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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Andrea Ghidone y Pablo Otero sellaron su amor en una mañana de chimenea, con la fiesta pendiente y el corazón puesto en cuatro causas

La bailarina y el empresario firmaron el acta civil en Buenos Aires, preparan una gran celebración para el 24 de octubre con tres bandas internacionales y tres vestidos, y le pidieron a sus invitados algo poco habitual: donaciones a fundaciones de Argentina y Uruguay en lugar de los tradicionales regalos de casamiento.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · · hace 1 h
Andrea Ghidone y Pablo Otero sellaron su amor en una mañana de chimenea, con la fiesta pendiente y el corazón puesto en cuatro causas

Te cuento esto como si estuviéramos charlando en la cocina, con un mate de por medio, porque la historia de Andrea Ghidone y Pablo Otero tiene esa textura íntima, de esas que a mí, a esta altura de los años, todavía me conmueven: dos personas que se conocen grandes, que ya traen los bagajes cargados de amores, de hijos, de escenarios vividos, y que igual se animan a decirse que sí delante de un funcionario, en un salón con chimenea y lámparas de araña, con los pibes de ambos como testigos más cercanos. La firma del acta matrimonial se realizó en Buenos Aires, en una ceremonia chica, rodeada de familia, y Andrea subió a sus redes las imágenes del momento junto a un texto que dice mucho de cómo lo vivió: una de las mañanas más lindas y emocionantes, de esas que quedan guardadas para siempre en el corazón. Y uno lo entiende, vaya si lo entiende, porque ese tipo de mañanas, cuando te llegan a esta altura, pesan distinto: saben a premio, a revancha, a esa segunda oportunidad que la vida te regala cuando ya casi no la esperabas.

Una fiesta con banda internacional y un rincón uruguayo en el alma

La gran celebración, la que todos esperan, quedó programada para el 24 de octubre, y por lo que se filtró promete ser de esas veladas que se comentan en las mesas de café durante meses. La música va a tener un rol protagónico: tocarán tres bandas internacionales, una de ellas proveniente de Uruguay, país natal de la bailarina y, sobre todo, lugar donde empezó todo, donde una amiga en común presentó a la pareja durante un encuentro familiar en Punta del Este. Él, el Otero, ya la había visto actuar antes de ese cruce; ella no tenía la menor idea. Y así, como tantas veces en la vida, lo que parecía un desconocido terminó siendo el muchacho con el que después coincidiría en almuerzos y desayunos hasta formalizar lo que ya venía gestándose solos. Los nombres de las bandas todavía no se dieron a conocer, pero el dato de que una sea del paysito de Andrea ya le pone a la noche un condimento extra, una señal de identidad, de raíces que se hacen presente en el festejo.

Tres vestidos, tres historias encima

Para la ropa, la Ghidone se dio un gusto que a mí, que vengo siguiendo a esta mujer desde sus tiempos de Bailando por un sueño, me parece justo y merecido: eligió dos creaciones del atelier de Marisa Campanella en Recoleta, uno de los cuales está bordado entero a mano con cristales, palabra que a cualquiera le suena a noche de gala, a temporada de revistas, a esos detalles que solo se lucen una vez en la vida. El tercer vestido lo trajo de Milán y, según cuentan, lo van a develar en la propia fiesta, un poquito de suspenso para una noche que ya de por sí viene cargada de emociones. Son tres looks, tres cambios, tres Andrea distintas a lo largo de la velada, como si cada uno de los atuendos marcara un capítulo distinto del cuento.

El pedido que los distingue: donar, no regalar

Pero hay un detalle de todo esto que a mí, particularmente, me llegó al alma y que quiero compartir con vos, porque creo que merece la pena extenderse: en lugar de los regalos habituales, la pareja les pidió a sus invitados que, en vez de presentes, realicen donaciones a cuatro organizaciones. La movida, además de original, me parece profundamente lúcida, de una elegancia que pocos tienen, y deja en evidencia a dos personas que entienden que la fiesta no es solo un brindis alrededor de ellos sino también una oportunidad de empujar causas que lo necesitan. En la tarjeta enviada a los concurrentes escribieron un agradecimiento que, si uno lo lee despacio, dice todo: gracias por hacer que el amor de este día también llegue a otros. Y esa frase, a mí, me parece la síntesis perfecta de lo que tiene que ser un casamiento de gente grande, de gente que ya pasó por varias vueltas de la rueda.

  • Fundación Natali Dafne Flexer (Argentina).
  • La Casa del Teatro (Argentina).
  • Asociación Protectora de Animales San Francisco de Asís (Argentina).
  • Fundación Álvarez Caldeyro Barcia (Uruguay).

Si me preguntás qué opino de la idea, te lo digo sin vueltas: me parece de las cosas más bonitas que escuché en mucho tiempo. Creo que las parejas que eligen esto, en lugar de acumular fuentes de cristal o juegos de vajilla que muchas veces ni se usan, están corriendo el foco de la celebración, están recordando que la vida es de paso y que lo que uno deja, más que en los estantes, queda en lo que hace por los demás. Y encima, en este caso, hay una decisión adicional que me cierra mucho: incluyen una fundación del Uruguay, en un gesto que honra el lazo de Andrea con su tierra, ese paysito que la vio nacer y donde, no por casualidad, nació también este amor. A mí, como lector y como cronista de estas historias, me reconcilia con la especie ver que todavía hay novios que se animan a innovar en lo que parece más difícil de innovar: la propia fiesta.

Lo que viene: luna de miel en Curazao y Mar del Plata a la vista

Después de la fiesta, la pareja tiene por delante un cronograma que ya está armadito: viajan a Curazao para la luna de miel, a mediados de noviembre regresan para grabar el documental de la obra Ellas son tango, ese espectáculo que ambos codirigen y en el que Andrea interpreta nada menos que a María Nieves, y después arrancan los ensayos de la temporada en el Teatro Auditorium de Mar del Plata, con gira europea prevista para abril de 2027. Es decir, no paran, no se detienen, y eso también habla de quiénes son: gente de trabajo, de escenario, de agenda apretada, que igual se hace un tiempo para firmar un acta y prometerse amor delante de los suyos. Mi recomendación, ya entrando en el tramo final de esta crónica, es que sigas de cerca la fecha del 24 de octubre, porque tengo la intuición de que vamos a estar hablando bastante de esta boda en las mesas de los cafés durante mucho tiempo, y a mí, personalmente, me va a encantar seguir el hilo.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

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