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Jueves, 8 de octubre de 2026
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La receta cotidiana para cuidar la memoria: lo que dejó un encuentro internacional en Buenos Aires

Nutrición, movimiento, cabeza activa, vínculos y controles cardiovasculares se combinan en una estrategia que se probó con 1.065 adultos mayores de once países. Especialistas contaron cómo adaptar esos hábitos a cada barrio, a cada bolsillo y a cada costumbre.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 21 d
La receta cotidiana para cuidar la memoria: lo que dejó un encuentro internacional en Buenos Aires

A veces uno se cruza en el colectivo con doña Ester, 67 años, y la escucha quejarse de que ya no recuerda dónde dejó las llaves. Ella se ríe, pero por dentro le preocupa. La verdad es que a esa edad, y también bastante antes, la memoria se vuelve un tema de conversación recurrente en cualquier mesa familiar. Y lo que dejó claro el encuentro internacional que se hizo en Buenos Aires es que cuidarla no depende de un solo truco, sino de una combinación de hábitos que se sostienen en el tiempo.

Cinco pilares para una misma causa

La propuesta que analizaron los especialistas apunta a mover varias palancas a la vez. La alimentación saludable, la actividad física, el entrenamiento de la mente, los vínculos sociales y el control de los factores cardiovasculares aparecen como las cinco columnas de un mismo edificio. Atender la presión arterial, la glucosa y el colesterol no es un consejo separado: es parte del mismo paquete, porque esos indicadores terminan afectando los vasos que irrigan el cerebro.

“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales.”Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS

Eso fue lo que remarció Lucía Crivelli cuando explicó cómo se adaptó el estudio a la realidad regional. La idea suena sencilla pero a veces se complica: no es lo mismo recomendar ciertos alimentos en una gran ciudad que en una comunidad donde el acceso a productos frescos es limitado. Por eso, las pautas nutricionales y la organización de las actividades se ajustaron a los recursos y las costumbres de cada lugar. En criollo, se trata de que el plan entre en la vida real de la gente y no quede en un folleto.

  • Participaron 1.065 personas de entre 60 y 77 años, distribuidas en 11 países.
  • El seguimiento se extendió durante dos años.
  • La intervención combinó alimentación, ejercicio, entrenamiento cognitivo, socialización y control de riesgos cardiovasculares.
  • Una modalidad ofreció actividades organizadas y contacto frecuente con equipos de salud; la otra dio recomendaciones para incorporar los hábitos de manera más autónoma.
  • El grupo con acompañamiento más estructurado registró una mejora en la cognición global.
  • El 80 por ciento tuvo una adhesión moderada o alta al programa y el 84,9 por ciento completó la evaluación final.

Lo que el estudio no promete

Ahora bien, vale una aclaración que los propios investigadores se encargaron de remarcar: estos resultados no significan que una rutina saludable garantice evitar la demencia. El enfoque busca reducir riesgos y sostener las capacidades cognitivas el mayor tiempo posible, pero no funciona como una promesa absoluta. Hay factores que escapan al control individual, como la carga genética o algunas condiciones que requieren tratamiento médico específico. Por eso, la consulta profesional periódica sigue siendo irremplazable.

Volviendo a doña Ester y a su charla en el colectivo: quizá lo más valioso de lo que se discutió en Buenos Aires no sea un hallazgo milagroso, sino recordarnos que la memoria se cuida con lo que hacemos todos los días. Caminar unas cuadras, llamar a una amiga, controlar la presión, entretenerse con un crucigrama, comer razonablemente bien. Son decisiones chicas que, sumadas y sostenidas, pueden hacer una diferencia enorme. Y en eso, como dice Crivelli, cada comunidad tiene que encontrar su propia manera de llevarlas adelante.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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