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Jueves, 8 de octubre de 2026
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Cáncer de próstata: por qué la consulta a tiempo cambia la historia

Crece sin dar avisos y se lleva más de 397 mil vidas al año. Lo que hay que saber para no llegar tarde, según la edad, los antecedentes familiares y la genética.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 23 d
Cáncer de próstata: por qué la consulta a tiempo cambia la historia

A Marta, mi vecina de toda la vida, le detectaron el tumor a su marido en un control de rutina, sin que él hubiera notado nada raro. Tenía 62 años, hacía deporte los fines de semana y jamás se había quejado de nada. Esa frase que repetía ella cada vez que nos cruzábamos en el pasillo del edificio, mientras tomábamos mate en la escalera y ella me contaba los últimos estudios a los que había ido Rodolfo, me quedó dando vueltas: "uno se cuida por fuera y por dentro no sabe ni por dónde le pasa la sombra". Marta tiene 58 años, es de esas mujeres que no se pierden una reunión de consorcio, y lo que dice tiene más sentido del que parece cuando uno se pone a mirar las cifras.

Es que el cáncer de próstata fue el segundo tumor más frecuente en hombres a nivel mundial en 2022, con casi 1,5 millones de nuevos diagnósticos y alrededor de 397 mil muertes, según las estimaciones de GLOBOCAN, la base de datos que releva la incidencia del cáncer en el planeta. En otras palabras: representa el 7,3 por ciento de todos los casos oncológicos y se ubica apenas por detrás del cáncer de pulmón entre los varones. Lo más delicado, y lo que vuelve al tema una conversación postergada demasiadas veces, es que suele crecer en silencio.

Un enemigo silencioso

La mayoría de los tumores localizados no dan síntomas. Cuando aparecen molestias urinarias, dolor óseo o dificultades que hacen pensar en algo, la enfermedad puede estar en una etapa avanzada. Por eso la detección temprana depende pura y exclusivamente de evaluar el riesgo individual antes de que el cuerpo empiece a mandar señales, y de sentarse a charlarlo con un médico sin esperar a tener 70 años para empezar a hacerse la pregunta.

Quiénes deben empezar antes y por qué

La edad es el primer factor a considerar: a mayor edad, mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad. Pero hay otros condimentos que aceleran la cuenta regresiva. Los antecedentes familiares pesan: tener un padre, un hermano o un abuelo con diagnóstico de cáncer de próstata eleva el riesgo de manera considerable. Y a eso se le suman variables genéticas, como las mutaciones en el gen BRCA2, que suelen asociarse a ciertos cánceres de mama pero que también pueden vincularse con tumores prostáticos de comportamiento más agresivo.

Para quienes reúnen esas condiciones de riesgo elevado, la recomendación de Mayo Clinic es empezar la conversación con el equipo de salud entre los 40 y los 45 años. Para la población general de entre 55 y 69 años, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos sugiere tomar una decisión individual, evaluando junto con un profesional los beneficios y las limitaciones del análisis de antígeno prostático específico, conocido como PSA. A partir de los 70 años, ese organismo directamente no recomienda el tamizaje sistemático.

  • Si hay antecedentes familiares directos con cáncer de próstata, se puede considerar la consulta entre los 40 y los 45 años.
  • Para la franja de 55 a 69 años, la decisión de hacerse el PSA se toma de manera individual junto con el profesional de cabecera.
  • Después de los 70, los organismos internacionales no aconsejan el tamizaje de rutina, salvo indicación médica puntual.
  • Un PSA elevado no confirma cáncer por sí solo: puede justificarse por ejercicio intenso, una inflamación prostática, una biopsia reciente o el uso de medicamentos como finasterida o dutasterida.
  • Ante un valor fuera de rango, lo habitual es repetir el estudio antes de avanzar con otros análisis.

El PSA mide una proteína que está presente tanto en células normales como en células malignas de la próstata. Un valor por encima del esperado no es un veredicto, sino una señal para seguir investigando. Si se sostiene en el tiempo, la evaluación puede incluir un examen físico, otros biomarcadores en sangre u orina y una resonancia magnética de próstata para identificar zonas que requieran biopsia. El camino es escalonado y la paciencia, en estos casos, es una aliada.

Vuelvo a Marta, que en el fondo es el motor de esta nota. Cuando me volvió a cruzar en la escalera, ya con Rodolfo recuperado después de un tratamiento que arrancó a tiempo, me dijo algo que vale la pena repetir: "che, decile a la gente que vaya al médico antes de que le duela algo, porque cuando duele ya es tarde". Yo le contesté que tenía razón, y que de eso se trata, en el fondo, de sacarse los tabúes de encima y conversar con naturalidad sobre un tema que muchos varones todavía postergan. Ir al médico no es debilidad, es cuidarse. Y la información, en estos casos, termina siendo la mejor herramienta que uno tiene a mano antes de que la sombra pase por encima.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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