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Viernes, 9 de octubre de 2026
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La VTV del amor: por qué cuesta revisar una pareja y qué dice Rolón sobre el deseo que nunca termina de apagarse

El psicoanalista y escritor Gabriel Rolón propuso hacer un “chequeo” periódico de los vínculos sentimentales y advirtió que la costumbre, la resignación y el miedo a quedarse solo pueden sostener relaciones que hacen sufrir. En diálogo con Luis Novaresio, habló además de un deseo que, incluso cuando se cumple, deja la huella de lo que falta.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 21 d
La VTV del amor: por qué cuesta revisar una pareja y qué dice Rolón sobre el deseo que nunca termina de apagarse

Lo confieso: la primera vez que escuché a alguien comparar una pareja con una VTV me pareció una exageración. Pero después de escuchar a Gabriel Rolón, sentado frente a Luis Novaresio, entendí que la imagen no es tan descabellada. Porque, seamos sinceros, ¿cuántos de nosotros llevamos años sin revisar cómo anda un vínculo que nos pesa o nos aburre? ¿Cuántos seguimos juntos por inercia, por miedo o, peor todavía, por resignación? El psicoanalista y escritor fue directo al hueso: la costumbre puede ser el peor enemigo del amor, y la soledad, el más cómodo de los pretextos para no animarse a mirarse adentro.

Mi vecina Marta, 52 años, me decía el otro día mientras tomábamos mate en la puerta de su casa, en Lanús, que llevaba “más de veinte años durmiendo al lado de un señor que no le habla, pero al menos no se queda sola”. No le pregunté si era feliz. La frase ya decía todo. Esa escena vuelve cada vez que alguien habla de los vínculos que sobreviven por agotamiento, y fue la primera imagen que se me apareció mientras repasaba las palabras de Rolón.

Una VTV para la pareja: la propuesta de Rolón

En la entrevista, el psicoanalista propuso detenerse a observar el estado de una relación como quien revisa un vehículo antes de un viaje largo. La idea es simple y, al mismo tiempo, incómoda: ¿qué aspectos del vínculo generan sufrimiento? ¿Qué cosas de la pareja uno no logra aceptar pero tolera? ¿Cuánto de lo que sigue junto responde al deseo genuino y cuánto a la costumbre de estar acompañado? Rolón fue claro al señalar que algunas personas “sufren porque no logran aceptar aspectos de su pareja que les desagradan” y otras “continúan después de haberse resignado”. En ambos casos, la propuesta es la misma: frenar, mirar y preguntarse qué sostiene la continuidad.

“El deseo te incomoda porque te señala la falta. Se desea lo que no se tiene.”Gabriel Rolón, psicoanalista y escritor

El miedo a estar solo: la compañía que no alcanza

Hay un punto que Rolón puso sobre la mesa y que a mí, particularmente, me dejó pensando. La compañía de alguien querido ofrece calma, dijo, pero no borra toda experiencia de soledad. Incluso un abrazo puede aliviar lo que una persona siente sin resolverlo por completo. Es una definición tan precisa comoa (cruel, para quien prefiera el castellano de toda la vida): estar acompañado no siempre equivale a dejar de sentirse solo. Y ese es, justamente, uno de los motores ocultos que llevan a sostener relaciones dañinas: el terror a perder la presencia del otro, aunque esa presencia ya no diga nada.

El deseo que nunca termina de apagarse

La segunda parte de la conversación me resultó especialmente reveladora. Rolón habló de la distancia que existe entre alcanzar algo deseado y dejar de sentir que algo falta. Para explicarlo, mencionó búsquedas muy distintas entre sí: una necesidad cotidiana, conseguir un trabajo, alcanzar un éxito, leer un libro, tener un hijo o encontrar una pareja. Según su interpretación, ninguna de esas búsquedas consigue eliminar definitivamente la sensación de vacío. Esa falta persistente, dijo, está ligada a la conciencia de que la vida y los afectos no son permanentes. La propuesta no es caer en el pesimismo, sino aceptar que la convivencia con esos límites forma parte de la experiencia humana. Dicho de otro modo: aun (incluso cuando conseguimos lo que queremos), queda la huella de lo que se fue o de lo que todavía no llega.

Vuelvo al comienzo y vuelvo a Marta, a su mate compartido y a esa pregunta que me quedó dando vueltas después de escucharlo a Rolón: ¿qué lugar tiene, en los vínculos cotidianos, la conversación sobre cuánto queremos y cuánto toleramos? Si la respuesta honesta es “casi ninguno”, tal vez la VTV del amor no sea una exageración. Tal vez sea, simplemente, una manera de recordar que revisar no es desconfiar, y que mirar lo que falta también puede ser una forma de cuidar lo que queda.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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