Hal y John en Nebraska: cuando la luz verde se vuelve pesquisa
La serie "Linternas" saca a los personajes de DC del formato de acción pura y los planta en un thriller policial de corte oscuro, con Tom King y Damon Lindelof detrás de un guion que apuesta al misterio tanto como a los anillos de poder.
Uno se imagina el principio de un chamamé de los de antes, de esos que empiezan con una guitarra entonando despacio mientras el cantor toma aire, y así arranca esta historia que tiene todo el ritmo de una milonga pero quiero decir, mucho más acá, en un pueblo perdido de la llanura norteamericana donde dos hombres de verde llegan a investigar lo que no tiene explicación posible para ningún vecino de esos pagos. Le digo esto porque cada vez que una serie de superhéroes decide correrse del manual, a mí me pasa lo mismo que con las canciones de don Tránsito Cocomarola: uno reconoce el aire, pero la letra viene con sorpresa, y eso es lo que me terminó ganando de Linternas, la nueva producción de DC que ya dio que hablar del otro lado del mundo y que, según la crítica especializada, se metió de lleno entre las mejores ficciones de ciencia ficción del año, un lugar que no es poca cosa si uno repasa la cantidad de títulos que pululan por las plataformas.
La propuesta toma a Hal Jordan y a John Stewart, dos de las caras más reconocibles del cuerpo de Linternas Verdes, y los saca del traje ajustadísimo y de las secuencias de combate en el espacio para plantarlos en 2016, en un pueblo llamado Rushville, en Nebraska, donde lo único que brilla es la cosecha y el horizonte, hasta que aparece una señal imposible: una proyección holográfica que sale del propio anillo de Hal y que funciona como llamada de emergencia a investigar, tirando a los dos hacia una conspiración que, como tantas que uno leyó de chico en las revistas de ahí, amenaza algo mucho más grande que un pueblo chico del Medio Oeste.
Misterio antes que piñas
Lo interesante del planteo, y acá viene lo que a mí me parece el hallazgo más arriesgado de la serie, es que la acción no ocupa el centro de la escena sino que aparece como herramienta al servicio del relato, algo que recuerda mucho a las miniseries policiales norteamericanas de los años setenta, de cuando uno miraba Colombo con el abuelo y el suspenso se sostenía más en el diálogo y en la mirada que en cualquier pelea callejera, y en ese sentido la dupla de guionistas, Tom King, que tiene una trayectoria enorme en los cómics de la editorial, y Damon Lindelof, que ya había trabajado con material de DC en la adaptación de Watchmen, arma una ficción que se mueve con la cadencia del thriller de misterio, capítulo a capítulo, enigma a enigma, sin necesidad de reventar planetas cada quince minutos para sostener la atención.
- Hal Jordan y John Stewart como una pareja despareja: veterano y discípulo, diferencias generacionales y de criterio, roces y acuerdos que cargan con el peso emocional de la historia.
- Una ambientación atípica: Nebraska en 2016, lejos de las ciudades épicas que suelen poblar el género, y más cerca del pueblo chico con un secreto grande adentro.
- Un elenco encabezado por el mismísimo Kyle Chandler como Hal y Aaron Pierre como John, dos presencias que le dan grosor a cada escena.
- Una construcción por fuera de las continuidades cinematográficas previas de DC, lo que le permite moverse sin los condicionantes de otros proyectos del universo.
- Un tono que va del policial oscuro a la ciencia ficción más íntima, sin grandilocuencias gratuitas.
Le soy sincero: a mí, que vengo siguiendo a estos personajes desde las revistas de quena, de esos que compraba en el kiosco de la esquina cuando todavía iba a la escuela primaria, me conmovió ver a Hal Jordan y a John Stewart en esa llave, discutiendo como padre e hijo, sospechando uno del otro mientras la noche de Nebraska les pasa por encima y el anillo les late en el dedo como un corazón que sabe algo que ellos todavía no saben, y eso es lo que me lleva a recomendarles la serie sin dudarlo, porque Linternas no es la enésima aventura de superheroes con la clásica estructura de villano y destrucción, sino algo más parecido a esas películas de detectives que miraba uno de chico un domingo a la tarde, con la diferencia de que acá los detectives llevan un uniforme verde y la luz que los sostiene no viene de la lámpara del escritorio sino de la voluntad de un anillo.
