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Una novela escrita en el exilio y guardada en un ropero vuelve al escenario de la mano de Claudia Piñeiro

La dramaturga adapta Maldición eterna a quien lea estas páginas, de Manuel Puig, en una pieza dirigida por Marcelo Moncarz que recupera la voz dialogada de un libro que casi pide ser escuchado más que leído.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · 8 de septiembre de 2026 · hace 58 min

Canten, que es domingo, payo y gilpa, y ande ande ande el camino le tira al pie del ropero donde un viejo guarda el roperito, y en ese roperito se fue a esconder Manuel Puig una novela que nunca terminó de rodar por los escenarios argentinos, hasta que una dramaturga de temperamentazos largos decidió abrirla y desempolvarla. La novela se llama Maldición eterna a quien lea estas páginas, el roperito es metafórico, y la dramaturga se llama Claudia Piñeiro, que acaba de estrenar una adaptación teatral el 23 de agosto bajo la batuta del director Marcelo Moncarz, con Luis Campos, Mateo Chiarino y Luz Miraldi en escena, una troupe corta pero suficiente para sostener un duelo verbal que viene de lejos y que, según cuenta la propia Piñeiro, le habla al presente con una frescura que ella no esperaba encontrar cuando se sentó a releer.

La historia detrás de este regreso es de esas que a mí, en lo personal, me gustan especialmente, porque tienen la forma de las cosas que pasan en los pasillos de la literatura y uno se entera de carambola, casi por el diario del lunes. Hace unos años, a Piñeiro le encargaron escribir el prólogo de la reedición de la obra completa de Manuel Puig, y como el prólogo obliga a leer con ojos de cirujano, volvió a abrir Maldición eterna, que no es la novela más famosa del autor de Boquitas pintadas pero para mí guarda un encanto secreto que ahora, gracias a esta puesta, va a poder descubrir un público nuevo que nunca se cruzó con el libro.

Un libro que ya pedía escenario

Lo que encontró Piñeiro al releerla fue algo que no la dejaba en paz: la novela entera está construida casi exclusivamente como un diálogo entre dos personas, un argentino con pérdida de memoria y un joven neoyorquino, y esa arquitectura, según me confió la autora, tiene una teatralidad de tal calibre que el escenario la reclama a gritos, sin necesidad de inventarle nada por encima. Puig escribió el libro en su exilio neoyorquino, lejos de General Villegas y de Buenos Aires, y esa distancia, esa melancolía del que mira su país desde afuera, es parte de lo que la pieza pone sobre las tablas, porque hay decisiones artísticas que nacen del desarraigo y que tardan décadas en encontrar su verdadero público, algo que a mí me parece una justicia poética que siempre celebro.

“Me impresionó cómo le habla al presente el texto, y cómo ciertos libros encuentran su momento más tarde que al salir de la imprenta.”Claudia Piñeiro

La clase media que se volvió arqueológica

Piñeiro, a quien ya le tengo un cariño profesional de vieja data porque nunca le esquiva a los temas sensibles, aprovecha la ocasión para trazar un retrato del escritor que ella admira sin pelos en la lengua y con la honestidad que la caracteriza. Para la dramaturga, Puig fue un artista integral que trabajó el cine, el teatro y la novela sin pedirle permiso a ninguna jerarquía, y sobre todo fue el gran capturador de una clase media argentina que hoy, a su entender, se volvió casi arqueológica, una clase media de cartas, de conversaciones de cocina, de tratamientos de usted y de tú que ya no se escuchan en la calle, y que él supo fijar en el papel con un lenguaje que no busca la perfección sino la fidelidad a cómo hablaba esa gente en sus días.

Hay algo que quiero compartirles en primera persona porque me parece lo más valioso de todo lo que me contó Piñeiro en esta charla, y es que la adaptación teatral le reveló matices del personaje mayor, un tipo duro y a veces hiriente, que la lectura solitaria no le había terminado de mostrar, y eso fue gracias al trabajo del actor Luis Campos, que le puso cuerpo y silencio a ese hombre y le descubrió claroscuros que la página no siempre garantiza, una prueba más, si es que hacía falta, de que el teatro es un arte de la escucha tanto como de la palabra. Todos somos claroscuros, reflexionó ella, y esa frase la repito porque me parece de las que uno se lleva puesta a la salida del teatro.

  • Obra: Maldición eterna a quien lea estas páginas, de Manuel Puig, adaptada por Claudia Piñeiro.
  • Dirección: Marcelo Moncarz.
  • Elenco: Luis Campos, Mateo Chiarino y Luz Miraldi.
  • Estreno: 23 de agosto.
  • Origen del proyecto: prólogo de Piñeiro para la reedición de la obra completa de Puig, que la llevó a releer la novela y descubrir su teatralidad.
AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

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