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Miércoles, 14 de octubre de 2026
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Cuando el Papa tuvo que pasar por el quirófano: lo que hay que saber del cáncer de pulmón que le detectaron

Le extirparon un lóbulo del pulmón derecho en Roma y ya se recupera; especialistas explican de qué tipo de tumor se trata, por qué se opera así y qué pasa con el pronóstico en las semanas que vienen.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 1 h
Cuando el Papa tuvo que pasar por el quirófano: lo que hay que saber del cáncer de pulmón que le detectaron

Imaginate la escena: un martes cualquiera, en cualquier barrio de Buenos Aires, y doña Elsa, 62 años, me dice en la verdulería que vio por televisión que al Papa lo habían operado del pulmón. La pregunta le salió sola, casi como un suspiro: "Pero eso es grave, ¿no?". Le dije que no necesariamente, que la palabra cáncer asusta pero que hoy hay formas de tratarlo que son bien distintas a las de hace veinte años, y que lo del Papa es un caso testigo para entenderlo. Por eso vale la pena detenerse un rato y contar bien de qué se trata este adenocarcinoma del que tanto se habló en las últimas horas, porque cuando uno entiende lo que tiene enfrente, le pierde un poco el miedo al fantasma.

Qué le hicieron y por qué

El Vaticano confirmó que a León XIV le practicaron una lobectomía del lóbulo inferior derecho, una cirugía que se hizo en el Policlínico Gemelli de Roma, duró alrededor de noventa minutos y se realizó con técnica videoasistida, es decir, mediante pequeñas incisiones y una cámara, en lugar de abrir el pecho de manera convencional. El resultado del estudio histológico que se hizo en el mismo quirófano arrojó que el tejido extraído era un adenocarcinoma pulmonar, y el parte oficial describió la evolución posoperatoria como normal: el paciente volvió a comer, hizo kinesioterapia respiratoria y empezó a caminar dentro de la habitación. Para una persona de 80 años, el hecho de estar caminando al día siguiente ya es, en sí mismo, una buena señal.

Ahora bien, ¿por qué se saca el lóbulo entero y no solo el nódulo? La explicación, según planteó el neurólogo Conrado Estol, es que la cirugía busca garantizar márgenes libres de células tumorales, o sea, asegurarse de que alrededor del tumor no quede nada que pueda volver a crecer. Además, extraer todo el lóbulo permite que los patólogos analicen con más detalle los ganglios linfáticos cercanos y la pleura, que es la membrana que envuelve el pulmón, datos que después van a ser clave para definir el pronóstico. En esos casos, un patólogo puede examinar muestras en el momento y distinguir si lo que ve es cáncer, una cicatriz vieja o fibrosis, aunque el diagnóstico definitivo siempre llega después, con el estudio microscópico completo.

Un tumor que aparece sin haber fumado nunca

Acá viene uno de los datos que más llaman la atención: el adenocarcinoma es el subtipo de cáncer de pulmón más común entre quienes nunca encendieron un cigarrillo. Estol explicó que representa entre el 55 y el 80 por ciento de los casos en personas no fumadoras, lo que cambia bastante la idea de que esta enfermedad es solo cosa de fumadores. Suele ubicarse en la periferia del pulmón, y por eso mismo tarda más en dar síntomas, ya que al no obstruir un bronquio principal puede pasar bastante tiempo sin que nadie lo note. En muchísimos casos, como parece haber pasado acá, el hallazgo llega en un control por otra cosa.

Qué se sabe hoy y qué falta para el pronóstico

  • El tamaño exacto del nódulo, que todavía no fue difundido de manera oficial, es uno de los datos centrales: a menor tamaño, mejor suele ser el pronóstico.
  • El estado de los ganglios linfáticos cercanos, que se analiza con el tejido extraído en la operación.
  • Si la pleura, la membrana que recubre el pulmón, presentó o no compromiso tumoral.
  • Los estudios genéticos del tumor que se están haciendo en paralelo y que pueden abrir la puerta a terapias específicas.

Estol describió un escenario hipotético, puramente orientativo, para que se entienda cómo se lee esta información: si el nódulo mide alrededor de dos centímetros, los ganglios están libres y no hay compromiso de la pleura, la sobrevida a cinco años puede acercarse al 99 por ciento. Es un número que, dicho así, suena casi inverosímil, pero que muestra por qué los oncólogos insisten tanto en los controles tempranos: cuando el tumor se descubre chico y se opera a tiempo, la historia cambia de manera radical. Mientras tanto, en laboratorios especializados se está analizando la genética del tumor para detectar mutaciones específicas, como las llamadas EGFR, KRAS, BRAF, HER o MET, que permiten indicar terapias dirigidas que se toman por vía oral. La inmunoterapia, que se aplica por vena, es otra alternativa, y aunque ambas opciones pueden ir perdiendo fuerza con el paso del tiempo, el seguimiento oncológico continuo es parte del tratamiento y, en buena medida, la garantía de que el cuadro no se descontrole.

Cuando terminé de contarle todo esto a doña Elsa, en la misma verdulería de cualquier mañana de barrio, me miró y me dijo algo que se me quedó dando vueltas: "Entonces no es lo mismo un cáncer que otro cáncer, ¿no?". Tiene razón. Y creo que esa es la mejor forma de cerrar esta nota: la del Papa no es la historia de un cáncer más, es la de un tumor que se detectó a tiempo, se operó con una técnica poco invasiva y que, mientras el mundo mira preocupado, se estudia con la precisión que la medicina de hoy puede ofrecer. Una vez más, la vida cotidiana, la de la verdulería y la de Roma, termina dándose la mano.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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