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Domingo, 11 de octubre de 2026
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Bajar de peso no es solo cuestión de voluntad: la cabeza también pesa en la balanza

Genética, emociones, cansancio y entorno se combinan en una relación con la comida que no se resuelve solo con dietas y gimnasia. La OMS y un metaanálisis de 37 estudios respaldan un abordaje que incluya apoyo psicológico para sostener los cambios en el tiempo.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 1 h
Bajar de peso no es solo cuestión de voluntad: la cabeza también pesa en la balanza

Lo veo cada semana en el consultorio de la esquina, en esas conversaciones que se cruzan mientras una espera su turno o hace la cola en la verdulería del barrio. Marta, 52 años, me decía el otro día algo que repitió varias veces mientras acomodaba los tomates en la bolsa: «Hago todo bien y igual no puedo». Marta viene probando dietas desde los treinta, camina cuarenta minutos por día y sin embargo siente que la balanza se burla de ella. No es un caso aislado ni una queja vaga: lo que le pasa a Marta tiene nombre clínico y, sobre todo, tiene explicación. Porque bajar de peso no depende solo de comer menos y moverse más, una frase que escuchamos como si fuera un mantra y que termina generando más culpa que resultados. El hambre, el descanso, el estrés, el estado de ánimo, la genética y el entorno alimentario pesan tanto o más que la voluntad a la hora de sostener un cambio en el tiempo.

Cuando el tratamiento se queda a mitad de camino

El problema aparece cuando los abordajes se limitan a entregar una planilla con qué comer y cuántas calorías gastar, sin contemplar todo aquello que pasa por la cabeza y por la vida cotidiana de cada persona. Ahí es donde los resultados empiezan a flaquear. La Organización Mundial de la Salud lo dice con claridad: la obesidad surge de la interacción entre una susceptibilidad biológica y las influencias ambientales y psicosociales que nos rodean. Por eso el organismo recomienda una atención multimodal, es decir, un esquema que integre intervenciones conductuales, nutricionales, psicológicas y médicas, siempre adaptadas a las necesidades de cada persona y no copiadas de un manual genérico.

Lo que dicen los estudios

Una pista importante llegó de un metaanálisis que revisó 37 estudios, incluidos 21 ensayos clínicos aleatorizados, y encontró resultados favorables de las intervenciones psicológicas frente a abordajes mínimos o habituales en el manejo del peso. Entre las distintas terapias evaluadas, la de aceptación y compromiso fue la que presentó la evidencia más consistente de eficacia en el seguimiento posterior a los 18 meses, según el trabajo publicado en Obesity Reviews. En castellano llano, significa que trabajar con la cabeza no es un extra opcional: es parte del tratamiento, y los números lo respaldan.

  • La genética influye: ciertas variantes genéticas afectan los mecanismos cerebrales que regulan el hambre y la saciedad, y otras inciden en el metabolismo, es decir, en la forma en que el cuerpo usa y almacena energía. Por eso dos personas con planes parecidos pueden obtener resultados muy distintos.
  • El estado emocional pesa: el ánimo y el nivel de cansancio modifican la capacidad de sostener decisiones vinculadas con la alimentación cotidiana.
  • El entorno también cuenta: lo que tenemos a mano en la heladera, en la oficina o en la parada del colectivo condiciona cada elección, por más voluntad que pongamos.
  • Una respuesta rígida ante un tropiezo suele generar la sensación de haber perdido el control por completo y derivar en comer de forma desinhibida; una respuesta más flexible permite reconocer el episodio sin sentir que se abandonó todo el proceso.

El cuerpo habla, la cabeza escucha

En esa palabra de origen guaraní que usamos tanto en Buenos Aires y que a veces explicamos de paso, el mbya guazú, los pueblos originarios llaman al cuerpo y al espíritu como una misma cosa, porque no se piensa la salud separada de lo que sentimos. La medicina moderna, en cierto modo, volvió a ese lugar. La Sociedad Europea de Cardiología plantea que el tratamiento de la obesidad requiere un abordaje prolongado que combine alimentación, actividad física y aspectos psicológicos, orientado a cada persona, y no una solución exprés que se abandona antes del primer invierno. Volviendo a Marta, a su bolsa de tomates y a su frustración repetida, quizá la novedad no sea otra dieta sino animarse a sentarse con alguien que ayude a ordenar lo que pasa por la cabeza mientras se intenta cambiar lo que se lleva a la boca. Porque la voluntad ayuda, sí, pero acompañada siempre rinde mucho más.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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