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Jueves, 8 de octubre de 2026
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Garbanzos al horno con tahini: una ensalada templada que se arma en una sola fuente y se resuelve con lo que hay en la alacena

Zanahoria en láminas, verdeo y una salsa cremosa de sésamo, limón y soja: una propuesta abundante que admite hojas verdes, un cereal o crackers de semillas, según el hambre que llegue.

Por Tomás GaunaTurismo y esteros · · hace 3 d
Garbanzos al horno con tahini: una ensalada templada que se arma en una sola fuente y se resuelve con lo que hay en la alacena

Amanece frío sobre la cocina y la pregunta de siempre: qué hago de comer que no sea lo de siempre. Abro la alacena, aparece un frasco de garbanzos cocidos, unas zanahorias que piden ser usadas, y un pote de tahini medio arrinconado. La idea termina de cerrarse cuando recuerdo que en la helada hay un limón, salsa de soja y aceite de sésamo. Con eso alcanza para armar una ensalada templada que va directo del horno a la mesa, sin demasiadas vueltas y con esa cremosidad que solo el sésamo bien batido sabe dar.

Una sola fuente, el horno hace el resto

La preparación es de esas que convienen: se distribuyen los garbanzos en el centro de una fuente, las zanahorias cortadas en láminas finas y el verdeo picado se acomodan alrededor, y sobre todo eso van pimentón dulce, jengibre en polvo, orégano seco, sal, pimienta y dos cucharadas de aceite de oliva. Se mezcla con la mano o con una cuchara hasta que el aceite y los condimentos se repartan parejo, y la fuente va al horno durante 30 minutos, con una pausa a la mitad del tiempo para revolver y asegurar una cocción pareja. El resultado son garbanzos tostados, zanahorias tiernas pero con algo de mordiente y verdeo que se carameliza en los bordes.

La salsa de tahini, el alma del plato

Mientras la fuente trabaja en el horno, conviene preparar el aderezo en un bol chico: tahini, jugo de limón, salsa de soja y una cucharada de aceite de oliva. Se suma agua caliente y se bate con energía. Al principio puede parecer que se cortó, como si la preparación se hubiera separado, pero al seguir revolviendo aparece una consistencia cremosa y un color blanquecino que delata que el tahini emulsionó con el resto. Cuando la fuente sale del horno, esa salsa se vuelca encima y se mezcla hasta cubrir garbanzos y verduras. El cierre es pimienta negra recién molida y unas gotas de aceite de sésamo, que aportan ese aroma tostado tan particular.

Cómo llevarla a la mesa según el hambre

  • Con hojas verdes bien frescas, para una versión más liviana que funciona como entrada o como plato principal ligero.
  • Con una porción de cereal cocido al lado, arroz o quinoa por ejemplo, para una comida más abundante que sostiene un día largo.
  • Con crackers de semillas, sin sumar nada más, para una mesa de picoteo o una cena sin complicarse con otra preparación.

Esta ensalada se come templada, cuando el sésamo todavía perfuma y las zanahorias conservan algo de calor. Si sobra, se lleva bien a la heladera y al otro día recupera con un chorrito de limón y unas hojas verdes nuevas. Para comerla sin apuro, recomiendo un lugar sencillo y sin pretensiones: cualquier casa de comida naturista del centro que sirva sus platos en bowls anchos y permita repetir el aderezo. Ahí, sentado tranquilo, con la fuente todavía tibiecita, es donde la preparación muestra de qué está hecha. Anímense a probar esta ensalada templada: con pocos ingredientes, un horno encendido y una buena mano para revolver, se resuelve una comida redonda sin esfuerzo y con todo el sabor del tahini bien batidor.

TG
Tomás GaunaTurismo y esteros

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