Siete jornadas bajo el agua en Neuquén: el operativo que sostiene a la ciudad cuando el cielo no da tregua
Una semana entera de lluvias puso a prueba el sistema pluvial de la capital neuquina. El municipio desplegó cuadrillas las 24 horas y los vecinos aprendieron a convivir con motobombas, rejillas tapadas y llamados al 103. El viernes podría cerrar la racha, pero la Meseta y Valentina Norte siguen mirando al cielo.
Son pasadas las siete de la mañana del jueves y en la casa de Marta Aguirre, 52 años, vecina del barrio Valentina Norte, el balde que dejó en la puerta de calle ya tiene tres dedos de agua. No es una inundación, aclara enseguida mientras acomoda la puerta mosquitera, pero alcanza para arruinarle el de ir a la verdulería. Siete días seguidos lloviendo en Neuquén capital, me dice mientras se seca las manos en el repasador, ya no sé si sacar las zapatillas de lluvia o directamente comprarme botas de pescador. La broma le sale sin ganas, porque sabe, como saben todos en el barrio, que cuando la lluvia se queda tanto tiempo la palabra anegamiento deja de ser un tecnicismo y pasa a ser parte de la conversación cotidiana.
La ciudad lleva una semana completa con precipitaciones de distinta intensidad, y el municipio activó un esquema de emergencia que puso en la calle, desde el primer día de alerta, a equipos de Defensa Civil, Limpieza Urbana, Espacios Verdes, Mantenimiento Vial e Infraestructura. El operativo trabaja en coordinación permanente y, según pudo reconstruir este medio, los vecinos pueden reportar cualquier emergencia a través de las líneas 103 y 147, ambas con guardia las 24 horas, un dato que vale la pena anotar en la agenda del teléfono antes de que vuelva a encapotarse.
Lo que aguanta el sistema y lo que ya no
El subsecretario de Medio Ambiente y Protección Ciudadana, Francisco Baggio, explicó que la infraestructura de drenaje de la capital neuquina está pensada para absorber entre 15 y 20 milímetros de agua acumulada por día sin generar anegamientos graves en las zonas más pobladas. Esa capacidad se puso a prueba a lo largo de la semana y, según la evaluación municipal, los resultados fueron positivos en el casco céntrico, donde las obras recientes sobre la avenida Mosconi cambiaron el escenario. Las colectoras conectadas a ese corredor derivaron el agua hacia los desagües principales con una rapidez que sorprendió a más de un comerciante del Bajo, la zona que históricamente sufría cortes de tránsito y pérdidas en los locales cuando llovía dos o tres días seguidos.
Qué hacen las cuadrillas mientras sigue lloviendo
- Desobstrucción de rejillas y limpieza de bocas de tormenta en las esquinas con mayor acumulación.
- Mantenimiento de los ductos principales, con equipos Vactor que succionan sedimentos y restos de obra, como ocurrió en el cruce de Chubut y Santa Cruz.
- Extracción de agua estancada mediante motobombas en calles de tierra donde la maquinaria pesada no puede ingresar.
- Acompañamiento a vecinos y al transporte público en los barrios del sur, a través del sistema de lagunas de atenuación del barrio 127 Hectáreas, un predio de más de nueve hectáreas que absorbe el excedente cuando el río Limay sube y el arroyo Durán y el canal Villa María no alcanzan a desagotar con normalidad.
- Nivelación y reparación definitiva de las calles afectadas, tareas que se reanudarán cuando el suelo esté firme y el barro deje de tragar las máquinas.
El sistema de desagüe de Neuquén vuelca sus aguas hacia dos colectores principales: el arroyo Durán y el canal Villa María, ambos con descarga final en el río Limay. Cuando el Limay crece por las lluvias en la cuenca alta, el municipio activa las lagunas de atenuación del barrio 127 Hectáreas, un mecanismo que funciona como un pulmón: retiene el agua para bajar el nivel del arroyo y acelerar el drenaje en los barrios del sur, un circuito que los ingenieros locales describen, sin dramatismo pero con precisión, como la manera en que la ciudad aprende a convivir con el agua en lugar de pelearse con ella.
La otra ciudad: Meseta y calles de tierra
Hay un Neuquén que no figura en los planos del centro y que estas lluvias dejaron a la vista. En los barrios sin cordón cuneta ni asfalto, sobre todo en algunos sectores de la Meseta y de Valentina Norte, el escenario es otro. El barro impide el ingreso de maquinaria pesada, las motobombas trabajan a destajo y las tareas definitivas de nivelación tendrán que esperar a que el suelo se seque. Marta, la vecina de Valentina Norte, lo resume con una frase que en criollo, en guaraní diríamos jepyré, alcanza para entender todo: cuando para de llover, empieza el otro trabajo. La frase le salió sin pensarla, mientras miraba cómo el agua bajaba por la calle de tierra y se perdía rumbo al arroyo más cercano.
“Cuando para de llover, empieza el otro trabajo. Acá el barro se queda una semana más y las máquinas recién pueden entrar cuando el piso se endurece.”Marta Aguirre, vecina de Valentina Norte, 52 años
El pronóstico anticipa para los próximos días lluvias variables hasta el viernes, con posibilidad de tormentas puntuales, de modo que el operativo seguirá en la calle mientras el cielo no termine de definirse. Mientras tanto, en la puerta de la casa de Marta, el balde ya desbordó por segunda vez esta mañana, y ella lo vuelve a vaciar en el patio con la misma paciencia de siempre, esa paciencia que en los barrios del oeste neuquino no es resignación sino una forma muy concreta de organizarse cuando el agua, una semana más, vuelve a instalarse en la vida cotidiana.
