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Jueves, 8 de octubre de 2026
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Pirovano defendió los números del cine y Fonzi retrucó con las deudas pendientes del sector

El titular del INCAA aseguró que los apoyos al cine argentino llegaron a 25 millones de dólares y que se firmaron acuerdos con Paraguay, Brasil e Italia. La actriz y directora marcó diferencias desde San Sebastián: dijo que las coproducciones se dificultan y que la industria depende cada vez más de las plataformas.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · · hace 14 d
Pirovano defendió los números del cine y Fonzi retrucó con las deudas pendientes del sector

Yo te quiero contar que en estas semanas volvió a escena un debate que en Argentina nunca termina de apagarse: cómo se financian las películas, cuánto dinero pone el Estado y qué lugar ocupan las plataformas. La discusión se reabrió por dos voces bien distintas, la del presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, Carlos Pirovano, y la de la actriz y directora Dolores Fonzi, que eligió San Sebastián para marcar sus diferencias.

Pirovano, en declaraciones que circularon esta semana, sostuvo que el organismo a su cargo destinó 25 millones de dólares a apoyos al sector durante el año al que refirió en sus declaraciones, una cifra que quintuplica los cinco millones que, según su propia comparación, se habrían ejecutado en 2023. Con ese número sobre la mesa, el funcionario buscó desmentir la idea de que se hubiera cortado la asistencia económica a la producción cinematográfica nacional, una sospecha que sobrevuela desde hace meses en buena parte de la comunidad audiovisual.

Cifras, estrenos y festivales como escudo oficial

El titular del INCAA también ofreció otros datos para mostrar movimiento: habló de 155 estrenos nacionales contabilizados y precisó que 30 de ellos corresponden a películas rodadas durante su gestión, una manera de exhibir resultados concretos. A la vez, mencionó que las convocatorias están abiertas y puso sobre la mesa la presencia de films argentinos en tres de los festivales más importantes del calendario europeo, los de San Sebastián, Venecia y Cannes, como señales de que la producción nacional sigue circulando afuera con cierto peso.

  • Apoyos al sector por 25 millones de dólares en el año mencionado por Pirovano, frente a 5 millones en 2023 según esa comparación.
  • 155 estrenos nacionales contabilizados por el INCAA, de los cuales 30 serían de su gestión.
  • Requisito de acreditar audiencia para acceder a subsidios, vinculado por el funcionario a la llegada de las películas a los espectadores.
  • Acuerdo con Paraguay para desarrollo y producción, con Brasil para coproducción y con Italia para dos coproducciones.

Del otro lado de la mesa se sentó, aunque sea de manera simbólica, Dolores Fonzi, que presentó en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián su película Mis muertos tristes y desde allí planteó un panorama bien distinto al que describe el funcionario. La actriz y directora recordó que durante años pudo trabajar en coproducciones con Francia, Bélgica y Alemania, siempre con la gestión del instituto como puente, y aseguró que esas posibilidades hoy están mucho más acotadas. En ese contexto lanzó una frase que resume su mirada sobre el presente: "Dependemos de las plataformas totalmente". Con esa definición apuntó a lo que muchos realizadores vienen repitiendo en los últimos tiempos: que el financiamiento tradicional ya no alcanza y que el futuro de la producción pasa cada vez más por los acuerdos con los grandes jugadores globales del streaming.

“Dependemos de las plataformas totalmente.”Dolores Fonzi, actriz y directora, en el Festival de San Sebastián

Yo, que vengo siguiendo estas polémicas desde hace años, te confieso que escucho estos cruces y me acuerdo de las discusiones de fines de los noventa y principios de los dos mil, cuando el cine argentino peleaba por sostener su propio mercado frente al avance de las multisalas y la importación a granel. Aquel debate tenía como protagonistas a productores como Lita Stantic y a directores como Luis Puenzo, que advertían que sin política de Estado el cine local iba a quedar reducido a unos pocos sobrevivientes. Pasaron más de dos décadas, cambiaron las tecnologías y los nombres propios, pero el corazón del problema sigue siendo el mismo: cómo hacer para que las películas argentinas lleguen a su público y, al mismo tiempo, puedan financiarse para existir. Lo que añade Pirovano, con sus cifras y sus acuerdos internacionales, es un intento de mostrar que el Estado no se retiró; lo que suma Fonzi, con su experiencia concreta, es el recordatorio de que los números macro no siempre se traducen en proyectos que un director o una directora pueden efectivamente levantar.

En definitiva, las dos lecturas conviven y se necesitan mutuamente para entender un momento complejo. Mi recomendación, si te interesa el tema, es prestar atención a los próximos estrenos y a los nombres que aparecen en los créditos de coproducción: ahí se va a ver, película por película, si los acuerdos con Paraguay, Brasil e Italia y los 25 millones que menciona el INCAA se transforman en obras concretas, o si el diagnóstico de Dolores, esa dependencia casi total de las plataformas que ella denuncia, termina siendo la foto más real del cine argentino que nos toca ver.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

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