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Jueves, 8 de octubre de 2026
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Una mosca digital: el mapa neuronal completo de la Drosophila que ya clasifica correos, juega al Doom y opera con criptomonedas

Investigadores de Google, Harvard, Princeton y Janelia reconstruyeron las más de 166.000 neuronas del sistema nervioso de una mosca de la fruta y las pusieron a trabajar en tareas muy distintas, con resultados curiosos pero todavía lejos de la inteligencia artificial tradicional.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 18 d
Una mosca digital: el mapa neuronal completo de la Drosophila que ya clasifica correos, juega al Doom y opera con criptomonedas

Imaginate esta escena: un vecino del quinto piso, Roberto, tiene 54 años y acaba de cambiar de celular. Mientras acomoda sus contactos, me dice al pasar: "Lo único que quiero es que la app me separe los mails del banco de los del club de bochas". Lo que Roberto no sabe es que, a miles de kilómetros de su departamento, hay un equipo de científicos que usó precisamente el cableado interno de una mosca de la fruta para intentar hacer algo parecido: clasificar correos electrónicos. La diferencia es que, en lugar de una aplicación, lo hicieron con un mapa digital del sistema nervioso completo del insecto, una reconstrucción tan ambiciosa como experimental que ya se animó a controlar personajes de Doom y a tomar decisiones de inversión en un juego de criptomonedas.

Un cerebro entero, en una computadora

El modelo en cuestión se llama MaleCNS v1.0 y no es poca cosa: reúne más de 166.000 neuronas, alrededor de 125 millones de conexiones entre ellas y unos 11.700 tipos celulares diferentes. Participaron en su construcción investigadores de Google Research, del HHMI Janelia Research Campus, de la Universidad Harvard y de Princeton. La reconstrucción no se quedó en el cerebro de la mosca: también incluyó el cordón nervioso ventral, esa especie de autopista que conecta lo que el insecto percibe con lo que el cuerpo termina haciendo. En guaraní, a esa unión entre sensación y movimiento la podríamos llamar el ñe'ẽrupi, el camino por donde corre el mensaje. La idea, en criollo, es contar con un circuito entero para ver cómo viaja la información de un extremo al otro.

Para armar ese rompecabezas hicieron falta millones de imágenes de cortes ultrafinos del sistema nervioso, tomadas con microscopios electrónicos. Cada neurona, cada sinapsis, cada cruce quedó registrado en un conectoma, que es básicamente el plano de cableado completo del animal. A partir de ahí, los investigadores pudieron enchufar ese cerebro digital a distintas tareas y ver qué pasaba.

De los correos al Doom: qué se animaron a probar

  • Clasificación de correos electrónicos: la red simulada alcanzó cerca del 80 por ciento de la precisión de una red neuronal artificial pequeña diseñada para esa misma tarea. Ese porcentaje es relativo, mide qué tan cerca estuvo del rendimiento de la red convencional y no un porcentaje de aciertos sobre el total de mensajes.
  • Control de un personaje en el videojuego Doom: el ingeniero Alex Wormuth conectó el modelo a las imágenes del juego, convertidas en estímulos para las neuronas sensoriales simuladas. La información de brillo y color circula por la red y se traduce en acciones del personaje. Cuando el protagonista recibe daño sin morir, se activan células dopaminérgicas que funcionan como una señal de refuerzo, algo parecido a un castigo suave.
  • Stonkfly, un proyecto financiero experimental: la misma lógica de, de premio y castigo, se a un entorno donde gráficos de cotizaciones se traducen en decisiones de compra y venta de criptomonedas dentro de una cartera virtual. Las ganancias activan una señal asociada a unas 15 células; las pérdidas estimulan otras dos vinculadas con respuestas aversivas. Es un uso lúdico y experimental, sin datos que permitan evaluarlo como herramienta real de inversión.
  • Super Mario 64, Beat Saber, salas de escape e incluso creación de tipografías: otros desarrolladores conectaron el modelo a juegos y tareas creativas. En todos los casos hace falta sumar una capa extra de simulación sobre el conectoma para adaptarlo a cada problema.

Qué dice esto sobre la inteligencia artificial

La comparación con redes artificiales convencionales es la gran vara con la que hay que medir estos experimentos. Hoy por hoy, esos modelos diseñados a medida para clasificar correos o reconocer imágenes siguen siendo más rápidos, más precisos y más baratos de entrenar. La reconstrucción de la mosca, en cambio, es lenta, pesada y todavía muy exploratoria: sirve como banco de pruebas para entender cómo una estructura biológica real procesa información, no como competidor directo de la inteligencia artificial que ya usamos todos los días. Los propios autores lo aclaran: hacen falta más simulaciones y más estudios para saber hasta dónde puede llegar este enfoque.

Lo que más me quedó dando vueltas, y se lo cuento a Roberto cuando vuelva a cruzarlo en el ascensor, es la idea de que un cableado tan pequeño como el de una mosca de la fruta sirva, aunque sea de manera rudimentaria, para separar correos, mover un marine en el infierno del Doom o decidir si conviene comprar o vender una cripto. La naturaleza lleva millones de años ajustando estos circuitos; nosotros apenas empezamos a copiarlos y, por ahora, los resultados son curiosos más que definitivos. Pero el hecho de que ya se pueda poner a trabajar a esas 166.000 neuronas digitales en tareas tan distintas dice mucho del momento que estamos viviendo: la frontera entre la biología y la computación se vuelve, vuelta a vuelta, más porosa.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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