La canción que guardás en el celular puede sacarte un suspiro de alivio en la sala de resonancias
A María Inés la conozco desde hace años, cada mañana cruzamos palabra en la puerta del súper y nos contamos las minucias del barrio. Tiene 52 años y el mes pasado fue a hacerse una resonancia magnética. Cuando le pincharon la vena para pasarle el contraste, dice, el único consuelo fue que en el pasillo sonaba un tema de Fito Páez que ella misma había elegido. “Sentí que el pinchazo duró la mitad”, me contó mientras hacía memoria con la bolsa del pan bajo el brazo. Lo que ella intuyó en la práctica acaba de quedar respaldado por un estudio serio: escuchar la música que uno quiere baja el dolor de una punción con aguja, y bajarlo en serio.
La investigación se llevó adelante en el Hospital Universitario de Zúrich y reunió a más de doscientos pacientes que iban a recibir contraste por vía intravenosa antes de una resonancia. Los dividieron en cuatro grupos al azar: a unos les taparon los oídos con silencio, a otros les hicieron escuchar su canción o su artista preferido, a un tercer grupo le pusieron a Mozart y al cuarto, música de relajación. Cada persona calificó su dolor del uno al diez antes del pinchazo, durante, medio minuto después y dos minutos después. Los resultados, publicados en la revista Frontiers in Pain Research, no dejaron lugar a dudas.
Lo que cambia cuando suena tu canción
Los que escucharon su música favorita reportaron menos dolor tanto a los treinta segundos como a los dos minutos de la inserción de la vía. Y el alivio apareció incluso en quienes ya llegaban con algún dolor de base, lo que para los autores es una señal fuerte. “La música favorita manifestó un efecto significativo de reducción del dolor tanto en pacientes con como sin dolor basal”, explicó la doctora Meritxell Garcia Alzamora, consultora senior en radiología.
Mozart también ayudó, aunque con un matiz: sirvió sobre todo a los pacientes que ya tenían dolor previo a la punción. La música de relajación, en cambio, no mostró diferencias frente al silencio. ¿Por qué? Según Garcia Alzamora, ese tipo de pistas suelen tener un ritmo lento, volumen bajo y pocas variaciones dinámicas, y al final el oyente termina ignorándolas. La diferencia, parece, está en lo que cada uno trae puesto a la escucha.
- Tu canción preferida: distracción activa que compite con la señal de dolor y por eso calma.
- Mozart: alivio real, sobre todo si ya tenías dolor antes del pinchazo.
- Música de relajación genérica: puede terminar sonando de fondo sin efecto.
- Silencio: el grupo de control, contra el que se midieron las otras tres opciones.
Lo que todavía falta comprobar
Los investigadores son prudentes. El doctor Andrei-Cristinel Dragnea, residente en radiología diagnóstica e intervencionista del mismo hospital, aclaró que el trabajo se limitó a punciones cortas. Falta saber si el beneficio se sostiene en procedimientos más largos o más dolorosos. También quieren comparar la música con algo tan sencillo como una persona que dialogue con el paciente durante el procedimiento, porque a veces la compañía en sí misma ya es un calmante. Lo que queda a la vista, igual, es enorme: una herramienta sin costo, sin efectos secundarios y al alcance de la mano puede cambiar la experiencia de un trámite médico cotidiano.
A María Inés le dije que lo suyo tiene nombre científico. Se rió con esa risa corta de las mañanas de barrio y me respondió que la ciencia confirme algo que el cuerpo ya sabe no es novedad, che. La próxima vez que vaya a una resonancia, me anticipó, va a pedir que le armen una playlist antes de salir de casa. Y uno, que la ve caminar rumbo a la parada del colectivo con la bolsa del pan, piensa que a veces las soluciones más simples son las que más cuesta instalar en una sala de hospital.
