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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Esa TV box barata que compraste en la feria puede estar espiándote antes de que la enciendas

Dos investigadores chilenos que presentaron su hallazgo en la Ekoparty de Buenos Aires demostraron que ciertos equipos vienen con malware de fábrica, capaz de filtrar contraseñas y hasta prestar tu Wi-Fi para delitos. Restaurar el aparato no alcanza: el problema está en lo más profundo.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 2 h
Esa TV box barata que compraste en la feria puede estar espiándote antes de que la enciendas

Me crucé con Marta, 53, en la cola de la verdulería del barrio y me contó, casi como pidiendo permiso, que había llevado a su casa una de esas cajitas que se enchufan al televisor y prometen todos los canales del mundo por unos pocos miles de pesos. La apoyó detrás del TV, le cargó el cable y se quedó contentísima. Cuando le pregunté qué había hecho antes de empezar a usarla, me miró con cara de póquer: nada, la enchufé y listo. Esa frase, que parece inocente, es exactamente la puerta de entrada a un problema que dos investigadores latinoamericanos acaban de poner bajo la lupa y que a cualquiera le puede estar pasando sin saberlo.

Anthony De La Paz, especialista en seguridad ofensiva, y Patricio Moraga Abarca, consultor senior de ciberseguridad, compraron uno de estos equipos en una feria de Santiago de Chile y lo sometieron a una disección técnica. El resultado lo presentaron en la Ekoparty 22, la conferencia de seguridad informática que se hace cada año en Buenos Aires, y lo que encontraron es de esas cosas que a uno le cambian la manera de mirar la caja que tiene living adentro.

Qué son las TV boxes y por qué están en tantos hogares

En criollo, son computadoras pequeñas que se conectan al televisor por un cable HDMI y corren una versión de Android. Permiten instalar aplicaciones de streaming, ver canales sin pagar un servicio oficial y transformar cualquier pantalla en un Smart TV. En Argentina se consiguen fácil: desde portales de venta online hasta locales de informática del centro, con precios que arrancan cerca de los 27.000 pesos y pueden llegar a los 66.000 según el modelo y la forma de pago. La promesa es tentadora y el desembolso, relativamente bajo comparado con una suscripción mensual.

Lo que hallaron los investigadores

Al conectar el aparato y mirar con qué hablaba a través de la red, De La Paz y Moraga detectaron que el dispositivo se comunicaba solito con un servidor de comando y control, ya identificado como malicioso por la comunidad de seguridad. Para entender de dónde venía la orden, abrieron la caja, sacaron una copia de la memoria y rastrearon el código responsable hasta el firmware, que es la capa más profunda del software, esa que está antes del sistema operativo visible y que es lo primero que se ejecuta cuando uno aprieta el botón de encendido.

Esa ubicación explica algo que muchos usuarios notan y nunca pueden resolver: el clásico reseteo de fábrica, borrar las aplicaciones, formatear todo, no elimina el problema. No es que uno haya hecho algo mal: es que el código dañino está instalado debajo, en un nivel al que el usuario común ni tiene acceso ni sabe que existe.

“Tener uno de estos equipos en casa es como tener a un atacante conectado directamente a tu Wi-Fi”Anthony De La Paz y Patricio Moraga Abarca, especialistas en ciberseguridad

Para comprobar el tamaño del riesgo, los investigadores armaron en laboratorio una copia del servidor al que la cajita se conectaba, redirigieron el tráfico hacia su propia red y, en cuestión de segundos, pudieron darle órdenes al dispositivo como si fueran los dueños del otro lado. La escena, traducida a la vida real, es la de alguien, en cualquier lugar del mundo, tomando el control de un aparato que está enchufado en el living de uno, sin que uno se entere.

  • El equipo puede actuar como proxy, es decir, hacer pasar tráfico de terceros por la conexión del hogar. Esa actividad queda registrada como si la hubiera generado la propia dirección IP del usuario, lo que puede terminar en bloqueos, sospechas o verificaciones extra en distintos servicios en línea.
  • Puede integrarse a una botnet, una red de dispositivos infectados que actúan coordinados desde un mando central, muchas veces para ataques a gran escala.
  • Si el usuario carga contraseñas, datos de tarjetas o cualquier información sensible dentro del dispositivo, esos datos quedan expuestos, porque el sistema opera bajo control del atacante desde el primer encendido.
  • El llamado reseteo de fábrica no sirve como solución, porque el código malicioso vive en una capa más profunda que el sistema operativo visible.

Antes de cerrar, vuelvo a Marta y a su living. Esa mujer, como miles de familias argentinas, compró una solución económica para ver tele, la enchufó con toda la confianza del mundo y hoy, probablemente, no sabe que su Wi-Fi puede estar prestando servicio para maniobras que nada tienen que ver con mirar una película. Y no se lo digo para asustarla: se lo digo porque, como me dijo una vez un vecino chaqueño en su media lengua, el kyha, que en guaraní se usa para nombrar al descuido, no se cura con un reseteo. Hace falta, en lo posible, verificar de dónde viene el equipo, qué marca lo respalda y, si ya está en casa y queda la duda, consultar a alguien que entienda antes de seguir usándolo como si nada.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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