Tom el Lagarto, el personaje que Disney no quiso mirar y que igual se comió al mundo
Un clip nacido al margen del plan oficial, escondido al final de los créditos de otra película y rechazado para la convención D23 se transformó en la campaña más efectiva que Pixar tuvo para una historia original en años. La historia del descarte que se volvió fenómeno.
Lo confieso de entrada: hay noticias que me entretienen más que otras, y esta es de las que uno disfruta contando. Pero antes de meternos en el asunto, dejame que te ponga en clima con esa melodía que tantas veces me acompañó en la sobremesa de mi vieja, aquella zamba que decía que a veces las cosas más simples son las que terminan ganando la partida. Y eso, justamente, es lo que pasó con Tom el Lagarto, un personaje secundario de Hoppers, la película original que Pixar estrenó en 2026 y que terminó siendo presentada al mundo por un gag que nadie quería usar para venderla.
Un personaje nacido al margen del plan
La historia arranca con una pulseada interna que, vista en perspectiva, parece de manual. En Pixar sabían que tenían entre manos un clip potente: un lagarto que machaca un botón en un teléfono mientras una voz robótica repite, sin parar, la palabra LAGARTO. El material era tan absurdo como hipnótico, de esos que se te quedan pegados en la cabeza aunque no quieras. El problema fue que, del otro lado, en Disney, no lo veían como una herramienta útil para promocionar una película. Cuando el equipo propuso llevar ese momento a la presentación oficial de la convención D23, la idea fue rechazada de plano. El director Daniel Chong lo contó con honestidad en la View Conference, y te lo traduzco tal cual lo dijo: "No les culpo, porque si estás tratando de vender esta película... Quiero decir, yo no querría usar un lagarto para promocionarlo. No salen castores en esto, y Tom realmente no sale demasiado en esta película". La frase pinta el cuadro: había un equipo creativo convencido de su hallazgo y una casa madre con el olfato puesto en otro lado.
Lo que pasó después es de esas cosas que el marketing tradicional no puede explicar. La productora Nicole Paradis Grindle, que conocía el material porque lo había visto nacer, organizó un operativo silencioso para que los animadores pudieran terminar el clip en los huecos libres que dejaba la producción principal. No era una prioridad, ni siquiera figuraba en los planes serios: era un capricho laboral, una especie de apostamiento personal del equipo. El resultado quedó escondido al final de los créditos de Elio, otra película del estudio, donde nadie esperaba que nadie llegara.
“Crear un meme no es algo que se pueda planificar.”Nicole Paradis Grindle, productora de Hoppers
Pero llegó alguien. Un espectador que se quedó hasta el último segundo de la función, que agarró el teléfono y grabó la pantalla justo cuando Tom el Lagarto empezaba a machacar el botón. Subió ese video a YouTube y, a partir de ahí, la cadena de reposts hizo el resto del trabajo. En pocas semanas el material se multiplicó: aparecieron remixes musicales, versiones traducidas a otros idiomas, sesiones de cosplay con gente disfrazada del personaje y, sobre todo, tatuajes. Tom el Lagarto dejó de ser un personaje secundario de una película de Pixar para convertirse en un fenómeno cultural de internet, con la paradoja de que todo eso ocurrió mientras Disney no había puesto un centavo en promocionarlo como tal.
A esta altura ya lo habrás notado: lo que más me gusta de esta historia es el contraste. Por un lado, una industria gigante, acostumbrada a planificar cada movimiento de sus campañas, que dijo que no. Por el otro, un grupo de animadores que trabajó en los márgenes, un espectador con paciencia de quedarse hasta el último segundo y un personaje feo como un demonio que igual generó más conversación que cualquier pieza oficial. La propia Grindle lo reconoció, y vuelvo a citarla porque la frase es de esas que uno quiere guardar: "Crear un meme no es algo que se pueda planificar", admitió, aunque enseguida aclaró que el fenómeno "abrió los ojos al departamento de marketing de Disney y Pixar a nuevas posibilidades de cómo crear una consciencia de marca para películas originales". Es, si te parás a pensarlo, una confesión enorme envuelta en una sonrisa.
Una pregunta abierta para Pixar
Porque acá aparece el punto que me parece más interesante para charlar en casa, con un mate de por medio. Pixar viene de años en los que apostó fuerte por las continuaciones y por las marcas conocidas, por lo que ya estaba probado que funcionaba en la caja. Hoppers representa el caso inverso: una historia original que logró visibilidad masiva sin apoyarse en personajes previos ni en el peso de una franquicia instalada. ¿Eso significa que el estudio encontró un camino nuevo para sus próximas películas? ¿O fue Tom el Lagarto simplemente un accidente afortunado, una de esas jugadas que salen bien una vez y no se pueden repetir? Te lo dejo planteado porque la respuesta, a esta altura, no la tiene nadie. Lo que sí sabemos es que un lagarto al que no querían mirar terminó enseñándole a Disney una lección que no estaba en ningún manual de marketing.
Si te quedó la curiosidad como a mí, te recomiendo que vayas a Hoppers con tiempo y con el celular cargado. Fijate los créditos con atención, quedáte hasta el final y, cuando aparezcan los pequeños guiños al clip que cambió todo, acordate de que lo que estás viendo nació casi sin permiso. Y si en la platea de al lado ves a alguien grabando con una sonrisa enorme, no lo juzgues: capaz está fabricando, sin saberlo, el próximo fenómeno viral del estudio. Esa es la mejor parte de esta historia, y me permito recomendártela como quien recomienda un disco que no te podés perder.
