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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Mew2King se queda afuera del Xtreme Fighters Showdown por una plaga de chinches que lo persigue desde Ohio

Jason Zimmerman publicó fotos de picaduras en sus manos y piernas, los organizadores del torneo hablaron de "seguridad sanitaria" y él borró todo: la historia de uno de los jugadores más pesados de la historia de Super Smash Bros. Melee y de un escándalo que vuelve a sacudir a la escena competitiva de los juegos de pelea.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · · hace 1 h
Mew2King se queda afuera del Xtreme Fighters Showdown por una plaga de chinches que lo persigue desde Ohio

Ay, jehová, ya no aguanto más, decía un chamamé viejo que cantaba mi abuelo cuando las cosas se le ponían bravas en el campo. Y algo de ese ritmo triste me trajo a la memoria la historia de Jason Zimmerman, al que el mundo conoce desde hace más de dos décadas como Mew2King, una de las firmas más respetadas y más pesadas del Super Smash Bros. Melee, un chico que se hizo grande en los torneos de los Estados Unidos cuando todavía no existían las plataformas de streaming y había que ir a una sala con un tubo de TV para ver una final. Resulta que ahora, con el cuerpo lleno de picaduras y la casa tomada por una plaga de chinches, le comunicaron que no puede pisar el Xtreme Fighters Showdown 2026, y la noticia sacudió a la comunidad como si alguien hubiera bajado de un escenario a Nito Figueredo a los tirones.

Qué pasó y por qué importa

Lo concreto es así de simple: el pasado 15 de octubre, el propio Mew2King escribió en su cuenta de X que tenía las manos hinchadas y que no sabía si era por las miles de horas de práctica con el personaje Fox o por las picaduras que venía sufriendo en su casa de Ohio, mientras se subía a un avión con destino a Texas para sumarse al torneo. Junto al mensaje, Zimmermann publicó fotos que mostraban protuberancias rojas en ambas manos y en la pierna derecha, y en publicaciones posteriores contó que dos meses atrás ya había sumado cerca de cien picaduras en todo el cuerpo, que llevaba meses conviviendo con esa situación y que, por eso mismo, tenía planeada una mudanza a California para empezar de nuevo, como quien deja atrás un mal amor.

Las imágenes se viralizaron rápido, y como suele pasar en estas comunidades, los propios usuarios empezaron a encenderse: argumentaron que las chinches viajan con facilidad en valijas y en la ropa, y que eso volvía un riesgo concreto que un jugador en esa situación compartiera avión, hoteles y sala de juego con cientos de asistentes. Entonces la organización del Xtreme Fighters Showdown salió a comunicar lo suyo y, mirá qué manera de cuidar el verbo, dijeron textualmente: "Por la seguridad de nuestro evento, le hemos informado amablemente a Mew2King que no podrá participar ni asistir este fin de semana debido a una preocupación de salud reportada por él mismo. La salud y el bienestar de nuestros asistentes es nuestra prioridad". Frase de manual, sí, pero lo que dejó por escrito es que lo que arrancó como un pedido del propio jugador terminó convertido en una prohibición.

Lo que vino después y el contexto que rodea al caso

Cuando se conoció la decisión, Zimmerman borró todas sus publicaciones y no agregó una palabra más. Pero el episodio no cayó en el vacío, porque en los últimos meses la escena de los deportes electrónicos viene acumulando situaciones insólitas que reabren el debate sobre los límites entre la vida privada y la competencia. Para ponerlos en orden, vale la pena repasar:

  • Un jugador profesional de DotA 2 compitió con agentes policiales entrando y saliendo del lugar durante un allanamiento en su propio centro de entrenamiento.
  • En septiembre, un campeón de Pokémon VGC le echó la culpa de una derrota al mal olor de su rival, y la escena arrancó una campaña comunitaria que pide, ni más ni menos, que los jugadores se pongan desodorante antes de sentarse a competir.
  • Ahora se suma el caso de Mew2King, un referente histórico de Melee que queda afuera de un torneo por una cuestión de salud que él mismo denunció públicamente.

A mí, si me dejan opinar, lo que más me llama la atención es que un jugador de su trayectoria termine en el centro de una discusión que parece más propia de una mesa de salubridad pública que de un torneo de videojuegos. Mew2King es de esos gladiadores del pad que llevan más de veinte años compitiendo al más alto nivel, de los que bancaron la escena cuando no había sponsors ni prensa, y verlo afuera de un evento por culpa de unos insectos que le comieron la piel duele, y mucho. Pero también entiendo, y lo digo sin ironía, que cuando alguien sube fotos con picaduras a las redes y dice textualmente que tiene una plaga en su casa, los organizadores se cubran: nadie quiere un problema sanitario en una sala con quinientas personas. Lo que no me cierra es que la propia víctima de las picaduras termine siendo, en los papeles, el agente que se autoexcluye sin querer.

“El comunicado de la organización fue claro: "Por la seguridad de nuestro evento, le hemos informado amablemente a Mew2King que no podrá participar ni asistir este fin de semana debido a una preocupación de salud reportada por él mismo. La salud y el bienestar de nuestros asistentes es nuestra prioridad".”Dirección del Xtreme Fighters Showdown 2026

Y acá me agarra la pregunta del final de la nota, que es la que a mí me da vueltas en la cabeza desde que me enteré: cuánto debería pesar una situación de salud personal a la hora de decidir si un jugador puede entrar o no a un torneo. Porque una cosa es cuidar al público y otra muy distinta es castigar al que se anima a contar lo que le pasa. Yo le recomendaría al lector que no se quede solo con el titular de la exclusión: vaya a buscar viejas partidas de Mew2King en YouTube, mire cómo jugaba cuando era un pibe, y después piense si una plaga de chinches debería alcanzar para borrar de un plumazo a alguien que lleva media vida regalándonos finales que todavía se recuerdan. Y si andan con ganas de ir más allá, dense una vuelta por el archivo de las competencias de Smash, busquen las listas de aquel Top 8 del 2014, y van a entender por qué duele ver a un jugador así afuera de una sala por culpa de unos bichos que, dicho sea de paso, también merecen su propia guerra.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

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