El tren fluvial llega a Buenos Aires con la huella de un director que ya no está
Toto Ferro y Lucas Vignale estrenan en la Lugones y el Malba su ópera prima, rodada con un niño que aprendió a querer los trenes antes que el protagonista. Vignale murió en junio, después de verla en Nueva York.
Uno se acordaba de aquellas mañanas en que el tren costaba poco y el río parecía otra cosa, y la película de Lorenzo Toto Ferro y Lucas Vignale vuelve a poner a Buenos Aires en el centro, no como postal de tarjetas sino como un sitio al que un chico quiere llegar a tientas. La ópera prima que ambos firmaron como directores y guionistas, El tren fluvial, tendrá desde el miércoles 8 de octubre sus funciones en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín, y desde el viernes 10 en la sala del Malba, con entradas que ya se consiguen por las vías habituales de cada institución. La película había cruzado antes las pantallas de Perspectives, una sección de la Berlinale, después pasó por el Festival Internacional de Cine de Uruguay, por New Directors/New Films que organizan el MoMA y Film at Lincoln Center en Nueva York, y más tarde se midió en la competencia internacional del BAFICI, donde se llevó una mención especial de FEISAL, y en Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián.
Yo les cuento que al terminar la primera proyección en Buenos Aires uno se queda con la sensación de haber acompañado a un nene de nueve años que se llama Milo, vive en el campo, practica malambo y carga sobre los hombros las expectativas de una familia que ya lo imagina como bailarín. Lo que Milo quiere, en cambio, es subirse a un tren y conocer Buenos Aires, una ciudad que él solamente conoce por las películas. Decide entonces viajar solo, y la cámara lo sigue en esa cruzada chica y enorme al mismo tiempo, que es la cruzada de cualquiera que alguna vez se fue de su pueblo con lo justo en el bolsillo.
Un protagonista encontrado en General Madariaga
El Milo de la ficción es Milo Barría, a quien los realizadores conocieron en General Madariaga mientras trabajaban en otro proyecto. Tenía ocho años y bailaba malambo. Según contó Toto Ferro, de ese encuentro salieron dos cosas que después quedaron en el personaje: la relación con la danza y una idea sobre los trenes que acercó el propio chico, casi sin saber que estaba regalando una parte de su mundo a una historia que todavía se estaba escribiendo. Completan el elenco Rita Pauls, Mariano Barría y el escritor Fabián Casas, que se anima a dar el paso hacia la pantalla grande.
La dinámica de filmación, contó Ferro, fue casi de familia grande. El equipo compartía hotel, conversaba sobre las escenas por la noche y revisaba lo grabado antes de preparar la jornada siguiente, y de esas charlas salieron nuevas escenas que se agregaban al plan original. Para sostener a Milo, que era un niño, alternaban las tomas con juegos y buscaban distintas maneras de mantener viva su atención, algo que se nota en la pantalla porque el chico no parece estar actuando sino jugando a algo que se le va volviendo serio.
Una película que sigue viajando sin uno de sus directores
La llegada a las salas porteñas llega sin Lucas Vignale, que murió el 14 de junio a los 28 años en un choque de dos helicópteros en Río de Janeiro. Había acompañado a Ferro en la exhibición de Nueva York, y para el actor y director continuar mostrando la película es, según sus palabras, una manera de mantener vivo algo de lo que fue. Esa decisión, que uno comparte, le da a las funciones en la Lugones y en el Malba un carácter que va más allá del estreno: es también la forma que encontraron los que quedaron de seguir caminando junto a alguien que ya no está.
- Funciones desde el miércoles 8 de octubre en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín.
- Funciones desde el viernes 10 de octubre en la sala del Malba.
- Protagonista: Milo Barría, niño malambista de General Madariaga.
- Elenco adulto: Rita Pauls, Mariano Barría y Fabián Casas.
- Paso previo por Berlinale, BAFICI, San Sebastián, Nueva York y Uruguay.
Si me preguntan a mí, les digo que vayan. Vayan a la Lugones o vayan al Malba, pero vayan, porque El tren fluvial es de esas películas que se dejan ver con los chicos y también con los que ya peinamos algunas canas, y que dejan la puerta abierta para discutir después, en la calle, qué es lo que uno hubiera hecho a los nueve años con un pasaje en la mano. Yo, que vengo siguiendo a Toto desde sus primeros cortos, me quedo con la sensación de que esta ópera prima no es un punto de llegada sino un andén, y de que lo que viene promete seguir valiendo la pena.
