaria como registro de las crisis, los debates ambientales y las identidades culturales del país.”Fundación IDA
Volver a empezar por la percha
Hay un detalle que me gusta rescatar antes de cerrar, y tiene que ver con cómo está armada la exhibición para el visitante común. Los últimos núcleos que se presentan abren la puerta a búsquedas más recientes, donde aparecen la biotecnología y la producción circular, con diseñadoras como Romina, cuyo apellido el material de base deja truncado pero cuya inclusión confirma que la escena está en movimiento, pensando qué hacer con los residuos de la industria textil y con las fibras del futuro. La idea de fondo, me parece, es que la moda argentina dejó de ser un asunto decorativo para convertirse en una manera de contar quiénes somos, qué nos falta, qué nos sobra y qué decidimos hacer con eso. Por eso me permito volver al principio, a la percha de la cocina de Marta y a esa remera que sobrevive a todas las modas: "Vestir mundos" nos invita a mirarla como se mira un diario del día después, con la sospecha de que cada costura lleva adentro un pedazo de su época. Y a mí, que cada tanto me toca traducir lo que pasa en la cultura a un lenguaje de a pie, esa vuelta de tuerca me reconcilia con el oficio.
