El hechizo de los Owen sigue abierto: "Prácticamente magia 2" deja la puerta entreabierta a una tercera entrega
La secuela con Nicole Kidman y Sandra Bullock resuelve la amenaza de un pariente sin poderes, pero deja hilos pendientes en las generaciones más jóvenes y en el arco de Gillian.
Viene clareando, ya se siente el aroma de los naranjos en flor, y yo me siento acá, en mi escritorio, todavía con la imagen de Sally y Gillian Owen como si las hubiera visto nomás cruzar la calle de mi pueblo allá en Corrientes, hace cuarenta años, cuando éramos pibes y creíamos que las brujas buenas eran las que nos curaban los empachos con un rezo y un vaso de agua. Por eso me cuesta, y mucho, no emocionarme con el regreso de las hermanas Owen, que vuelve a las pantallas con Kidman y Bullock repitiendo esos personajes que, ojo, ya tienen casi treinta años de haberlos interpretado por primera vez, en aquel 1998 que a mí me encuentra militando en una redacción de diario y soñando con escribir una nota tan larga como esta. Pero bueno, el mundo siguió girando, la película se hizo clásica de streaming, y ahora tenemos entre manos "Prácticamente magia 2", la secuela que llegó para responder preguntas pero, como buena heredera de los Owen, se guardó algunas para después.
Lo que resuelve la segunda parte
La trama de esta entrega se organiza alrededor de dos conflictos bien marcados que funcionan como motores del relato y que, a mi modo de ver, le dan a la película ese aire de saga familiar que tanto nos gusta a los que creímos alguna vez en las leyendas que nos contaban las abuelas junto al fogón. El primero es la aparición de Tom Bailey, un pariente lejano que llega sin un gramo de magia en la sangre pero con una ambición bastante terrenal: quiere el libro de hechizos de la familia para ajustar cuentas que no son del barrio sino de su propia historia. El plan no prospera, claro está, y las Owen lo terminan neutralizando con un conjuro colectivo, de esos que en el Litoral se hacen en ronda, con todos tomados de la mano, como cuando mi tío Cacho nos juntaba a los primos para pedirle lluvia en las sequías.
El segundo conflicto es el que carga con el peso dramático más fuerte y, para mí, el que le pone el corazón a la película. En Massachusetts, lejos del fragor del enfrentamiento con Tom, Frances, la tía querible de la familia, descubre que la única manera de romper la maldición que pesa sobre las mujeres Owen, esa condena tremenda que dice que los hombres que aman van a morir, es mediante un sacrificio personal. Frances elige darlo, y eso es lo que permite que Gideon, el novio de Kylie que estaba en coma desde hacía un buen rato, despierte y pueda abrir los ojos al mundo otra vez.
Lo que queda abierto para una posible tercera parte
Porque no todo es cierre en esta entrega, ni mucho menos. La película termina sin escena poscréditos, pero deja varios arcos narrativos sin un punto final definitivo, y eso, lejos de ser un defecto, a mí me parece una invitación a seguir conversando con estos personajes que ya son parte de la familia grande del cine de los noventa. Mirá, te los enumero como me los enumeraba mi vieja cuando me hacía la lista del mercado antes de ir a la verdulería, porque así se entienden mejor.
- El arco de Gillian Owens no llega a cerrarse del todo, y eso es una puerta que queda abierta de par en par para que la próxima entrega la termine de cruzar.
- Las integrantes más jóvenes de la familia apenas empiezan a tantear sus poderes, así que todavía queda por ver hasta dónde pueden llegar con esa herencia que llevan en la sangre.
- Está también el futuro del negocio familiar que identifica a las Owen, ese que las define como comunidad y que en cualquier pueblo del Litoral sería como la panadería de la esquina: la casa de todos.
- Falta saber cómo sigue Sally con Ian, un personaje nuevo que aparece en esta entrega y que, a juzgar por lo que se vio, tiene cuerda para rato.
Yo, si me preguntan en la redacción, digo que sí, que debería haber una tercera parte, y no por capricho de fanático sino porque esta segunda funciona como ese chamamé que empieza despacio, va subiendo de a poco, te va envolviendo con la guitarra y el acordeón, y cuando uno menos se lo espera te deja con ganas de pedir otra vuelta. La franquicia, además, vuelve en un contexto que le hace justicia: la primera película encontró una segunda vida enorme en las plataformas de streaming, donde pibes que todavía no habían nacido en el 98 la descubrieron y se enamoraron de las Owen como yo me enamoré de ellas en el cine del pueblo. Para esa nueva generación, y para los que ya peinamos canas, un cierre con un tercer capítulo sería el broche de oro que esta historia merece. Mientras tanto, les digo como siempre: agarren el mate, pónganse la película, y disfruten de estas brujas buenas que son, prácticamente, de la familia.
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