Cuando el cielo se cierra en minutos: lo que cada familia neuquina puede hacer antes de que el agua llegue a la puerta
Los suelos saturados, los arroyos que vuelven a tomar caudal y las tormentas que se forman en pocos minutos obligan a revisar planes, kit y puntos de encuentro. Una recorrida por las recomendaciones de la funcionaria que coordina la emergencia en la provincia, con el llamado de atención que ya recorre los barrios.
Me lo contaba esta mañana Marta, una vecina de 58 años que vive a tres cuadras del arroyo en la zona oeste de la ciudad, mientras colgaba la ropa mirando de reojo el cielo gris: hace quince años que vive en esa casa y nunca vio llover así en tan poco tiempo. Yavú, me dijo, que en guaraní quiere decir algo así como "llovió mucho", y la frase le salió sola, porque en su cuadra ya están contando los minutos entre trueno y trueno como quien cuenta los segundos antes de una noticia que nadie quiere escuchar.
La escena se repite en patios y veredas de toda la provincia, y detrás del comentario cotidiano aparece una realidad técnica que preocupa a quienes manejan la emergencia. Los suelos de Neuquén llegaron al límite de absorción: después de décadas de sequía, las lluvias de las últimas semanas saturaron el terreno y provocaron que el agua escurra con rapidez hacia arroyos y cañadones que permanecieron secos durante años. Lo que hasta hace poco parecía un barrio tranquilo hoy puede convertirse, en cuestión de horas, en una zona de riesgo.
Tormentas que nacen y crecen en minutos
“Un lugar puede atravesar el día sin inconvenientes y, de repente, sufrir anegamientos o crecidas. El agua no siempre cae donde genera el daño: una precipitación intensa en una cuenca alejada puede convertir un arroyo aparentemente tranquilo en una corriente de gran fuerza.”Luciana Ortiz Luna, secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo de Neuquén
La funcionaria lo explica con una claridad que a mí, como vecina y como cronista, me deja pensando en cuántas veces pasamos por arriba de una calle anegada sin dimensionar lo que pasa más arriba, en la cuenca. Por eso la recomendación más urgente para las familias que viven cerca de ríos, arroyos, cañadones o zonas bajas es conocer las vías de evacuación del barrio o la localidad antes de que ocurra una emergencia, no cuando el agua ya está golpeando la vereda.
Antes de que llegue la crecida: cuatro pasos que se pueden dar hoy
- Identificar con tiempo a las personas del grupo familiar o del entorno cercano que puedan necesitar ayuda para trasladarse: pacientes con enfermedades crónicas, adultos mayores o vecinos con dificultades de movilidad.
- Armar un kit de emergencia con documentación personal, alimentos no perecederos, agua potable en reserva, elementos para afrontar un corte de luz y lo necesario para abandonar la vivienda si las autoridades lo indican.
- Reservar agua potable en cantidad, ya que las emergencias pueden afectar los sistemas de abastecimiento y dejar a los barrios sin red durante horas.
- En localidades rurales o con accesos vulnerables, prever la posibilidad de quedar aislados y ubicar con anticipación los puntos de encuentro y los centros de evacuación definidos por cada municipio.
Desde la Secretaría provincial, además, se trabaja en identificar antiguos cauces fluviales que permanecieron inactivos durante el período de sequía y que hoy pueden volver a recibir grandes caudales. El objetivo es detectar puntos vulnerables y anticiparse al problema, una tarea que me parece tan importante como la que cada familia puede hacer dentro de su casa, porque la emergencia, cuando llega, no distingue entre la planificación del Estado y la del vecino.
Vuelvo entonces a la imagen del principio, a Marta y a su ropa tendida mirando el cielo. Cada vez que un vecino como ella pregunta qué hacer antes de que el arroyo se desborde, está haciendo exactamente lo que recomiendan los especialistas: anticiparse. Porque en estas semanas neuquinas, en las que el agua encontró otra vez los caminos que la sequía le había tapado, la diferencia entre un susto y una tragedia se juega en los minutos previos a la tormenta, no en los que vienen después.
