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Lunes, 12 de octubre de 2026
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El recargo invisible: cuando pedir leche deslactosada te cuesta $1.500 y nadie te lo dijo

Una consumidora neuquina se topó con un cargo extra por solicitar leche deslactosada en un café. El director provincial de Protección al Consumidor, Pablo Tomasini, explicó en qué casos ese adicional es legal y por qué la mayoría de las veces no resiste un análisis.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 1 h
El recargo invisible: cuando pedir leche deslactosada te cuesta $1.500 y nadie te lo dijo

Imaginate la escena de cualquier mañana de semana: entrás a una cafetería sobre la calle Juan B. Justo, a esa altura donde Neuquén se mezcla con el movimiento de siempre, te sentás y pedís un café con leche, nada raro, la rutina de siempre. Pero esta vez, por una cuestión de salud o simplemente porque te gusta más liviana, le pedís al mozo que sea con leche deslactosada. El café llega, lo tomás, pedís la cuenta, y entonces te cae un balde de agua fría: mil quinientos pesos extra por taza, por el simple hecho de haber cambiado el tipo de leche. Eso fue exactamente lo que le pasó a Graciela, 54 años, vecina de la zona, que salió del local con la sensación de que algo no estaba bien y, sobre todo, de que nadie le había avisado lo que iba a pagar.

La mujer volvió a llamar al lugar para entender de qué se trataba el cargo y desde el establecimiento le confirmaron que ese era efectivamente el precio adicional por reemplazar la leche común por la deslactosada. La respuesta, lejos de cerrarle las dudas, le abrió una pregunta que ahora intenta responder el organismo provincial de Protección al Consumidor: ¿es legal que un local gastronómico cobre un extra por ofrecer una alternativa de leche, sin avisarlo previamente?

La regla de oro: lo que no se informa, no se cobra

El director provincial de Protección al Consumidor, Pablo Tomasini, habló con nuestro portal y fue muy claro al respecto. Para él, la cuestión no pasa tanto por el monto en sí, sino por cómo se comunica ese monto. La ley exige que cualquier variación de precio respecto de lo que está exhibido en la carta tenga que ser informada de manera visible y antes de que el cliente confirme su pedido. O sea, la carga de avisar recae sobre el local, no sobre el consumidor.

“Para que haya un cambio de valores de este tipo tiene que estar claramente informado en la carta. Si te lo van a cobrar, tiene que estar claramente informado, no en el puntito abajo de la hoja de la carta que dice que te van a cobrar adicional.”Pablo Tomasini, director provincial de Protección al Consumidor

La lógica detrás de esta exigencia es bastante práctica y tiene que ver con el derecho básico de cualquier persona a elegir con información. Si el cliente sabe que el café con leche deslactosada cuesta mil quinientos pesos más, puede tomar una decisión con todas las cartas sobre la mesa: acepta el adicional porque le parece razonable, opta por pedir la bebida con leche común, o directamente decide no consumirla. Lo que no puede pasar es que esa información llegue recién con la cuenta en la mano, porque en ese momento ya no hay nada que decidir: pagás o armás un escándalo, y ninguna de las dos opciones es agradable.

¿Cuánto debería costar ofrecer otra leche?

Hay otro costado de la cuestión que Tomasini dejó sobre la mesa y que a mí, como consumidora habitual de cafés con leche, me parece central. Para el funcionario, en la mayoría de los casos el costo extra que tiene para un comercio ofrecer una leche alternativa debería estar absorbido dentro del precio del propio café. Un envase de leche deslactosada no difiere tanto en precio del de la leche común, y si el local decide ofrecer esa variante como parte de su menú, lo razonable es que esa diferencia no se traduzca automáticamente en un cargo extra para el cliente.

Ahora bien, acá viene un dato importante: la ley no prohíbe expresamente cobrar un adicional de este tipo. Lo que sí exige es que, en caso de cobrarse, la información sea transparente, esté a la vista y sea comunicada antes de que el consumidor confirme su orden. Es decir, el recargo puede existir, pero no puede ser una sorpresa.

Los locales no están obligados a ofrecer alternativas

Tomasini también se encargó de aclarar un punto que genera mucha confusión. No existe ninguna normativa que obligue a los bares, confiterías o restaurantes a contar en su carta con opciones para personas con celiaquía, con intolerancia a la lactosa, con alergias alimentarias o, incluso, para quienes siguen una alimentación vegana. Cada establecimiento decide libremente qué productos ofrece, sin que nadie pueda exigirle que sume una línea de leches especiales o alimentos sin gluten.

Es decir, ninguna ley te obliga a tener en la carta un café con leche deslactosada, ni unas galletas sin gluten, ni una opción vegana. Pero si decidís sumarlas, porque querés captar a ese público o porque simplemente te parece lindo tener variedad, ahí sí te toca respetar las reglas: precio claro, visible y comunicado a tiempo.

¿Qué va a pasar con la cafetería de Juan B. Justo?

Sobre el caso puntual que dio origen a toda esta movida, Tomasini anticipó que durante esa misma semana personal del organismo se acercaría hasta la cafetería ubicada sobre Juan B. Justo al 600 para mantener una reunión con los responsables del lugar. La idea, según contó, es explicarle en persona cómo debe informarse un adicional de este tipo, qué exige la ley y de qué manera se espera que se exhiban los precios en la carta. En criollo, irían a charlar y a hacerle ver cuál es el procedimiento correcto, en un gesto que ellos mismos llaman de buena voluntad y que forma parte del trabajo cotidiano del área.

El funcionario aclaró algo que vale la pena repetir para no generar falsas expectativas: al momento de hablar con la prensa no había denuncia formal presentada por la consumidora. Si tras esta visita educativa la conducta del local se repite y el comercio sigue cobrando el adicional sin informarlo correctamente, recién en ese caso el organismo podría avanzar con una sanción. Hasta tanto, se trata de un llamado de atención que busca, antes que nada, que la próxima vez que alguien como Graciela pida su café con leche deslactosada en ese u otro local, sepa de antemano cuánto va a pagar y pueda decidir con toda la libertad del mundo.

La escena vuelve entonces a esa mañana de semana en la cafetería de Juan B. Justo, pero ahora con la información que a Graciela le faltó en su momento. Si volviera a entrar mañana, ya sabe que tiene derecho a preguntar antes de pedir si hay algún adicional por la leche deslactosada, y que el local está obligado a responderle con claridad. No se trata de pelearse con nadie ni de armar un quilombo por mil quinientos pesos, sino de entender que, como consumidores, manejamos una herramienta muy poderosa que en guaraní se conoce como ñeñepyrü, algo así como el derecho a empezar de nuevo cada vez que nos sentamos a una mesa: a pedir, a preguntar, a saber qué vamos a pagar antes de que la cuenta llegue sola. Esa es, en definitiva, la mejor forma de tomarse un café.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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