Jueves, 10 de septiembre de 2026
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Veintiocho años después, las hermanas Owens vuelven a conjurar la misma magia de siempre

Sandra Bullock y Nicole Kidman retoman la dupla que conquistó a fines de los noventa, en una secuela que apuesta a la nostalgia antes que a la renovación. La química intacta convive con una dirección sin vuelo y efectos que quedaron viejos.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · 10 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Tengo que confesarlo de entrada: cuando supe que volvían las hermanas Owens, me sentí como aquella tarde de domingo en la que escuché por primera vez "Kilómetro 11" en la radio, con la ventana baja y el mate en la mano. Algo se movió adentro. Pasaron casi tres décadas desde que "Prácticamente magia" se plantó en las pantallas y se convirtió, para muchos de nosotros, en ese ritual de reír y emocionarse con dos hermanas que cargaban una maldición familiar y, sin embargo, encontraban en la amistad su mejor conjuro. La secuela que acaba de llegar a las salas argentinas reune otra vez a Sandra Bullock y Nicole Kidman en los papeles que las volvieron inseparables para una generación entera, y la pregunta que sobrevuela cualquier conversación cinéfila es inevitable: ¿alcanza con que ellas dos sigan siendo las mismas?

La respuesta corta es sí, pero con letra chica. La dupla protagónica sostiene la película casi en soledad. Cada vez que Sally y Gillian Owens aparecen juntas en cuadro, el ritmo se levanta, los diálogos encuentran aire y uno recuerda por qué aquella historia de hechizos y hermanas terminó conquistando a un público que no suele rendirse ante el género fantástico. Bullock conserva esa mezcla de fragilidad y coraje que la convirtió en una de las actrices más queridas de las últimas décadas, y Kidman sostiene el costado más libre, más soñar, con la elegancia que la caracteriza. El problema es que alrededor de ellas la propuesta se desinfla.

Una puesta que no termina de despegar

La dirección de Susanne Bier queda a mitad de camino entre el homenaje y la falta de decisión propia. La película no logra capturar esa atmósfera otoñal, esa melancolía luminosa que tenía la original de 1998, cuando todavía soplaban otros vientos en el cine de género. Los efectos visuales, que en su momento se apoyaban en la imaginación del espectador, hoy se parecen demasiado a los de una producción televisiva de los noventa, y varios momentos que deberían provocar asombro terminan provocando una sonrisa piadosa. Los personajes nuevos, encarnados por nombres jóvenes como Maisie Williams, Joey King y Lee Pace, no encuentran el espacio para hacerse carne: el guion los presenta, los mueve por la trama y los descarta sin terminar de contar qué les pasa por dentro.

“La trama se estira más allá de su punto de cierre natural, e incluye un epílogo que la crítica coincidió en describir como prescindible. Para quien busca reencontrarse con las hermanas Owens sin demasiadas sorpresas, la función está cumplida; para quien esperaba una apuesta nueva, el saldo es bastante menos favorable.”Lectura de la crítica especializada
  • Química entre Bullock y Kidman: el motor real de la película, intacto después de 28 años.
  • Dirección de Susanne Bier: correcta pero sin vuelo propio, sin el tono nostálgico de la original.
  • Efectos visuales: envejecidos, propios de una producción televisiva de los años noventa.
  • Personajes secundarios: no logran despegar dentro de un guion que tiende a la repetición.
  • Epílogo: se extiende más allá de lo necesario y diluye el cierre.
  • Público ideal: quienes crecieron con la entrega original y quieren reencontrarse con sus heroínas.

Hay algo que quiero decirles con franqueza, como si estuviéramos charlando en una mesa de bar: yo recomiendo ir a verla, pero no les pido que se enamoren. Es una película para reencontrarse con dos personajes que significaron mucho para muchos de nosotros a fines del siglo pasado, con esa clase de historia que apuesta por la amistad, por los hechizos cotidianos y por los romances sin demasiadas pretensiones. Los diálogos están cargados de emotividad directa, los mensajes positivos llegan sin filtro y la atmósfera general se parece más a una comedia fantástica familiar que a una película con ambiciones de renovar el género. Si eso es lo que buscan, van a salir conformes del cine. Si esperaban que la espera de casi treinta años trajera consigo una reinvención, les sugiero moderar las expectativas.

Las casi tres décadas transcurridas desde la primera entrega abrían un abanico enorme de posibilidades narrativas: el paso del tiempo sobre los personajes, el costo de la magia cobrada durante años, el modo en que cambian los afectos cuando uno ya tiene historia vivida. La secuela, sin embargo, eligió el camino más conservador, el del refugio seguro, y eso se nota. Como chaqueño que soy y como periodista que camina las salas desde hace años, les digo lo de siempre: hay que ir con el corazón abierto, pero también con los ojos bien despiertos. "Prácticamente magia 2" ya está en cartelera, y la decisión de cómo gastar la tarde del fin de semana, como siempre, queda en manos de ustedes.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

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