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Miércoles, 4 de noviembre de 2026
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Una serie británica sobre el agua contaminada que revisa cuarenta años de descuido

La miniserie Negocios turbios reconstruye, a partir de hechos reales, cómo dos jubilados británicos destaparon décadas de vertidos y fallas de control en ríos y costas.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · · hace 1 d
Una serie británica sobre el agua contaminada que revisa cuarenta años de descuido

Hay historias que empiezan con una sensación difusa, de esas que uno siente antes de poder explicarla, y después se vuelven un escándalo que ocupa titulares durante años. Así es el punto de partida de Negocios turbios, un drama de tres episodios basado en hechos reales que llega con una mirada humana sobre un problema que, como muestra la ficción, excede por mucho a una sola localidad. Yo la vi pensando en esos vecinos que miran el agua de su río y notan que algo no está bien, aunque nadie les dé una respuesta que los convenza.

Dos vecinos jubilados frente a un río que cambió

La trama sigue a Ashley Smith, un expolicía interpretado por David Thewlis, y a Peter Hammond, un profesor de matemáticas jubilado al que da vida Jason Watkins. Ambos se ponen a investigar cuando notan que el río Windrush, en los Cotswolds, presenta una turbidez que no recuerdan haber visto antes. Las explicaciones de la compañía de agua responsable no los dejan tranquilos, y deciden avanzar por su cuenta, combinando la experiencia de uno con la capacidad del otro para analizar grandes volúmenes de datos. Ese cruce de saberes les permite detectar patrones que revelan un problema de escala nacional.

La ficción incorpora además imágenes reales grabadas por activistas, un recurso que le da peso a lo que se ve en pantalla y que conecta la historia con registros concretos de lo ocurrido.

Una niña, una playa y un caso que marca toda la serie

Mientras avanza la investigación principal, la serie alterna otra línea temporal que retrocede a 1999 y sigue a Mark y Julie Preen, una pareja que viaja con sus hijas a Dawlish, en Devon, para pasar las vacaciones en una playa que en ese momento tenía distinción de calidad del agua. La hija de ocho años, Heather, entra en contacto con agua contaminada por un vertido visible en la orilla y muere dos semanas después a causa de una infección por la bacteria E. coli O157. El caso no llegó a esclarecerse por completo, y el veredicto determinó que la muerte fue accidental.

Lo que dicen las decisiones de cada época

  • La privatización del sector del agua en 1989, desde donde el drama sitúa el origen del problema.
  • Las sucesivas operaciones de compraventa de las empresas, mientras las infraestructuras acumulaban años de inversión insuficiente.
  • En 2008, el traslado parcial a las compañías de agua de la tarea de detectar incumplimientos, mediante un sistema de autocontrol.
  • La relación entre los organismos reguladores y las empresas supervisadas, el nivel de las multas y las remuneraciones de algunos directivos.

La serie, dirigida por Joseph Bullman, muestra cómo esas decisiones fueron debilitando la capacidad de fiscalización del Estado y dejaron a ríos y costas de todo el Reino Unido expuestos a vertidos de aguas residuales sin tratar. Es una ficción que pone el foco en lo colectivo sin perder de vista a las personas comunes que terminan pagando las consecuencias.

Si uno busca una serie que combine intriga, memoria y compromiso con la gente que se preocupa por su entorno, Negocios turbios vale la pena. Yo la recomiendo sin dudar, sobre todo para quienes siguen con atención los temas ambientales y quieren entender de dónde viene un problema que todavía se siente en el agua que tocamos.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

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