"Aunque sé que es falso, me da vergüenza": el caso de Lomas de Zamora que sacude a las familias y reabre el debate por las imágenes de IA
Adolescentes de un colegio de Lomas de Zamora vivieron angustia y sensación de vulnerabilidad después de que compañeros crearan y difundieran fotos sexuales falsas con inteligencia artificial. La Justicia investiga a cuatro menores y la causa reaviva la discusión sobre el daño psicológico de un material que, aun siendo manipulado, deja huellas reales en quienes lo sufren.
Volví a acordarme de esa frase que me dijo una vez Marta, 52 años, vecina de Temperley, mientras tomábamos un café en la vereda de su casa. Hablábamos de su hija adolescente, del celular que no solt nunca y de los grupos de WhatsApp del colegio, cuando de repente me dijo algo que me quedó dando vueltas: "Yo le explico que esa foto está hecha con computadora, pero a ella le sigue dando vergüenza igual". La frase me resonó otra vez esta semana, cuando me puse a leer el caso del colegio secundario de Lomas de Zamora donde cuatro menores son investigados por crear y distribuir imágenes sexuales falsas generadas con inteligencia artificial a partir de fotos de sus propias compañeras. Es que esa sensación que Marta describía sin saberlo tiene nombre en la causa que tramita la Justicia: aunque las víctimas sepan que el material es manipulado, el daño emocional existe, pesa y deja marcas.
La investigación, que avanza en los tribunales de Lomas de Zamora, está caratulada como producción y distribución de material de abuso sexual infantil, conocido por la sigla MASI. Lo que se les adjudica a los cuatro adolescentes es haber tomado fotografías de perfiles públicos en redes sociales de varias alumnas, manipularlas con herramientas de inteligencia artificial para generar imágenes de contenido sexual y después distribuirlas en grupos digitales, con indicios de que también circularon por plataformas de mensajería. La gravedad no está solo en la manipulación técnica, sino en algo mucho más humano: las víctimas relataron haber sentido asco, vergüenza y miedo al pensar que no podían saber hasta dónde habían llegado esas imágenes. Una de ellas, justamente, fue la que dejó la frase que titula esta nota: "Aunque sé que es falso, me dio vergüenza."
La palabra que duele más allá de la pantalla
En guaraní, la palabra jepyré se usa para describir ese mal estar profundo que queda cuando algo nos atraviesa y no sabemos bien cómo sacárnoslo de encima. No es un término médico, ni pretende serlo, pero sirve para nombrar lo que varias de las chicas contaron: una sensación de vulnerabilidad que no se apaga con el botón de borrar. "Creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo", dijo otra de las adolescentes afectadas, y esa frase resume el segundo frente del problema: aun sabiendo que la foto es falsa, la duda sobre la circulación del material se vuelve una carga enorme.
Las víctimas tardaron en hablarlo con sus familias. Una contó que se calló porque no quería que sus padres la vieran de esa manera, incluso sabiendo que la imagen había sido generada por una computadora. Esa resistencia a contar lo que estaba pasando retrasó la denuncia y, para los investigadores, muestra hasta qué punto la manipulación con IA puede paralizar a alguien que en teoría no tiene "nada que ocultar". Cuando finalmente concurrieron al colegio a pedir ayuda, sintieron que la respuesta institucional llegó tarde y resultó insuficiente. Después, la dirección organizó jornadas de diálogo y los menores investigados pasaron a la modalidad virtual, mientras la Justicia ordenó el cese de hostigamiento y pidió medidas para evitar el contacto entre las partes.
Lo que hay que tener en cuenta en casa y en la escuela
La protesta que organizaron las propias alumnas frente al colegio, con estudiantes de distintos cursos y familias, terminó viralizándose en redes. Aparecieron testimonios de jóvenes de otros establecimientos que contaron haber vivido situaciones parecidas, lo que confirma lo que muchos sospechaban: que el caso de Lomas de Zamora no es un hecho aislado, sino la punta de un iceberg que está empezando a mostrarse. Para los equipos de orientación, los directivos y las familias, la pregunta ya no es si esto puede ocurrir, sino cuándo va a caer cerca y qué se va a hacer entonces.
Cuando me fui de la casa de Marta, aquel día, me quedé pensando en lo que me había dicho sobre su hija: "Yo le explico que esa foto está hecha con computadora, pero a ella le sigue dando vergüenza igual". Esa misma sensación, multiplicada por decenas de chicas y por un colegio entero, es la que hoy atraviesan las familias de Lomas de Zamora. La inteligencia artificial puede inventar una imagen en cuestión de segundos, pero la vergüenza, la angustia y la sensación de vulnerabilidad que deja en quienes aparecen en ella son tan reales como las que provoca cualquier otra forma de violencia. Y a eso, al menos por ahora, ninguna máquina lo sabe borrar.
