De la chacra al mundo: las mermeladas neuquinas que deslumbraron a Inglaterra
Tres recetas elaboradas por jóvenes con discapacidad en San Martín de los Andes se subieron al podio de los Dalemain World Marmalade Awards 2026, una de las competencias más exigentes del rubro, y ahora preparan una edición limitada para todo el país.
Me acerco a la cocina de la chacra apenas pasadas las ocho de la mañana y todavía está fresco el aroma a menta recién cortada que se mezcla con el azúcar que ya empieza a hervir en las ollas. Silvia, una vecina de 52 años que vive a tres cuadras del predio, me dice mientras acomoda los frascos en la bandeja que nunca imaginó que algo tan nuestro iba a terminar en una mesa inglesa, y se ríe con esa mezcla de orgullo y asombro que solo da lo que sale de las manos de la gente que uno conoce desde chico.
Es que la noticia recorrió el pueblo en cuestión de horas: tres mermeladas de Sabor Natural, el taller productivo que funciona dentro de Puentes de Luz en San Martín de los Andes, fueron premiadas en los Dalemain World Marmalade Awards 2026, la competencia que se realiza cada año en el Reino Unido y que este año reunió 3.400 productos provenientes de 33 países. La de limón y menta con bayas de arrayán se llevó una medalla de bronce; la de naranja tradicional, también bronce; y la de naranja con clavo de olor y canela obtuvo una mención de honor, un reconocimiento al que no siempre se llega sin una receta afinada al milímetro.
Un proyecto que nació de un puñado de familias
Lo que hoy es una chacra con frambuesas, menta, romero y árboles de arrayán empezó a armarse en 2007, cuando un grupo de familias de San Martín de los Andes se juntó con una idea muy concreta: construir un horizonte de verdad para sus hijas e hijos con discapacidad, en un pueblo chico donde las opciones, hasta ese momento, eran escasas o quedaban a varias horas de viaje. Entre esos fundadores estuvo Luis Rodríguez, psicólogo y hermano de una mujer con síndrome de Down, que empujó la creación de lo que después sería Puentes de Luz. En 2012 abrieron su propio Centro de Día, y eso les cambió la vida a muchas familias que ya no tuvieron que subirse a un micro rumbo a Neuquén capital o a Bariloche cada vez que necesitaban un turno, una contención o un taller.
Casi dos décadas después, la organización acompañó de manera cotidiana a más de cien personas con discapacidad, ofreció espacios de apoyo a más de mil familiares y capacitó a más de seis mil docentes y profesionales de distintas disciplinas. Sus eventos comunitarios, según los registros de la propia institución, convocaron a más de treinta mil personas a lo largo de estos años, una cifra que habla a las claras del lugar que se ganaron en el mapa social de la región.
Las manos que cosechan, cocinan y envasan
En Sabor Natural, los y las participantes intervienen en todas las etapas del proceso, desde la cosecha de la fruta y las hierbas aromáticas hasta la cocción, el envasado y la etiqueta. Además de mermeladas, en la chacra se elaboran miel y blends de especias que ya se consiguen en distintos puntos de la Patagonia y del resto del país. La idea, me cuentan quienes trabajan ahí, es que cada paso sea una oportunidad de aprendizaje, de rutina compartida y, sobre todo, de autonomía para gente que durante mucho tiempo no tuvo un lugar propio en el mercado laboral. Ichaky, que en mapuche quiere decir algo así como ‘lugar de encuentro’, le dicen algunos al predio, y la palabra termina funcionando mejor que cualquier folleto institucional.
Entre quienes forman parte hoy del proyecto está Maxi Wosner, que combina un trabajo en el mercado laboral abierto con su paso por el taller de Sabor Natural; Sofía La Placa, una pintora que fue declarada Embajadora Cultural de San Martín de los Andes por el Concejo Deliberante; y Lautaro Prieto, que integra la Selección Argentina de Básquet para personas con síndrome de Down y también practica fútbol, un detalle que habla de la vida entera que llevan adelante y no solo del currículum que se ve desde afuera.
Una edición limitada y un mensaje que viaja
Las tres mermeladas premiadas tendrán una edición limitada para el público argentino, una manera concreta de que las medallas inglesas se transformen en algo más que un diploma colgado en la pared. Cada frasco, explican desde la organización, lleva horas de cosecha, paciencia y un trabajo en equipo que se cuida hasta el detalle de la etiqueta, porque exportar no es solo mandar cajas: es sostener un nombre y una historia.
Vuelvo a la chacra y la imagen es la misma con la que empecé: el vapor de las ollas, las manos que limpian frascos, la menta que perfuma el patio. Silvia me sigue hablando del premio mientras acomoda la última bandeja y me dice, ya sin asombro y casi con naturalidad patagónica, ‘viste, che, esto también somos nosotros’. Tiene razón: detrás de cada medalla hay una mesa familiar, un pueblo chico y un trabajo colectivo que decidió mostrarle al mundo de qué está hecho.
