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Martes, 20 de octubre de 2026
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La infancia que cada uno guarda: por qué dos hermanos criados bajo el mismo techo pueden recordar mundos distintos

Las decisiones que toman los padres cuando son más jóvenes y los roles que se reparten entre los hijos terminan formando memorias que parecen pertenecer a familias diferentes. Una psicóloga argentina ayuda a entender por qué ese desencuentro duele tanto en la adultez.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 1 h
La infancia que cada uno guarda: por qué dos hermanos criados bajo el mismo techo pueden recordar mundos distintos

Me lo contó Graciela, 54 años, en la verdulería de la esquina, mientras discutíamos si el apio estaba caro. Tiene dos hermanos, los tres criados en una casa de Banfield con patio de tierra y un gato que se llamaba Bigote. Cada vez que se juntan, dice, termina la discusión de siempre: quién fue el preferido, quién recibió más castigos, quién la pasó mejor. Graciela jura que recuerda noches de hambre y silencios largos. Su hermana, en cambio, habla de cumpleaños con torta y tardes de juegos. En la misma casa, dicen vivir cosas distintas, y eso les sigue dando pelea.

El fenómeno tiene nombre y tiene razones, y no tiene nada que ver con que alguno mienta. Crecer con los mismos apellidos, dormir en los mismos cuartos y sentarse a la misma mesa no asegura una infancia compartida. Lo que cambia, sobre todo, es el momento de la vida en que llega cada hijo, y la versión de los padres que le toca conocer a cada uno.

Los padres no son los mismos con cada hijo

Un padre o una madre de veintipico no es la misma persona que a los cuarenta. En el medio pueden haber pasado duelos, crisis de pareja, apreturas económicas, cambios de trabajo, mudanzas, enfermedades. Cada hijo nace en un punto distinto de esa historia, y por eso convive con una versión distinta de quienes lo criaron.

“Los padres no son exactamente los mismos con cada hijo. Ellos también cambian, atraviesan duelos, crisis, separaciones, dificultades económicas, cambios laborales y transformaciones en la pareja.”Ana Paula Rivadero, psicóloga

El lugar en la familia también moldea el recuerdo

A eso se suma otra pieza, menos visible pero igual de poderosa: el rol que cada hijo ocupa desde chico. En cualquier familia se reparten lugares casi sin querer: el responsable, la sensible, el que siempre necesita una mano, el que la pega afuera, el rebelde. Esas etiquetas, a veces dichas en voz alta y a veces solo instaladas en la mirada de los adultos, van tiñendo lo cotidiano y la manera en que cada uno guarda lo que vivió.

  • Un estudio publicado en la revista The Journals of Gerontology entrevistó a 1.369 adultos de 498 familias y encontró que la mayoría de los hermanos criados en el mismo hogar recuerdan de manera diferente el vínculo con sus padres durante la infancia, sobre todo en el afecto recibido, la disciplina y los conflictos.
  • Esas diferencias suelen explotar en la adultez, en general a la hora de revisar herencias, cuidar a los padres o criar a los propios hijos, cuando los recuerdos chocan y aparece la pregunta de quién dice la verdad.
  • Rivadero propone dejar de lado la pulseada por la memoria correcta y preguntarse, en cambio, qué significa para cada uno aquello que recuerda.
  • Desde esa lógica, el conflicto no es uno contra otro, sino dos experiencias genuinamente distintas que nacieron de los mismos hechos. Aprender a leerlas así suele aliviar viejas peleas que parecían no tener arreglo.

Salí de la verdulería con el apio en la bolsa y una idea dando vueltas: la próxima vez que Graciela y sus hermanos se sienten a comer, en lugar de discutir quién tuvo la infancia más dura, tal vez puedan hacer el ejercicio inverso. Contarse qué vivieron cada uno y, sobre todo, por qué lo vivieron así. En el fondo, la idea no es ganar la discusión por la memoria. Es entender que, criados bajo el mismo techo, cada uno se fue a dormir con una película diferente en la cabeza. Y que esas dos películas, si se miran con cuidado, pueden terminar sumando en vez de compitiendo.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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