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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Nucha rescata tres tortasfundadoras para agasajar a las madres en su día

A seis meses de la partida de Regina Vaena, sus hijos ayudaron a recuperar la Torta Ángel, la mousse de caramelo y la frambuesa con chocolate blanco, que llevaban años fuera de la carta. Una historia que empieza en un garaje de Belgrano y termina en las mesas familiares de octubre.

Por Tomás GaunaTurismo y esteros · · hace 1 h
Nucha rescata tres tortasfundadoras para agasajar a las madres en su día

El primer domingo de octubre amaneció con esa neblina finita que se pega a los techos de Buenos Aires y que a mí siempre me hace acordar a las meriendas largas de mi abuela, esas donde la torta se cortaba en silencio y nadie hablaba hasta terminar la primera porción. Por eso, cuando me enteré de que Nucha volvió a poner en su carta tres preparaciones que su fundadora, Regina Vaena, había cocinado durante décadas y después dejó de hacer sin dar demasiadas explicaciones, sentí que la noticia iba más allá de la pastelería: iba directo a la memoria de las mesas argentinas. Y como el Día de la Madre está a la vuelta de la esquina, la coincidencia parece escrita a mano.

A seis meses del fallecimiento de Vaena, la marca que ella construyó desde un garaje en Belgrano decidió recuperar tres clásicos que llevaban años fuera de la carta: la Torta Ángel, la mousse de caramelo y la torta de frambuesa con chocolate blanco. Los productos ya están disponibles en los locales desde el 8 de octubre y se consiguen también a través de la tienda online.

Recetas perdidas que volvieron a la mesa

Lo más conmovedor de esta historia es que las recetas no estaban en la planta. Literalmente se habían perdido con el paso de los años. Lorena Monsón, pastelera a cargo del desarrollo, lo cuenta con la franqueza de quien sabe que está hablando de un patrimonio: "Ni siquiera teníamos las recetas; las tuvimos que buscar con sus hijos. No estaban en la planta porque hacía muchos años que no se hacían". Así, el primer gran proyecto post Vaena fue casi una tarea de detective familiar, rastreando entre cuadernos, indicaciones orales y memoria de los suyos para reconstruir paso a paso lo que Regina había horneado durante décadas.

Una fundadora que empezó con un solo molde

Para entender la dimensión del rescate hay que retrocedir a 1979, cuando Vaena arrancó con un solo molde, una cocina hogareña y diez paquetes de muestras que ella misma repartió en comercios del barrio de Belgrano. Esa misma noche tuvo que hornear sin parar para responder a los primeros pedidos. Era una de las primeras pasteleras en construir una marca propia en Buenos Aires, algo casi insólito en una época donde la pastelería era cosa de familia o de oficio aprendido a los apuro. Carlos Rava, gerente de la marca, recuerda su perfil poco a fuerza: "Aplicaba mucho de eso a sus recetas y a sus combinaciones, y desde el principio esas combinaciones gustaban, y gustaban mucho". La base combinaba tradición sefaradí, repostería judía, influencia inglesa y técnica francesa, herencia directa de su abuela Catalina, que preparaba dulces al sol. A eso sumó conocimientos de Química, carrera que cursó sin llegar a terminar y que, según cuentan, aplicaba con precisión de laboratorio a cada preparación.

El primer local fue el garaje de su casa en la calle Zabala. El día de la inauguración al público se agotó todo en una hora. La fila llegó a ocupar la vereda y, como la espera se hacía larga, sacaron dos mesitas y empezaron a ofrecer café. También introdujeron lo que después sería marca registrada: el cuadrado, esa porción individual que permitía probar varios sabores sin comprar una torta entera, un concepto que en los años ochenta no era habitual en la repostería porteña y que cambió para siempre la forma de comprar pasteles en la ciudad.

“Entiendo que no es lo mismo atender dos locales que diecisiete, y que en algún momento uno toma un atajo”Lorena Monsón

Las tres tortas que vuelven

De las tres preparaciones rescatadas, la Torta Ángel es la que más me hizo parar la oreja: lleva masa de harina de almendra, dulce de leche, frutillas, crema y merengue. "La masa es liviana, no es un bizcochuelo. Después tiene un relleno clásico de dulce de leche, frutillas y crema, tres ingredientes que le gustan a todo el mundo. Nada rebuscado, un sabor cotidiano", describió Monsón, como resumiendo la necesidad de cuidar la sencillez. A esa se suman la mousse de caramelo y la torta de frambuesa con chocolate blanco, dos preparaciones que en otra época fueron caballito de batalla de la casa y que hoy regresan con la expectativa de volver a ocupar un lugar central en la merienda familiar.

Si andan por Buenos Aires y quieren probar estas piezas de museo, les recomiendo acercarse a cualquiera de los locales de Nucha en la ciudad. Yo me inclino por el de Belgrano, que es casi una peregrinación: está a pocas cuadras de la calle Zabala donde todo empezó, y tomarse un café con un cuadrado de Torta Ángel mirando la vereda de aquel primer garaje tiene algo de viaje en el tiempo. Para dormir, si vienen de lejos, el Hotel Bilbao, en el mismo barrio, es una opción sobria y bien atendida. Y para comer, nada mejor que sentarse en cualquier confitería de la zona y pedir, sin culpa, dos cuadrados en lugar de uno, que para eso los inventó Regina.

Este domingo, entonces, si están buscando un regalo para mamá que no sea el de siempre, déjenla elegir entre la Torta Ángel, la mousse de caramelo o la frambuesa con chocolate blanco. Van a estar dando algo que ella quizá comió hace veinte años sin saber que estaba probando un pedazo de historia de la pastelería porteña. Y eso, créanme, vale más que cualquier perfume.

TG
Tomás GaunaTurismo y esteros

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