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Vino, roble y Recoleta: la bodega que se volvió hotel y pelea por el podio sudamericano

A metros de la avenida Alvear, un alojamiento de 29 habitaciones levantado por miembros de la familia Catena fusiona la cultura vitivinícola mendocina con la hotelería de lujo: puertas construidas con toneles, bañeras talladas en una sola pieza y una cava con cerca de 300 etiquetas de cinco provincias, en un proyecto que en 2025 se metió entre los veinte mejores de América del Sur según los lectores de Condé Nast Traveler.

Por Lisandro OjedaAmbiente y conservación · 4 de septiembre de 2026 · hace 53 min

La puerta principal, de seis metros de madera de roble francés, fue ensamblada con los toneles que durante años contuvieron vino. Está sobre la avenida Quintana, en Recoleta, y pesa lo suficiente como para que resulte imposible moverla sin ayuda. Ese primer umbral condensa la idea que ordena cada rincón del hotel boutique que a comienzos de la década de 2010 fundaron integrantes de la familia Catena: la cultura del vino argentino convertida en arquitectura, en objeto y en servicio.

El establecimiento dispone de 29 habitaciones distribuidas en categorías que no se repiten entre sí. Las bañeras se tallaron en Mendoza a partir de una sola pieza de madera, de modo que cada una presenta una forma distinta de las demás. En el piso doce funcionan dos dúplex con terraza propia orientados hacia la Basílica del Pilar. Las unidades del sexto piso incorporan sauna seco privado. Desde mayo de 2026 el hotel ejecuta una reforma piso por piso diseñada para conservar intacta la estética que lo identifica.

Una cava con cerca de 300 etiquetas y un bar que se llama como el verde del Cabernet

El corazón líquido del lugar es Verdot, el bar de vinos, cuya cava climatizada mide cuatro metros de largo por tres de altura y guarda cerca de 300 etiquetas procedentes de Mendoza, Salta, San Juan, la Patagonia y La Rioja. El espacio ofrece catas guiadas por sommeliers, tanto en modalidad privada como para grupos de hasta 50 personas, y abre de mediodía a medianoche. La propuesta gastronómica se completa con Rufino, una parrilla que sirve únicamente cenas y que se abastece en parte de una huerta propia instalada en el subsuelo del edificio.

La cocina está a cargo de un especialista en cocina patagónica, mientras que la carta de tragos lleva la firma del bartender de Florería Atlántico, bar que integró el ranking mundial de los 50 mejores del mundo. En el piso ocho funciona un spa con pileta climatizada, sauna seco y de vapor y sala de masajes. El hotel también dispone de una sala de reuniones con videoconferencia sin cargo adicional, un beneficio poco habitual en la hotelería de Recoleta.

  • Puerta de seis metros construida con toneles de roble francés que anteriormente contuvieron vino.
  • 29 habitaciones sin layout repetido y bañeras talladas en una sola pieza de madera.
  • Cava climatizada con cerca de 300 etiquetas de Mendoza, Salta, San Juan, Patagonia y La Rioja.
  • Parrilla Rufino, abierta solo para la cena, con huerta propia en el subsuelo.
  • Spa en el piso ocho con pileta climatizada, sauna seco y de vapor y sala de masajes.

Cerca del 80% de los huéspedes son extranjeros, con mayoría de estadounidenses y una presencia europea más marcada durante el invierno boreal. La estadía promedio oscila entre una y dos noches. En 2025 el hotel se ubicó en el puesto 14 del ranking Top 20 Hotels in South America de los Readers' Choice Awards de Condé Nast Traveler, segundo entre los establecimientos argentinos de la lista.

Qué se juega cuando el vino mendocino sale de la bodega y se muda a un cinco estrellas porteño

La operación funciona como una declaración de principios: cada pieza del hotel remite a un circuito productivo que empieza en los viñedos de Mendoza y termina en una bañera tallada, en una puerta o en una copa servida en el piso doce con vista a la Basílica del Pilar. El reconocimiento internacional llegó de la mano de los lectores de la publicación estadounidense, pero el verdadero desafío pasa por sostener esa identidad cuando la reforma en marcha modifique piso por piso un edificio que, por ahora, se vende como una extensión habitada de la bodega. Lo que está en juego es nada menos que la traducción del vino argentino a un lenguaje hotelero sin que se diluya en el trayecto.

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Lisandro OjedaAmbiente y conservación

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