Cuando un actor que fue Sherlock Holmes se mete a detective de verdad: llega "El problema final" a Netflix
Cuatro capítulos, trece sospechosos aislados por un temporal y un crimen que no fue suicidio: la nueva miniserie española con José Coronado, Maribel Verdú y María Valverde.
Voy a abrir esta nota como me enseñaron los viejos del litoral, con una copla que siempre me vuelve a la cabeza cuando el viento empieza a soplar fuerte: "Camino del Paraná, voy caminando, bajo la luna y el lucero, va gimiendo el pueblo entero". La tarango esa de Mario Millán Medina me persigue cada vez que una historia me pone delante un río, una tormenta y un misterio, y la nueva miniserie que se viene a Netflix bien le hace honor, porque arranca con un temporal que deja a todo el mundo encerrado, sin poder salir, mirando al de al lado como si fuera el culpable de la peor de las desgracias.
Se llama "El problema final", se estrena el viernes 25 de septiembre en la plataforma y es la adaptación de la novela de Arturo Pérez-Reverte que el director navarro Félix Viscarret convirtió en cuatro capítulos. La producción la lleva MOD Producciones y el elenco es de esos que a uno, como espectador argentino de cierta edad, lo tientan a sentarse en el sillón con el café a medio hacer: José Coronado como Basil, María Valverde como Adela Figueroa, Maribel Verdú, Martiño Rivas, Gonzalo de Castro, Pepón Nieto, Cristina Kovani y José Condessa. Una mesa larga para trece comensales, que en este policial es justamente la cifra que el guion necesita para armar el galimatíes.
Un Sherlock Holmes que se quedó sin cine
A mí, lo confieso, me atrapó la idea de base. Coronado, a quien los argentinos recordamos por títulos como "No habrá paz para los malvados" y "El hombre de las mil caras", compone acá a un actor veterano cuya carrera viene de capa caída. El hombre, en sus mejores años, había interpretado nada menos que a Sherlock Holmes en la pantalla grande, y por eso carga con un antecedente curioso: sabe de Investigaciones, conoce los resortes del método deductivo, los aprendió para una película, y ahora esos mismos conocimientos le van a servir en la vida real, fuera del set, cuando un crimen le caiga encima sin pedir permiso.
La acción está ambientada en 1959, en un hotel pequeño de una isla al que un temporal deja incomunicadas a trece personas. Entre los huéspedes aparece muerta una turista inglesa, Edith Mander, y aunque la primera lectura que hacen los propios protagonistas del lugar es la de un suicidio, las contradicciones de la escena terminan de confirmar lo que cualquier lector de Christie ya imaginaba desde el primer párrafo: hubo mano asesina, y el responsable está adentro, sentado a la mesa, esperando que el agua baje para escapar.
Lo que se viene, en cuatro movimientos
- Episodio 1: la tormenta, la llegada al hotel y la presentación de los trece huéspedes, todavía sin cadáver.
- Episodio 2: el hallazgo del cuerpo de Edith Mander y la primera lectura de suicidio que no termina de cerrar.
- Episodio 3: Basil empieza a usar lo que aprendió cuando fue Holmes y las sospechas se reparten entre todos.
- Episodio 4: el cierre del misterio de cuarto cerrado, con la resolución que ya tiene en vilo a quienes siguen a Pérez-Reverte.
“Al hablar del proyecto, Coronado lo vinculó con los relatos de deducción de Conan Doyle y Agatha Christie, destacó su diferencia respecto de otros thrillers que protagonizó en su carrera y expresó expectativas por la brevedad del formato.”José Coronado
Hay algo que me gusta subrayar, y es que el policial de cuarto cerrado tiene una larga tradición en la literatura y el cine europeos. Pienso en "Diez negritos" de la propia Christie, en "El tren de la madrugada", en aquel viejo film con James Stewart que veía de chico en Canal 7 los domingos a la tarde. "El problema final" se inscribe en esa línea con una vuelta de tuerca simpática: el detective no es un investigador profesional, es un actor que hizo de detective y que ahora debe improvisar con herramientas de utilería en un escenario que no eligió. Me parece un hallazgo narrativo, y se lo banco.
Viscarret, que ya había dirigido "Frontera" y tiene buena mano para los climas íntimos, se mueve acá entre la ambientación de época y el suspenso de pasillo. La ropa, los muebles, la música que suena en el comedor del hotel mientras afuera el río -o el mar, o lo que sea- se come la costa, todo empuja a un espectador que ya pasó los cuarenta a sentirse cómodo, como cuando uno se sentaba en lo de los abuelos y se quedaba mirando la lluvia por la ventana mientras los mayores charlaban sobre cosas de la vida. Esa textura, esa calma aparente antes del zarpazo, es el capital con el que juega la serie.
Mi recomendación, en primera persona
Si me hacen caso, y sé que a veces me lo hacen, yo me reservo el viernes 25 a la noche, preparo un mate, pongo el sillón cerca de la ventana y arranco con el primer capítulo de "El problema final" en Netflix. Después, si el cuerpo me lo pide, sigo con el segundo, y así hasta completar los cuatro en una sentada, que son solo cuatro. Coronado, Verdú, Valverde y los demás tienen cuerda para rato, Pérez-Reverte firma la historia original y Viscarret sabe dónde poner la cámara cuando el viento empieza a soplar. A mí, personalmente, me alcanza y me sobra para una noche de esas en las que uno quiere que la televisión le cuente algo y no que le grite. Cuatro capítulos, un muerto, trece sospechosos y un temporal que no deja salir a nadie: la veo, y si puedo, vuelvo a verla.
Te puede interesar
