"The Good Place": cuando la filosofía se cuela en la comedia y obliga a repensar cómo vivir
La serie de Michael Schur, con Ted Danson, William Jackson Harper y Kristen Bell, propone un recorrido en cuatro temporadas y 53 episodios que combina el humor absurdo con preguntas incómodas sobre la moral, el egoísmo y la posibilidad de cambiar.
A veces uno vuelve a una serie ya terminada y descubre que el tiempo la puso en su lugar, como pasa con esos chamamés viejos que uno guardaba en un cassette y que de golpe suenan con otra profundidad. Eso me pasó con "The Good Place", la comedia que Michael Schur pensó como una sitcom sobre el más allá y que, capítulo a capítulo, se fue transformando en una de las reflexiones más serias y a la vez más divertidas que haya ofrecido la televisión reciente sobre cómo vivimos, cómo decidimos y cómo nos relacionamos con los demás.
A lo largo de cuatro temporadas y 53 episodios, la historia sigue a Eleanor Shellstrop, interpretada por Kristen Bell, una mujer que llega después de morir a un lugar reservado para las buenas personas. El problema, y aquí aparece la primera gran incomodidad de la serie, es que Eleanor sabe perfectamente que su vida en la Tierra no justifica ese destino: estuvo marcada por el egoísmo, las picardías y la falta de consideración más absoluta hacia quienes la rodeaban. Esa contradicción entre su pasado y su presente eterno es la que pone en marcha todo lo demás.
Un elenco que se banca la idea más arriesgada
Lo admirable de "The Good Place" es que la premisa, que en cualquier otra serie podría haber quedado en un chiste repetido, acá se sostiene porque Schur construyó un elenco dispuesto a tomársela en serio sin perder el humor. Ted Danson, el eterno "Sam Malone" de "Cheers", vuelve a demostrar que sabe habitar un lugar cómico con capas profundas: acá interpreta a Michael, el arquitecto del vecindario donde transcurre la nueva vida de los personajes, un ser que parece celestial pero que guarda más dudas de las que admite.
A su alrededor, William Jackson Harper compone a Chidi, el profesor de filosofía que carga con la tortura de querer actuar siempre de manera moralmente correcta y termina siendo la conciencia intelectual del grupo. Jameela Jamil, a quien muchos recordarán por su labor como conductora y activista, se pone en la piel de Tahani, esa mujer cuya perfección aparente esconde un pozo de inseguridades que la serie va desnudando con paciencia. Y Manny Jacinto, el gran hallazgo del programa, le da vida a Jason, un personaje que parece el menos preparado para los debates filosóficos y que sin embargo termina siendo el más entrañable de todos.
El utilitarismo, Kant y un margarita en el más allá
Lo que distingue a "The Good Place" de cualquier otra comedia sobre la vida después de la muerte es la decisión de tomar en serio la filosofía y, al mismo tiempo, no privarse del humor más absurdo. En sus capítulos conviven las referencias a Kant, al utilitarismo y al consecuencialismo con criaturas fantásticas, con situaciones imposibles y con un helado que se sirve como si fuera lo más importante del universo. Esa mezcla es la que sostiene la propuesta y la que la vuelve adictiva: uno ríe mientras, sin darse cuenta, empieza a pensar en por qué hizo lo que hizo ayer.
- Eleanor Shellstrop (Kristen Bell): la protagonista que llega al "lugar bueno" sin merecerlo y debe decidir qué hacer con esa segunda oportunidad.
- Chidi Anagonye (William Jackson Harper): el profesor de filosofía que se vuelve clave para que el grupo entienda qué significa actuar bien.
- Tahani Al-Jamil (Jameela Jamil): la elegante vecina cuya imagen de perfección esconde viejas heridas familiares.
- Jason Mendoza (Manny Jacinto): el menos filosófico del grupo, pero el más humano en sus reacciones.
- Michael (Ted Danson): el arquitecto del vecindario, cuya mirada sobre los humanos cambia con el correr de las temporadas.
El recorrido de la serie también deja lugar para la pérdida, para el paso del tiempo y para el peso que tienen quienes nos acompañan. A medida que avanzan los capítulos, las preguntas sobre la moral se van entrelazando con otras preguntas más simples y a la vez más profundas: a quién elegimos para compartir la vida, cuánto influimos en los demás y qué sentido le damos al tiempo que nos toca. La ficción cuenta con un desenlace que cierra el viaje de sus protagonistas y que, sin spoilear nada, deja una sensación que perdura varios días después del último capítulo.
“Yo se la recomiendo a quien tenga ganas de reírse con una comedia que no le tiene miedo a pensar. "The Good Place" es de esas series que uno termina mirando solo en la casa, y al rato está escribiendo un mensaje a un amigo para decirle "mirá esto" porque necesita comentarlo con alguien. Y a usted, lector, le dejo la pregunta que me quedó dando vueltas: ¿qué dilema de la serie le gustaría sentarse a discutir un domingo a la tarde, con un mate de por medio?”Aníbal Benítez
