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Martes, 13 de octubre de 2026
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Cuando el cuerpo se llena y rebalsa: la histamina como hilo invisible entre males que parecen no tener conexión

Migrañas, panza inflamada, mal dormir y ansiedad pueden compartir un mismo origen. El genetista Jorge Dotto explica cómo esta sustancia, presente en alimentos y producida por el propio organismo, se convierte en una señal de alerta cuando el organismo ya no alcanza a eliminarla.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 2 h
Cuando el cuerpo se llena y rebalsa: la histamina como hilo invisible entre males que parecen no tener conexión

Me lo dijo Marta, 62, mientras esperaba el bondi en la parada de siempre: "Yo tengo migrañas desde los treinta, mi hija mayor vive con la panza hinchada, a la más chica le cuesta horrores dormir y mi marido se levanta con los ojos hinchados. Somos una familia entera descomponiendo de distinta manera". La miré y pensé que, sin saberlo, estaba describiendo un mapa que la medicina empieza a leer de forma conjunta. El hilo conductor, en muchos de esos casos, se llama histamina.

Para entender de qué se habla cuando se nombra a la histamina, conviene dejar de pensarla solo como la culpable de los estornudos en primavera. El médico genetista Jorge Dotto, en diálogo con este medio, la describe como una sustancia química con funciones múltiples: participa en el estado de vigilia, en los mecanismos de apetito y saciedad, en funciones cognitivas, en la producción de ácido estomacal, en la contracción intestinal y en la regulación cardíaca. También se activa cuando el sistema inmune detecta una amenaza, lo que explica por qué aparece en reacciones alérgicas clásicas como picazón, sarpullido o goteo nasal.

Un vaso que se va llenando

El problema no es la histamina en sí misma, sino la cantidad que se acumula y que el cuerpo no alcanza a eliminar. Dotto lo resume con una imagen que se repite en su consultorio: "Acumulo, acumulo, acumulo y exploto, porque no puedo sacar el tapón". El vaso se va llenando con lo que se come, con el estrés cotidiano, con el ejercicio muy intenso o con los cambios hormonales. Mientras el nivel se sostiene, no hay síntomas. Cuando rebalsa, aparecen las señales.

Esas señales pueden ser tan distintas entre sí que rara vez se las vincula: dolor de cabeza recurrente, distensión abdominal, dificultades para conciliar el sueño, sensación de ansiedad, congestión que aparece sin causa aparente o malestares que se confunden con los de una alergia. Cada paciente las vive como un capítulo separado; el especialista busca unirlos en una misma historia clínica.

  • Quesos curados y embutidos.
  • Vino tinto y otras bebidas alcohólicas.
  • Chocolate y derivados del cacao.
  • Tomate, palta y ciertas frutas.
  • Pescado, sobre todo cuando no está bien fresco.

La carga oculta en la comida cotidiana

La lista de alimentos con mayor carga de histamina, o que estimulan su liberación dentro del organismo, es más larga de lo que parece a simple vista. Quesos curados, embutidos, vino tinto, chocolate, tomate, palta y pescado encabezan el grupo. Pero, como aclara Dotto, la dosis importa tanto como el alimento: hay personas que toleran el tomate cherry y reaccionan al tomate común. "No todos reaccionamos de la misma manera a las mismas sustancias químicas", señala, y agrega que la tolerancia también cambia a lo largo de la vida.

La alimentación, además, no es la única vía. El estrés sostenido, las noches mal dormidas, la menstruación y hasta el ejercicio muy exigente pueden sumar histamina al organismo o enlentecer su eliminación. De ahí que muchos pacientes perciban que sus malestares aparecen en racimos: una semana de mucho trabajo, una cena con queso y vino, y al otro día el cuerpo pasa factura.

“Que aparezcan intolerancias en una misma familia es lo esperable, no la excepción. Compartimos genes y compartimos mesa, así que el cuadro se repite.”Jorge Dotto, médico genetista

Por qué se hereda y por qué no se hereda igual

El componente genético ayuda a entender por qué la intolerancia a la histamina aparece en varios miembros de un mismo grupo familiar. Cada persona hereda información que define cómo procesa ciertas sustancias, pero la manera en que eso se expresa varía. Dotto cuenta el caso de dos hermanas gemelas con síntomas distintos pese a compartir casi todo el ADN: la diferencia estaba en lo que cada una comía y en los factores del entorno que cada una transitaba. "Que aparezcan intolerancias en una misma familia es lo esperable, no la excepción", remarca.

En las mujeres, las hormonas agregan otra capa. La relación entre los estrógenos y la histamina puede hacer que ciertos síntomas cambien a lo largo del ciclo menstrual, durante el embarazo o en la menopausia. Lo que en la juventud se tolera bien, en otra etapa de la vida puede empezar a pasar factura. De ahí que muchas pacientes consulten, décadas después del primer síntoma, con la certeza recién construida de que algo no estaba del todo bien.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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