Paredes o la fe delo en el Maracaná
Che, acá estamos de nuevo, con el corazón en la garganta y el Manual de Paredes en la cabeza. Boca va al Maracaná a buscar la final de la Copa Sudamericana y el fantasma de siempre: Leandro Paredes, el capitaine que se rompió el isquiotibial ante Instituto, viajó a Río como quien sube a una montaña rusa sabiendo que la correa puede fallar.
El desgarro era de grado dos, once días atrás, y los libros de medicina dicen que son tres semanas afuera. Pero Paredes no es de leer manuales, es de escribirlos a las patadas. Aceleró todo, metió doble sesión, se quedó dormido en el kinesiólogo y llegó a la práctica del Flamengo casi a la par del grupo. Arruabarrena lo miró, se rascó la perilla y dejó la frase que es himno xeneize: "Él quiere estar, pero hay un riesgo, ya veremos".
La sonrisa del Vasco
Al rato, cuando le preguntaron por el esfuerzo del cinco, el técnico se mandó una sonrisa cómplice y tiró dos palabras que son un tratado entero: "Es Leandro". Traduzco para los que lleguen tarde: es el pibe que se pone la diez en el botiquín y la cinta de capitán sobre el dolor.
Eso sí, el técnico fue claro como el agua del Río: la formación se define sobre la hora. No hay nombres tatuados. Si Paredes arranca, el equipo respira distinto; si no, habrá que inventar fútbol con los que queden, algo que a este Boca de los últimos partidos no le viene saliendo ni en la Play.
La receta de la derecha: mesura
Arruabarrenca, digo Arruabarrena, avisó que no van a salir a volverse locos de entrada. "Habrá momentos para defender, para atacar; el mensaje es tratar de arrancar ganando", tiró, como pidiendo permiso a la pelota para no pasar sobresaltos. Boca tiene que mejorar lo de la ida, donde la historia quedó abierta y el arco propio se hizo chiquito.
- Paredes viajó a Río pese al desgarro y completó la práctica casi a la par del grupo.
- Arruabarrena reservó la formación para último momento y habló de "riesgo".
- El técnico pidió calma: "No vamos a salir a volvernos locos de entrada".
- Boca necesita ganar o forzar penales para meterse en la final de la Sudamericana.
Mientras tanto, en la cantina del hotel, el menú fue el de siempre: milanesa con puré para los jugadores, y para mí, un café cortado que en Río vale una fortuna y sabe a orgullo. Paredes, el robot, el que se rompió y se arregló solo, es la gran duda. Pero ojo: las dudas también juegan, y a veces ganan.
Tabla de posiciones de mi cabeza: Paredes adentro, corazón afuera, Boca en la final.
