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Jueves, 8 de octubre de 2026
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La cuenta pendiente de los vínculos: cuando estar solo y sentirse solo pesan distinto en la salud

Un estudio del Biobanco del Reino Unido con más de 277.000 voluntarios midió cuántos años sin enfermedades esperaban vivir quienes atravesaban aislamiento social o soledad, y encontró diferencias notables entre ambos fenómenos.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 12 d
La cuenta pendiente de los vínculos: cuando estar solo y sentirse solo pesan distinto en la salud

Imaginate la escena: es un jueves a la noche, la televisión queda de fondo y en la mesa hay un cubierto solo. No hace falta que sea un drama ni una tragedia; alcanza con esa quietud doméstica que muchas veces disimulamos. Yo misma, en más de una cobertura barrial, escuché a Hilda, una vecina de Lanús de 53 años, resumirlo con una palabra que le sale del riñón: ñembotavy, me dijo, que en guaraní vendría a ser algo así como "sentirse solo sin tener con quién compartir lo de adentro". Esa sensación, y el hecho de tener o no tener vínculos, no son lo mismo. Y un trabajo reciente se tomó el trabajo de medirlos por separado.

La investigación, difundida por la Universidad de Tulane en septiembre de 2026, siguió a más de 277.000 personas de entre 40 y 69 años que integran el Biobanco del Reino Unido. Al momento de incorporarse al estudio, ninguno de los voluntarios padecía las siete condiciones que los autores tomaron como referencia: diabetes, enfermedades cardíacas, problemas pulmonares, demencia, cáncer, depresión y ansiedad. Tomando los 50 años como punto de partida, el equipo calculó cuántos años podían esperar vivir sin ese conjunto de enfermedades.

Dos riesgos que no se superponen del todo

El aislamiento social y la soledad suelen mencionarse como si fueran sinónimos, pero la bibliografía especializada los trata como dos fenómenos distintos. El primero describe la situación objetiva de tener pocas relaciones o contactos limitados; el segundo apunta al malestar subjetivo que aparece cuando esos vínculos no alcanzan para cubrir las necesidades de conexión de cada uno. Una persona puede estar objetivamente aislada y no sentirse sola, y también puede estar rodeada de gente y experimentar soledad.

  • En mujeres con aislamiento y soledad, los años sin enfermedades físicas se redujeron 2,4 años.
  • En hombres con aislamiento y soledad, la caída estimada fue de 1,7 años.
  • En salud mental, las mujeres perdieron 3,7 años y los hombres, 5,8 años.
  • Los hábitos saludables atenuaron el impacto del aislamiento, pero no el de sentirse solo.

Los hábitos de vida no jugaron el mismo papel frente a los dos fenómenos. Una alimentación equilibrada, la actividad física, dormir bien y no fumar amortiguaron parte de los años perdidos asociados al aislamiento social. Sin embargo, esos mismos hábitos no lograron reducir de manera significativa los riesgos que aparecían cuando lo que estaba en juego era la soledad. Para los investigadores, el dato sugiere que el daño ligado a sentirse solo no se resuelve sólo con conductas individuales: hace falta algo más, y ese algo más pasa por los otros.

“Los hallazgos abarcan tanto la salud física como la mental, y muestran que aislamiento social y soledad tienen efectos diferentes sobre los años de vida saludable.”Lu Qi, investigador principal del estudio

Volvamos al comienzo, a la mesa de los jueves y a Hilda. Si de esta investigación algo queda flotando es la idea de que tener una rutina saludable ayuda, pero no alcanza cuando lo que falta es vínculo. Construir comunidad, cultivar lazos, hacerse el tiempo para el café con la vecina o la charla en el club de abuelos es, según estos números, una decisión que también es sanitaria. Y eso, mirá vos, no es un dato menor para quienes llevamos décadas cubriendo la vida cotidiana de los barrios.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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