La noche en que las góndolas se arreglan solas: los robots que ya repiten los gestos del repositor en Dinamarca
Una cadena danesa entrena humanoides para que, mientras el súper está cerrado, se hagan cargo del trabajo más agotador de la tienda. La promesa es concreta para 2027 y el espejo para la Argentina es inevitable.
Imaginate llegar un lunes a tu supermercado de toda la vida y encontrar las estanterías tal cual las dejaste el sábado, impecables, con cada producto en su lugar y sin que nadie haya tocado nada a la vista. En Dinamarca esa escena ya dejó de ser ciencia ficción: desde junio de este año, robots humanoides están aprendiendo a reponer góndolas mientras las tiendas permanecen cerradas, y la idea es que para principios de 2027 lo hagan solos, en la oscuridad del local, sin un alma dando vueltas por los pasillos. Te lo cuento porque lo que se está probando allá, aunque parezca lejano, habla mucho de cómo viene cambiando el trabajo más cotidiano, ese que hacemos todos alguna vez y casi nunca pensamos quién lo sostiene.
Una tarea que se lleva la mitad del turno
A mí, cada vez que voy al súper me pasa lo mismo: me cruzo con una repositora agachada ordenando latas y me acuerdo de lo que era ese laburo cuando tuve quince años y me tomé un trabajo de fin de semana en un autoservicio. Doblar, levantar, identificar paquete por paquete, volver a empezar, miles de veces por turno. Según los datos que se manejan en el sector minorista europeo, reponer estanterías insume entre el cuarenta y el cincuenta por ciento de la jornada laboral de los empleados de supermercado. No es un dato menor: significa que prácticamente la mitad del día de trabajo de cualquier persona contratada en un súper se va en ese movimiento repetido y físico, el que termina dejándote la espalda hecha pedazos.
Por eso, cuando me enteré de que la cadena minorista más grande de Dinamarca, con más de dos mil tiendas repartidas en seis países europeos, decidió empezar a probar con humanoides equipados con inteligencia artificial, lo entendí sin necesidad de que nadie me lo explicara dos veces. El plan es tan concreto como ambicioso: entrenar a las máquinas de noche, cuando no hay clientes, y llegar a principios del año que viene con operación totalmente autónoma, sin que un operador humano tenga que estar corrigiendo cada gesto.
Cómo aprende un robot a hacer lo que vos hacés en piloto automático
La tecnología que están probando combina tres patas: visión artificial, que es básicamente los ojos del robot, aprendizaje automático, que sería algo así como su memoria y repetición, y actuadores físicos diseñados para imitar los movimientos del brazo humano. Acá viene lo central, y te lo subrayo porque es el dato que más me llamó la atención: hoy por hoy, cada uno de los movimientos de estas máquinas es guiado por un operador humano. Cada sesión genera datos que después el sistema usa para mejorar su capacidad de reconocer formas, tamaños y posiciones de productos distintos. Es, ni más ni menos, el mismo mecanismo por el que aprendemos las personas: haciendo, equivocándonos, corrigiendo, repitiendo.
Hay un detalle técnico que me parece justo compartirte para que no te lo imagines como en las películas. Reconocer artículos de distintas dimensiones todavía es uno de los desafíos más complejos del proceso. Por ahora, las máquinas trabajan más lento que una persona y necesitan supervisión constante. O sea, no estamos hablando de un Terminator acomodando yogures, sino de un ayudante torpe y aplicado que todavía se tropieza con el paquete de arroz y necesita que le digan dos veces dónde va el pote de manteca.
Por qué importa acá, aunque sea noticia de allá
A esta altura, te estarás preguntando qué tiene que ver todo esto con nosotros, que estamos del otro lado del mundo. Te lo digo con una frase que me sale de una conversación que tuve hace unos días con Marta, mi vecina de toda la vida, que tiene sesenta y dos años y trabaja medio turno en un supermercado de zona oeste. Cuando le conté la noticia, me dijo algo que se me quedó grabado: mientras haya máquinas que se encarguen de lo peor, nosotros vamos a tener que pelear por lo que vale la pena. Me parece que Marta, sin saberlo, acaba de poner el dedo en la llaga del debate. Porque la pregunta de fondo no es si los robots van a venir o no a los supermercados, eso ya se está decidiendo en los laboratorios y en los pasillos de las tiendas danesas, sino qué hacemos con el tiempo que se libera y cómo se reparten los puestos de trabajo que sobreviven.
El ensayo danés es, según coinciden los análisis que circulan en la prensa europea, uno de los más avanzados del continente en su tipo. Los próximos meses van a ser claves para definir si el modelo se vuelve referencia y empieza a copiarse en otras cadenas. Volviendo al inicio de la nota, a esa escena del lunes temprano con las góndolas perfectas que nadie tocó en tu presencia: lo más probable es que, en algún lugar de Europa, ya haya una máquina entrenando esa misma imagen para vos. La diferencia va a estar en si esa transformación nos agarra discutiéndola o nos agarba durmiendo, como diría mi vecina Marta, mientras acomoda una caja de galletitas sin quejarse.
