Carrie vuelve a gritar en ocho capítulos: Flanagan le toma el pulso a un clásico que no envejece
Summer H. Howell se pone en la piel del personaje más castigado de Stephen King en una miniserie que se propone pensar el bullying a la luz de las pantallas que ya no se apagan nunca.
Me acuerdo de la primera vez que alguien me prestó el libro de Stephen King: una edición gastada, con la tapa medio suelta, que igual lograba que uno no durmiera varias noches. Por eso, cuando me llegó la noticia de que Mike Flanagan estaba preparando una nueva adaptación de Carrie en formato de miniserie para Prime Video, sentí esa mezcla de curiosidad y de respeto que me generan los clásicos cada vez que alguien se anima a revisitarlos. Esta vez, además, la propuesta se anima a algo que en mi juventud ni imaginábamos, y es poner el ojo en cómo las redes sociales cambiaron para siempre la geografía del acoso entre adolescentes. Y como me parece un tema que merece que nos detengamos, les cuento de qué se trata esta versión que tiene previsto su estreno para el 7 de octubre.
Una Carrie nueva para una época distinta
La protagonista es Summer H. Howell, una actriz joven a la que vale la pena seguir de cerca porque carga sobre sus hombros nada menos que al personaje más icónico de la primera novela de King. La elección de Flanagan, que ya había adaptado al escritor en El juego de Gerald, Doctor Sleep y La vida de Chuck, y que viene de maravillas televisivas como La maldición de Hill House y Misa de medianoche, me da cierta tranquilidad: cuando este director se mete con un clásico, lo trata con cuidado, pero también lo interpela. Por eso me entusiasmo con la idea de una Carrie de ocho episodios, porque el formato le permite a Flanagan tomarse su tiempo para mostrarnos a una comunidad entera: los chicos del instituto Thomas Ewen, sus familias y los adultos que intentan sostener esa institución mientras la presión va subiendo como la marea.
El elenco adulto lo encabezan dos nombres que ya conocen los lectores de estas páginas: Amber Midthunder, a quien muchos vieron en Prey y que aquí se pone en la piel de una profesora del secundario, y Matthew Lillard, ese actor enorme que ya es parte del imaginario colectivo gracias a la saga de Scream y a los que uno no quiere perderse. Lillard interpreta al director del colegio y, según lo que él mismo explicó en la promoción, los docentes y directivos de esta historia están permanentemente tratando de orientar a los jóvenes mientras cada uno, en su propio rincón, juega sus cartas. Me gusta esa mirada porque es la que uno suele tener de las escuelas reales: no alcanza con los manuales, hace falta gente que esté presente.
“El acoso digital extiende la exposición de las víctimas más allá del horario de clases: puede continuar en el hogar a través del teléfono y alcanzar a otras personas de la comunidad.”Alison Thornton
Las pantallas que no se apagan y la crueldad que se muda de clase
A mí, que me crié sin teléfono propio y con la tele como centro del living, este ángulo nuevo de Carrie me resulta de los más inquietantes. Thornton, que encarna a Chris, una de las chicas que hostigan a Carrie, contó que el acoso digital extiende la exposición de las víctimas más allá del horario escolar y puede perseguir a las víctimas incluso en la cama, a través del teléfono. Esa continuidad sin pausa es la gran novedad de esta versión, porque el bullying ya no termina cuando suena la campana del colegio, ni siquiera cuando la víctima se encierra en su cuarto. Por eso la nueva Carrie se permite mirar lo que pasa dentro de las casas, en las mesas familiares y en las decisiones de los adultos responsables, que muchas veces llegan tarde o directamente miran para otro lado. Midthunder también lo señaló con claridad: las redes sociales condicionan los vínculos de los chicos y son parte del mundo en el que esta Carrie intenta sobrevivir.
Lo que más me emociona de esta propuesta es que Flanagan y su equipo parecen entender que Chris y compañía no son villanas de historieta. Totah contó que pudo explorar facetas de Tina que en versiones anteriores habían recibido menos espacio, y Thornton explicó que buscó las razones que llevan a una chica a ser cruel con otra. Eso, que a primera vista parece un detalle de producción, a mí me parece una declaración de principios: si vamos a contar de nuevo esta historia, contémosla entera, con la incomodidad que eso implica. Y les digo algo con la honestidad que me caracteriza: si tienen hijos en edad escolar, si son docentes, si alguna vez fueron ese chico que padecía bullying o ese otro que lo ejercía sin terminar de entender qué estaba haciendo, esta serie les va a pegar en un lugar que las películas no podían alcanzar. Yo, como cada vez que un clásico vuelve y viene con algo serio para decir, les recomiendo que se sienten a verla con tiempo, sin el celular al lado, y que después charlen con alguien sobre lo que les dejó. A veces, las series mejores que un crimen son las que nos obligan a mirarnos.
