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Cuando la nieve polvo te atrapa: una caída en el Bayo que reabre el debate sobre los protocolos fuera de pista

Un referente del snowscoot y el snowbike se accidentó en nieve profunda en Villa La Angostura y salió ileso. El episodio volvió a poner la lupa sobre los pasos que todo grupo debe seguir cuando alguien cae fuera de las pistas balizadas.

Por Paola MezaSociedad y vida · 11 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Me lo contaba el martes por la tarde Graciela, mi vecina de 53 años, mientras tomábamos mates en el balcón y mirábamos las fotos que andaban circulando por WhatsApp: un muchacho tendido en la nieve, una pendiente blanca cortada por el surco de un descenso fuera de control y, a los costados, varios riders que se acercaban corriendo. “Mirá, Paola —me dijo— esto siempre me asusta, porque yo de chica en Bariloche vi cómo un chico quedaba tapado por la nieve polvo y por un milímetro la cosa no terminó mal.” La imagen que Graciela tenía en el celular era la de Mirko Luqe, un deportista argentino referente del snowscoot y el snowbike, luego de una caída aparatosa en el Cerro Bayo, en Villa La Angostura, durante un descenso por nieve polvo profunda en una zona no balizada. Salió ileso, pero el episodio dejó al descubierto una de las variables más críticas del riding y del esquí fuera de pista: cómo reacciona el grupo cuando alguien se accidenta.

Antes de meternos en los protocolos, vale la pena aclarar qué son el snowscoot y el snowbike, dos disciplinas que mucha gente todavía confunde con juguetes o con el snowboard tradicional. En realidad son variantes del ciclismo de montaña adaptadas a la nieve: toman la geometría y el manejo de una bicicleta BMX y los cruzan con el deslizamiento propio de una tabla. La rueda delantera se reemplaza por un pequeño esquí y la trasera por una tabla tipo snowboard, lo que le permite al rider meterse en pendientes empinadas y en nieve no compactada con una sensibilidad distinta a la del esquí o el splitboard. Exigen nivel técnico alto, lectura del terreno y, sobre todo, experiencia en nieve cambiante. Por eso los propios practicantes insisten en que no son una puerta de entrada recreativa: quien se sube por primera vez a un snowscoot en una cara virgen está asumiendo un riesgo comparable al del esquí de fuera de pista.

Qué pasó en el Cerro Bayo

Según reconstruyó el propio Luqe en sus redes, durante el descenso perdió el control en una zona de nieve polvo profunda y cayó varios metros por la pendiente hasta detenerse. No sufrió lesiones, pero el video —donde se lo ve primero deslizando, después volcando y finalmente quedándose inmóvil unos instantes mientras el grupo baja a asistirlo— se volvió una pequeña clase abierta de lo que los guías de alta montaña llaman “el primer minuto”. En terreno no balizado, ese primer minuto puede definir todo: si la víctima queda boca abajo o semienterrada en nieve polvo, el tiempo útil para rescatarla se mide en minutos, no en cuartos de hora.

Los protocolos que no pueden faltar

  • Detención inmediata del grupo: ante cualquier caída, todos se quedan en el lugar. Nadie sigue bajando ni evalúa “si está bien” desde lejos.
  • Contacto visual y verbal: el primero que llega establece diálogo. Si el accidentado no responde, se lo considera potencialmente inconsciente hasta que se demuestre lo contrario.
  • Evaluación de la posición del cuerpo: se controla que la víctima no esté boca abajo, que tenga las vías aéreas despejadas y que no esté enterrada. La asfixia por inmersión en nieve polvo es la causa más frecuente de muerte en accidentes fuera de pista.
  • Aproximación segura: el rescate se hace protegiendo al grupo del posible riesgo de avalancha secundario, mirando siempre hacia arriba.
  • Alerta al centro de esquí o a los servicios de emergencia: si hay dolor, pérdida de conocimiento o duda sobre el estado de la víctima, se activa el protocolo de rescate y se baja con ella al área balizada más cercana.
  • Kit obligatorio: detector de víctimas de avalancha (DVA), pala y sonda por persona, además de teléfono con batería full y, si es posible, un dispositivo de localización.
  • Regla del “mínimo de tres”: no salir fuera de pista nunca en grupo de menos de tres personas. Si uno se accidenta, otro se queda con él y el tercero va a pedir ayuda.
  • Aviso en tierra: informar a alguien fuera del grupo el recorrido planificado y la hora estimada de regreso.

Hay una palabra en guaraní que siempre me vuelve a la cabeza cada vez que hablamos de nieve y de montaña: “yvyrupi”, que se podría traducir como “bajo tierra”, porque lo que más asusta de la nieve polvo no es la caída en sí, sino quedar tapado, quedar abajo de la blancura como si la montaña te hubiera tragado. Por eso, cuando leí los mensajes de los guías que reaccionaron al video de Luqe, me llamó la atención un detalle que suele quedar fuera del relato: insistían en que el error más común no es la maniobra que sale mal, sino el silencio del grupo después del golpe. Muchos riders, por reflejo, miran hacia abajo, calculan cómo retomar el descenso o chequean su propio equipo. Recién cuando escuchan un grito o un pedido de ayuda salen del trance. Los protocolos, justamente, están pensados para romper ese reflejo.

El Cerro Bayo —ese centro chico pero técnico que muchos esquiadores y snowboarders eligen cuando quieren esquivar las aglomeraciones de Chapelco o Las Leñas— ofrece pistas demarcadas, áreas de nieve virgen y accesos a fuera de pista para riders con experiencia. Luqe no estaba haciendo nada distinto de lo que hace habitualmente: moverse en un terreno que conoce, con equipo adecuado y con un grupo que, según su propio relato, reaccionó dentro de los primeros segundos. Por eso su caso sirve menos como ejemplo de lo que no hay que hacer y más como recordatorio de lo que siempre hay que estar listo para hacer. La montaña, como me dijo Graciela mientras guardábamos el mate, “no te avisa cuándo te va a probar: te prueba y después te deja seguir”.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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